Para junio del año pasado, el 15.3% de las hipotecas residenciales unifamiliares estaba en mora (semisquare-x3)
Para junio del año pasado, el 15.3% de las hipotecas residenciales unifamiliares estaba en mora. (GFR Media)

Luego de los estragos del huracán María, la Corporación Federal de Seguro de Depósitos (FDIC, en inglés) ha reanudado este mes su programa de exámenes de solvencia a las instituciones bancarias aseguradas por ese regulador en la isla.

Dicho proceso analítico -que se detuvo a raíz del ciclón del pasado 20 de septiembre- tomará en consideración la nueva realidad que experimenta la economía tras el desastre, indicó el supervisor de la FDIC en la isla, Kevin J. Glueckert, quien indicó que para ello, el regulador federal utilizará la experiencia ganada en otros eventos catastróficos como el huracán Katrina.

Recientemente, Glueckert participó del foro anual de Instituciones Financieras del Colegio de Contadores Públicos Autorizados (CCPA). Allí, aunque hizo sus expresiones a título personal, explicó que el sector bancario en Puerto Rico ha atravesado por una marcada transformación desde el colapso de una tercera parte de ese sistema en 2010 y por ello, el sector está “bien posicionado” para encarar los retos tras el desastre, pero también para ayudar a la recuperación.

Históricamente, cuando se trata de indicadores que miden la fortaleza o debilidad de una institución financiera, Puerto Rico ha encabezado la lista de las 52 jurisdicciones bancarias estadounidenses que supervisa la FDIC, en variables no muy favorables como el número de hipotecas residenciales en atraso. En el lado opuesto, Puerto Rico también estuvo en el fondo de esa misma lista cuando se trataba de sus niveles de capital o la adecuación de sus reservas por posibles pérdidas en préstamos o arrendamientos.

Para marzo de 2010, de acuerdo con Glueckert, el sector bancario en Puerto Rico ni siquiera registraba ganancias en sus operaciones antes del pago de impuestos, era el peor capitalizado, mientras exhibía las relaciones más altas de riesgo crediticio.

Hasta junio del año pasado, partiendo de los datos de la FDIC, a pesar de una década de contracción económica, del final de la sección 936 y de la especulación inmobiliaria que contribuyó al cierre de Westernbank, R-G Premier Bank y Eurobank, el sector bancario comercial de la isla se ubicaba entre los más rentables y es el mejor capitalizado de Estados Unidos.

A junio del año pasado, en el agregado y luego del colapso de Doral Bank en 2015, el nivel de capital básico de la banca comercial en Puerto Rico rondaba 15.4% y una banca bien capitalizada, significa menos riesgo para el asegurador.

“Las instituciones fueron de tener la capitalización más baja de (todo Estados Unidos) a la más alta”, dijo Glueckert al explicar el progreso que ha experimentado el sector.

Agregó que el proceso de saneamiento de activos y fortalecimiento de capital que ha experimentado la banca comercial desde 2010, ahora sirve de base para los posibles retos que podría ver el sector post María.

El primero de esos retos parece ser el número de hipotecas en atraso, explicó el funcionario. Para junio del año pasado, el 15.3% de las hipotecas residenciales unifamiliares estaba en mora. Luego del huracán María hasta marzo pasado, el indicador volvía al alza ubicándose en 17.27%, según los datos de la FDIC.

De acuerdo con Glueckert, luego de un desastre, los clientes pueden tener múltiples razones para no pagar sus préstamos, desde tener que escoger entre reparar los daños a sus propiedades o pagar la hipoteca a lidiar con pérdidas que estaban aseguradas o no. También puede darse el caso de que el colateral de los préstamos haya experimentado daños o se haya destruido en su totalidad como consecuencia del huracán.

“No importa lo que pueda leer en un periódico, no hay ningún banquero que quiera ejecutar una propiedad”, dijo Glueckert.

Según Glueckert, a raíz del desastre, en el futuro cercano, los bancos tendrán mucho trabajo asegurándose de que el alza en la mora crediticia no se traduzca en pérdidas. Sin embargo, el capital acumulado podría servir de contrapeso a un evento de pérdidas y sobre todo, podría permitir que la banca sirva como “catalítico” para la recuperación de la isla y para maximizar los fondos que lleguen para la recuperación, sea por asistencia del gobierno federal o por reclamaciones de seguros.


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