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Camarones casaba envueltos en mofongo de yuca y cubiertos con salsa de guayaba. (ANGEL M. RIVERA / Especial para GFR Media)

Camuy - Quien se crió cerca de una abuela seguramente tiene guardada alguna memoria relacionada con su cocina. Olores, sabores y gratos momentos alrededor de la mesa familiar son un tesoro para los que crecieron probando la sazón única de esa figura amorosa.

El chef Edgardo Noel Rivera Fernández es uno de estos afortunados. Al salir de la escuela en las tardes y durante los fines de semana, su espacio favorito era la cocina de su abuela. Desde “una esquinita” la observaba sonriente realizar todos los preparativos necesarios para crear manjares que dejaban delirando de satisfacción al resto de la familia y la gente del barrio.

Aquel era un lugar a donde la gente llegaba con cualquier excusa, solamente a ver si alcanzaba a darse el gusto de un plato de marota con bacalao, pastel al caldero, bolitas de batata o alguna otra delicia. “Era una gran cocinera. Mi abuelo sembraba y le llevaba productos frescos del campo, además de cerdos y gallinas... A veces me despertaba por el olor del fogón donde en ocasiones ella cocinaba”, contó quien vivía muy cerca del hogar de sus abuelos.

La curiosidad por entender cómo se creaban los platos aumentó con el pasar del tiempo. Edgardo Noel se empeñó en convertirse en chef y el recuerdo de la gastronomía familiar ha sido su acompañante en esa carrera. También fue la razón de ser del restaurante que estableció en la antigua casa donde aprendió a valorar la buena comida y bautizó Rosangelica, la cocina del nieto, en homenaje a su abuela.

Aunque inicialmente el chef contempló ubicar el negocio en la zona metropolitana, decidió adquirir y remodelar la residencia -ubicada en la carretera número 2 de Camuy- porque cada vez que pasaba por allí revivía el entusiasmo de su abuelita por cocinar. También recordaba el plan que ella nunca llegó realizar: tener su propia fonda, aunque fuera en la marquesina. “Mi corazón me decía que aquí tenía que ser”, aseguró.

La aventura de convertir el hogar en un restaurante se extendió por tres años, dos de ellos luchando por conseguir todos los permisos necesarios para operar. La parte positiva de esa larga espera fue que cuando Rosangelica abrió por fin -en junio del año pasado- Edgardo Noel había hecho muchísimas pruebas del menú y afinado el concepto. “No sé si es que lo bueno cuesta mucho trabajo... pero todo pasa por una razón. En ese proceso tuve más ideas, modifiqué algunos platos y decoramos todo nosotros mismos. Cometí mil errores pero me viví el proceso”, relató.

Con ventanas y puerta roja, la sencilla estructura blanca abre, por el momento, solamente durante los fines de semana. El resto de los días Edgardo Noel se encuentra en San Juan, donde graba a diario el segmento de cocina del programa “Día a Día”, que transmite Telemundo.

No es fácil dividir el tiempo entre San Juan y Camuy, pero el ajetreo tiene su recompensa. A partir del viernes a las 6:00 p.m., empieza a llegar a Rosangelica un público muy diverso, que incluye gente de Camuy y pueblos cercanos, familias de pueblos más remotos y nunca falta algún hijo o nieto que lleva a la abuela de la familia a sentarse a disfrutar de una buena comida criolla.

Aunque en Rosangelica el espacio fue modificado para acomodar las mesas y ampliar la cocina, conserva un aire hogareño que para Edgardo Noel es fundamental. En las paredes, a modo de homenaje a su familia, hay fotografías de la abuela Rosangelica y de su esposo en plena faena frente a la estufa o el campo, respectivamente. Incluso algunas de las tazas y los utensilios utilizados en el restaurante -entre ellos un pilón- pertenecieron a la mujer que inspiró su creación. La intención del chef es que tanto en el trato como en la experiencia de disfrutar la comida todos los visitantes se sientan en casa. Para lograrlo, cuenta con un equipo que es o considera su familia.

“Aquí llegan personas que ven el programa y siguen las recetas. A veces son gente mayor a quienes sus hijos traen de sorpresa. Me gusta tener la oportunidad de compartir con ellos, estar en sus celebraciones, aniversarios y cumpleaños. Este es un ambiente de familia. A veces hay música en vivo y de vez en cuando yo también salgo y le canto al público. Todo el mundo se lo goza porque los tratamos con cariño”, aseguró.

Los platos del menú son inspirados en las recetas y el sabor de la cocina de Rosangelica, con el giro moderno de Edgardo Noel. Entre los aperitivos se encuentran los camarones casaba, envueltos en mofongo de yuca con salsa de guayaba, el refrito de gandules servido con chips de vianda y nachos de tortilla de maíz y las croquetas de malanga y bacalao servidas con mayonesa verde.

Los platos fuertes incluyen el octafongo relleno, una mezcla de ocho viandas acompañado de la carne o el marisco que el comensal prefiera. También hay pasteles al caldero acompañados de ropa vieja, chillo criollo y filete de cerdo al maví, por mencionar algunos de los más solicitados. La carta tiene opciones para niños y vegetarianos y cócteles originales como “La dulzura”, una mezcla de vino blanco, licor de saúco, acerola y vodka. Entre los postres, también hechos en el restaurante, están el budín de calabaza en salsa de licor de almendras y el clásico flan de guayaba y queso. A mediano o largo plazo, Edgardo Noel tiene planes de ampliar el horario del restaurante. Por el momento, el fin de semana es el periodo que dedica a regresar al lugar de origen de su amor por la cocina y las manos que acariciaron el sueño que él decidió cumplir.


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