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Nueva actriz en el escenario político, ¿antiguo guión? Está por verse. Ingrid Marie Vila Biaggi ocupa la Secretaría de la Gobernación desde inicios de este año; uno de los puestos más cercanos al Primer Mandatario del País. Ser una figura decorativa en el mapa político no es su estilo. Piensa, opina, ordena, manda y va. En esta primera mitad del año ha seguido este patrón.

“Válgame, como entre 14 y 16 horas”, detalla sus jornadas de trabajo, “no hay días iguales porque no es una rutina de trabajo. Me establezco un plan para diferentes áreas de gobierno,  hoy con Familia, mañana con Educación, pasado con Salud, son tan distintos los acercamientos, las necesidades, los puntos de partida que no hay receta de todos los días”.

Le sienta bien esa diversidad temática. Está acostumbrada a manejarla ya que desde que era estudiante esta ingeniera de profesión de 38 años no discriminó entre cursos de arte, humanidades, gastronomía, matemáticas y ciencias.  

“Soy bastante ‘Jack of all trades master of none’ porque me gustan muchas cosas, he tenido experiencias muy diversas en la vida. Escoger una profesión fue bien difícil para mi”, rememora sus tiempos universitarios en Cornell University y Stanfdord University, instituciones donde culminó sus estudios de bachillerato y maestría, respectivamente, en ingeniería.  

Vila escoge sus palabras antes de hablar. Cuando las encuentra no vacila.  En casa, como es de esperarse, la historia es otra. El combustible para sus largas jornadas de trabajo tiene nombre: Ingrid Elisse, de ocho años, y Lauren Marie, de cuatro. Ellas le brindan sus razones cada vez que las mira.

“Me doy cuenta que vale la pena lo que estoy haciendo”, puntualiza con las manos entrelazadas sobre la falda.

“Entré a esto porque veo que tengo que dejarle un mejor futuro a mis hijas y a las futuras generaciones de Puerto Rico. Cuando las veo desarrollándose bien, aprendiendo, me dan ánimo para regresar al otro día y trabajar catorce horas más porque uno encuentra tanta esperanza  en los niños que uno dice  ‘no le puedo dejar un país quebrado ni quebrantado’. Hay que dejar la mejor condición  para que ellos puedan permanecer en Puerto Rico y seguir aportando”, dice dibujando el futuro en su mente.

Puerto Rico ha tenido una gobernadora, senadoras y alcaldesas. Sin embargo, algunas percepciones sobre la mujer trabajadora no han cambiado.

“Todavía choca en la sociedad ese rol de la trabajadora madre”, enfatiza aunque alerta que las estadísticas dejan claro que el número de jefas de familia domina otros grupos. 

“Ese aspecto de la dualidad de roles, la importancia de la mujer en el rol laboral y en el hogar no se tiene claro”, propone, “en su momento vamos a ir tomando mayor conciencia del apoyo que necesita la madre trabajadora. Uno puede cambiar de trabajo siete veces pero no dejas de ser madre nunca. Ese apoyo es algo con lo que tenemos que evolucionar en Puerto Rico”.

La capacidad de manejar múltiples cosas al mismo tiempo que le obsequió la maternidad es un recurso que aprovecha en su rol profesional. 

“Una de las cosas que más me ha preparado para esta posición es ser madre, más allá de la preparación profesional que  he tenido: uno tiene que hablarle claro a los niños, expresarle las cosas como son, balancear las demandas que tiene el rol”, enumera Vila quien aún lleva a ambas niñas a la escuela cada mañana, un periodo que define como sagrado y vital para evitar que las niñas piensen que “mami está fuera de nuestras rutinas”.

La comida, las meriendas, coordinar que lleguen temprano al ballet o a la clase de violín, los preparativos por la Primera Comunión o la presentación de la Feria Científica vs. la lista de tareas que cumple en la oficina o en casa luego que las niñas se acuestan engordan la lista. 

“Sí, tengo dos listas de trabajo y yo quiero hacer las dos”,  resuelve el conflicto entre hacer un informe y  las loncheras por la mañana.

DÍNAMO EN PAUSA

“No le preguntes a mi marido que te va a decir otro parecer”, contesta entre risas Vila si es una persona relajada.

“Siempre he sido bastante pausada lo que no quiere decir que no atienda las cosas con urgencia. Soy firme en las acciones que tengo que tomar. Pero sí, a veces trato de sosegarme, dar un paso atrás, ver el cuadro grande para buscar cómo encaminar”.

