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Ignacio Alvarez, principal oficial ejecutivo de Banco Popular, urgió a urgió a apostar a la diversificación y la exportación, porque en el panorama actual ningún segmento puede mantener a flote la economía por sí solo. (Suministrada)

Para Ignacio Álvarez, presidente de Popular Inc., los principales obstáculos para aterrizar más inversión en Puerto Rico son la incertidumbre sobre la crisis de la deuda pública y sobre las reglas de juego al hacer negocio.

A juicio del también principal oficial financiero, tampoco ayuda que a casi tres años de promulgarse la ley federal Promesa y del nombramiento de la Junta de Supervisión Fiscal (JSF), se mantenga vivo el debate sobre la imposición del ente fiscal en vez de adelantar “un plan de país” para salir del atolladero.

“El gobierno y la junta deberían cooperar y no estar en estas batallas públicas”, recomendó Álvarez ayer, durante un conversatorio con la prensa en el que discutió con apertura sus impresiones sobre la situación fiscal, económica y social de Puerto Rico.

Tras aclarar que “no estoy de acuerdo con muchas cosas que hace la junta”, indicó que sí apoya que las prioridades sean la educación pública de calidad, la seguridad y la salud.

Indicó que ante la realidad de que hay muchas piezas que aún no caen en su sitio, como cuándo y cuántos fondos de recuperación llegarán o cómo terminará la renegociación de la deuda, el gobierno debe concentrarse en mejorar el clima económico. Esto requiere, según enumeró, “no cambiar leyes cada dos años”, agilizar permisos y contar con infraestructura y servicios básicos confiables.

En contraste, lamentó que ni siquiera ante la realidad de que el futuro energético “es el reto más grande que tenemos”, los políticos consiguen establecer políticas públicas que trasciendan los cambios de gobierno.

Álvarez recordó que tras el azote del huracán María sintió “mucho miedo” de que las compañías farmacéuticas se decidieran por abandonar la isla ante la falta de electricidad y las pérdidas cuantiosas en su producción.

Por fortuna, ha visto que la reacción mayoritaria ha sido invertir en plantas de cogeneración y en expandir sus instalaciones, como los $80 millones que anunció Romark esta semana para su fábrica en Manatí. Pero esto no anula que “el peligro más grande que tenemos es que dependemos de las foráneas”, contextualizó sobre el segmento que aporta más de 20% de los ingresos del gobierno.

Por ello, Álvarez urgió a apostar a la diversificación y la exportación, porque en el panorama actual ningún segmento puede mantener a flote la economía por sí solo: “No hay una 936”.

Como ejemplo, planteó que “es un positivo incremental” contar con dinero nuevo que puedan traer los inversionistas residentes que se acogen a la Ley 22, pues han tenido impacto en bienes raíces y creado “algunos trabajitos”. “Pero no va a cambiar el futuro de Puerto Rico”, recalcó.

Tampoco prevé un impacto sustancial por la eventual inyección de capital privado a través del programa federal de Zonas de Oportunidad, excepto en hacer viables proyectos turísticos. “No hay una varita mágica”, subrayó.

Junto con la diversificación, Álvarez hizo hincapié en la necesidad de ampliar la base contributiva, toda vez que solo 40% de la población está en la economía formal, y tener conciencia de la competitividad regional al establecer las tasas tributarias para corporaciones. Comparó que en países nórdicos considerados social demócratas y con una amplia red de servicios para la ciudadanía, “la tasa corporativa no pasa de 30%”, mientras en Puerto Rico es de 37.5%. “Es ridículo”, expresó.

El también abogado recalcó que hay razones para estar optimistas, toda vez que observa un repunte en la confianza de los consumidores y “hay más liquidez que nunca”.

“Puerto Rico tiene un impulso. Hay más dinero corriendo en la calle”, opinó. También celebró que, aun con la lentitud en los desembolsos de fondos de recuperación y que su monto final es incierto, no ha percibido una merma en el interés de inversionistas locales ni foráneos.

No obstante, Álvarez confesó que una de sus mayores inquietudes es que, a pesar de las sacudidas que ha sufrido la economía local desde el macro hasta las importantes pérdidas de riquezas individual por más de 10 años, “no se ha estudiado suficiente” cómo se llegó y luego profundizó en la crisis.

Por ello, el banquero exhortó a Puerto Rico como colectivo a preguntarse, si mágicamente mañana la deuda pública quedara anulada, “¿hemos aprendido la lección?”.


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