Nota de archivo: Este contenido fue publicado hace más de 90 días

 (default-x3)

Las luces son tenues, pero hay suficiente claridad para mirar a los niños que están por abrir la cajita mágica que cada uno tiene frente a sí. Dentro de ella hay una cámara, ese aparato a veces cotidiano, a veces ajeno, que a este puñado de chicos les trae razones para sonreír.

Son pacientes de cáncer pero ese panorama es lo menos que importa en esta clase de dos horas que durante seis sábados ofrece la organización sin fines de lucro Fotomission a través de su programa Fotomission Kids.

Aquí hay unas mesas largas compuestas de 10 niños, que tienen entre 8 y 14 años, para quienes esto no es meramente una clase de fotografía sino una vía para desarrollar su visión artística, la creatividad y el entusiasmo por un proyecto que les reafirma la ilusión de vivir.

En las lecciones que se pronuncian en el estudio de Fotomission, ubicado en el segundo piso del edificio #202 de la calle del Cristo en el Viejo San Juan, los nenes escuchan desde nociones básicas de este arte hasta aquellas algo más específicas como eso del ángulo o el paso tan importante de enfocar antes de oprimir el disparador.

“La fotografía captura el momento real que sucedió, a menos que se manipule en computadora”, les dice la directora ejecutiva de Fotomission, Pavlova Greber, a los nenes que ya quieren tocar las cámaras que pronto les traerían. Les habla de los usos que tiene una foto, de cómo en otros momentos la fotografía significaba un momento especial contrapuesto al presente en el que la cámara no se ausenta de la cotidianidad, al igual que del arte tras una buena composición y la historia de ese medio.

Es la introducción de la primera clase de fotografía antes de que el maestro, el fotógrafo Chendo Pérez, tome la palabra. Mientras distintos voluntarios del programa están atentos a las necesidades de los estudiantes, él les habla de luz, de la imagen capturada, del ojo de la cámara.

De pronto, el momento en el que cada cámara llega a su dueño ocurre y las sonrisas son inmediatas. La felicidad es la dueña de este espacio. En cuanto abren su cajita unos se toman ‘selfies ’ y se ríen bajito, algunos se retratan unos a otros y una de las nenas les pide a sus vecinas que se junten para una foto.

Clic, flash, clic.

Wester Aldarondo Torres, de 11 años, practica, enfoca, borra, y antes de que les dijeran que abrieran la caja con la cámara, él ya había pasado su mano a través del cordón para asegurarla. “Es que es básico”, asegura con una amplia sonrisa al hablar de su comodidad con el aparato que tiene en las manos. Su hermana, Alani, lo acompaña a unas sillas de distancia. Es la niña con la cámara profesional que había pedido de regalo y que en la clase aprovecha.

Las primeras instrucciones llegan y los nenes siguen los consejos mientras practican. Hay risas bajitas que producen los intentos de tomar fotos como indica el maestro, y esos sonidos que parecen música se juntan con los de las cámaras automáticas que capturan instantáneas.

“¿Todo el mundo tomó la foto? La pueden volver a ver en el cuadrito”, se dirige a ellos Greber.

Una de las nenas más alegres de la clase, Emily García Pichardo, de 9 años, escucha la explicación de Yurac Lebrón Ramos, voluntario de Fotomission, sobre cómo si le da el botón del medio, “al circulito”, podrá borrar la foto y dejar la cámara vacía de imágenes.

“Oh, ¡ya entiendo!”, expresa con ánimo triunfador la chiquita de pelo recogido que muestra ganas de saber cuando levanta la mano cada vez que la curiosidad se aparece.

Emily lleva dos años fuera de clases por la quimioterapia. Su mamá estaba preocupada, de acuerdo con Greber, porque está atrasada en lectura y escritura por las ausencias causadas por su tratamiento médico.

Kevin José Alejandro Colón, de 14 años, es otro de los niños que lleva fuera de clases por un tiempo. “¿Cómo te sientes de tomar esta clase, de aprender a usar la cámara y tomar fotos?”, le pregunto. “Emocionado”, responde con sonrisa en su mirada. Algo después Greber relata que supo, a través de sus padres, que aquella mañana Kevin se levantó con adrenalina y alegría por la clase. Es lo más cerca que ha estado en tiempo de una dinámica escolar.

De lentes y tareas

Cerca de Kevin José, a su izquierda, se sienta Alondra Marie Alejandro Colón, de 11 años, su hermana que viene a acompañarlo mientras disfruta de los conocimientos que allí recibe. “Me hace sentir bien porque voy a aprender cosas nuevas, cómo manejar la cámara”, explica Alondra quien asegura con la palabra y el brillo en sus ojos que está lista para ejercitar las lecciones y ya tomar fotos.

Nadeshly Marie Mojica Rivera, que ocupa uno de los primeros asientos, no esperó a que fuera adonde ella sino que se me acercó para hablarme de su experiencia desde la felicidad que causa aquello que nos apasiona.

“Me gusta tomar muchos fotos de paisajes, animales de Puerto Rico, cultura. Todo eso”, dice la nena de 9 años que se proclama con verbo y actitud fanática de la imagen.

Chendo Pérez, presidente de Fotomission, retoma la clase y le habla a los niños con claridad y cariño, y con las enseñanzas que da se revela lo que me diría después de cuán gratificante es esta faceta de su trabajo. “Como voluntarios nosotros pensamos que tenemos que devolverle algo a la comunidad. Los fotógrafos tenemos una gran suerte de que hacemos algo que nos apasiona, que nos ganamos la vida en algo que tanto nos gusta, y eso hay que compartirlo. Me gusta hacer eso con los niños”, afirma.

El curso sigue desenvolviéndose y con cada clase llega un invitado que les hablará de la fotografía y lo que ese medio significa para ellos. La primera tarea ya ocurrió y en la segunda, que presentan mañana en su tercera clase, tienen la encomienda de traer fotos que sigan las claves de la fotografía de calle. Se trata, como cuenta Greber, “de capturar la condición humana en espacios públicos sin que la persona se dé cuenta que le toman una foto”, un tipo de arte que se ejemplifica en el trabajo de exponentes de renombre como el tan citado y admirado Henri Cartier-Bresson, el artista que creía que “fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje”.

Los nenes de esta clase son así como dijo Cartier-Bresson porque con en cada lección y foto subsiguiente le ponen el ojo, el alma y una sonrisa que anima a quien sea.


💬Ver 0 comentarios