Ese marido es Luis Enrique Rodríguez, profesor de Derecho en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras y quien fuera director del Fideicomiso de Ciencia e Investigación y Secretario de Recursos Naturales. 

“Cumplimos once años este año”, indica sobre ese compañero de vida a quien conoció cuando ambos trabajaron durante la incumbencia de la exgobernadora Sila María Calderón. 

“Entramos a esto en pleno conocimiento de lo que nos esperaba”, insiste a carcajadas.

Cuando acaba la risa resume por qué es la pareja  ideal. “No puedo pensar en otra persona como compañero”, dice, “primero que pudiese lidiar con todas mis complejidades y, segundo, que me apoyara tan desprendidamente en esta gestión. Creo que es por su gran capacidad emocional e intelectual y porque siente el mismo compromiso que yo por el País. En la Universidad trabaja para ir sembrando esperanza”.

“La rutina ha cambiado mucho”, dice de otra parte Rodríguez, “y lo más dramático es el cambio de roles para las nenas. Antes mami era la buena y papi era el que llegaba a regañar. Ahora soy el good cop y se refleja en el trato de ellas hacia mi, son más dulces. He desarrollado la paciencia, escojo mis batallas con ellas  y las cosas empiezan a caer en su sitio. Ha sido una experiencia bien enriquecedora para mi y ellas lo van a recordar”.

ADN EN DETALLE

Ingrid Arlene Biaggi y Enrique Vila del Corral, conocido abogado, son los padres de Ingrid. Obviamente, han atestiguado muchos de sus aciertos y desaciertos en la vida pero la constante es su presencia, su lealtad y apoyo.

“Uy heredémuchísimo y cosas muy variadas”, dice mirando a sus progenitores.

De don Enrique señala  “mucha firmeza, determinación y persistencia”. 

“De él aprendí que uno tiene que fajarse. Siempre decía que uno podía tener la inteligencia o no tenerla pero el que tiene éxito es el que persiste”, dice de ese papá a quien siempre vio “trabajar hasta el cansancio” y quien aún hoy monitorea si “Ingrid Marie” comió o salió tarde del trabajo.

Herencia de su madre -otra aliada fundamental para que la rutina con las niñas se mantenga lo más inalterada posible- es “la sensibilidad y la diplomacia”. 

“Tengo muchas cosas de ella, si tengo que dar con el mallete doy pero esa inteligencia emocional que tiene, si fuera medida en escala de IQ sería genio. Gracias a eso que tengo de mi mamá he podido manejar situaciones complicadas y salir exitosamente de ellas”.

Sentadas en un sofá las dos Ingrid, madre e hija, se miran para una fotografía. El cabello corto  puntualiza el parecido físico. Se comenta en voz alta.

“Bueno, en realidad sus ojos son como los míos”, aclara el padre.

“Si es mudo...”, susurra Ingrid que además tiene un hermano, Enrique José Vila Biaggi.

El orgullo ronda el rostro de ambos padres. Escuchar críticas no es algo llevadero. 

“Fácil no es”, habla el corazón de madre de doña Ingrid, “las escucho porque no voy a vivir en un mundo de fantasía pero estoy tan segura de su capacidad y fortaleza para hacer lo que está haciendo que no me preocupa tanto como que trabaja demasiado o que no coma bien”.

“Ingrid Marie ha sido toda la vida una mujer determinada. Siempre hemos sido sus fanáticos”, insiste su padre y lo ejemplifica contando episodios de su faceta como voleibolista y de sus años de estudiante en la Academia del Perpetuo Socorro, “tiene confianza, ella dice ‘voy por ahí’ y si encuentra piedra, las picamos. Pero lo mejor es que los valores que aprendió de su mamá y yo, su honestidad, no son negociables”.

 El valor de la verdad. Todo un desafío en el escenario político de estos tiempos. Si palabra y acción son  incongruentes, el pueblo y el tiempo lo descubrirán. Sabe que su gestión genera expectativas.

 “Esperan de mi lo que espero yo misma, que hable con certeza, con hechos en la mano, que provea un liderato a nivel del gabinete en términos de esa gestión de gobierno que hay que hacer. Y yo soy bien perfeccionista, me exijo dar lo mejor de mi en todo momento; algunas cosas saldrán bien, otras saldrán mal pero no es por falta de esfuerzo”.

“Y la verdad, eso lo tengo muy claro desde pequeña, con eso no se negocia”, finaliza.


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