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En aras de crecer en tiempos de depresión económica, invierten en productos y servicios para las pequeñas y medianas empresas y para los consumidores jóvenes. (horizontal-x3)
En aras de crecer en tiempos de depresión económica, las cooperativas invierten en productos y servicios para las pequeñas y medianas empresas y para los consumidores jóvenes. (Tony Zayas)

En momentos en que la economía de la Isla lleva más de una década en depresión, y en que acreedores se exponen a pérdidas significativas en las inversiones que hicieron en bonos de Puerto Rico, las cooperativas de ahorro y crédito apuestan a que los esfuerzos que realizan para atraer nuevos socios y aumentar sus reservas de capital les ayudarán a mantenerse sólidas.

Las iniciativas del sector han incluido hacer crecer sus reservas voluntarias y las que se les exige por ley, realizar las pérdidas por concepto de inversiones en valores del Gobierno local, incrementar sus ofrecimientos a pequeñas y medianas empresas (pymes) e invertir en servicios a través de internet y aplicaciones para apelar a los consumidores jóvenes.

En estos momentos, las cooperativas tienen un alto nivel de exposición a los valores del Gobierno. “Tienen $1,700 millones en bonos. De los $1,000 millones que se invirtieron en Puerto Rico, cerca de $500 millones corresponden a bonos del Banco Gubernamental de Fomento (BGF)”, detalló José Julián Ramírez, director ejecutivo de la Asociación de Ejecutivos de Cooperativas de Puerto Rico (ASEC). “Entre los bonos de las cooperativas hay más de $700 millones invertidos en instrumentos federales”, agregó.

En el caso del BGF, el gobernador Ricardo Rosselló Nevares anunció recientemente que la corporación pública pactó con ciertos bonistas un acuerdo de reestructuración de deuda bajo el Título VI de la Ley federal para la Supervisión, Administración y Estabilidad Económica de Puerto Rico (PROMESA, por sus siglas en inglés). Dos grupos de cooperativas, que en conjunto representan a unas 45 de estas entidades, participaron de las negociaciones que redundaron en el acuerdo: Alianza Cooperativa y Encuentro Solidario. Bajo el acuerdo —que para entrar en vigor primero debe ser ratificado por un 66.5% de los acreedores, ser avalado por la Junta de Supervisión Fiscal y por el Tribunal federal—, los bonistas podrán intercambiar los valores que poseen por uno de tres bonos nuevos que se pagarían con los activos del BGF.

Las tres opciones a escoger contemplan pérdidas de 45%, 40% y 25% del principal, con tasas de interés de 7.5%, 5.5% y 3.5%, respectivamente. Se espera que el pacto se complete en septiembre de 2017. El vencimiento de los bonos sería a 23 años.

“Esta transacción es muy positiva porque está proponiendo cortes de menos de 50% en las tres opciones y le permite a cada cooperativa escoger, de acuerdo a su realidad, cuál de los renglones sería el mejor para ella”, observó Ramírez. “El acuerdo ayuda a mitigar riesgo de esos bonos, que eran prácticamente la mitad de lo que se había invertido en Puerto Rico”, añadió. Así, el panorama con el BGF contrasta con el de los bonos de obligaciones generales (GO’s), que están bajo el Título III de PROMESA, en que el Tribunal federal trabaja un proceso parecido al de la quiebra.

Con él coincidió Ricky Berríos, presidente ejecutivo de la Cooperativa de Ahorro y Crédito San José. “Este acuerdo despeja la inseguridad del movimiento cooperativo acerca de si íbamos a conseguir una transacción final y beneficiosa dentro del marco económico que presenta el País”, sostuvo el ejecutivo, cuya institución es parte del grupo Encuentro Solidario y tiene $15 millones invertidos en bonos del Gobierno, de los cuales $13 millones corresponden a títulos del BGF.

Varios portavoces del sector abordados por Negocios apuntaron que la mayoría de las instituciones de ahorro y crédito se inclinarían por las primeras dos opciones, que contemplan mayores recortes de principal y tasas de interés más altas. Con ambas, los bonistas comenzarían a cobrar tan pronto se complete la transacción, según se ha informado, mientras que los que tomen la tercera opción tendrán derecho a cobrar después de que se les pague a quienes se acogieron a las primeras dos alternativas.

“Dentro de las opciones habladas, son las primeras dos las que más favorecen a nuestra cooperativa”, adelantó Berríos, a la vez que aclaró que corresponde a la juntas de directores de cada institución tomar la decisión.

“Estamos viendo con buenos ojos la primera opción para ir más a la segura, aunque sea a una tasa de interés alta y recuperar menos principal, pero la idea es tratar de recuperar primero (la inversión). La tercera opción está descartada”, apuntó Pedro García, director ejecutivo de la Cooperativa de Ahorro y Crédito de la Federación de Maestros de Puerto Rico (Fedecoop), que también es parte de Encuentro Solidario y que había invertido $2.2 millones en bonos del Gobierno, de los cuales $650,000 son del BGF.

Crecen las reservas

Tanto Berríos como García aseguraron que sus instituciones se prepararon para afrontar las pérdidas que se veían venir debido a la precaria situación fiscal del Gobierno y la caída en la clasificación y el valor de los bonos.

“En la Cooperativa San José se tomaron previsiones hace años y se fueron creando reservas voluntarias para subsanar cualquier deficiencia, afrontar pérdidas y continuar operando por muchos años más”, sostuvo el presidente ejecutivo de la institución con sede en Aibonito. Informó que la entidad, que cuenta con $157 millones en activos, posee $16 millones en reservas, de los cuales $9 millones corresponden a las voluntarias y el monto restante a las de capital indivisible. Estas últimas son las que se requiere a las cooperativas, por virtud de la Ley 255 de 2002, mantener sin repartir entre los socios.

“Tenemos las reservas y el capital para afrontar cualquiera de los escenarios”, resaltó Berríos, en referencia a las tres opciones sobre la mesa para los bonistas del BGF y que contemplan recortes de 45%, 40% y 25% al principal.

Las demás inversiones no le preocupan tanto. “Todos los demás bonos están pagando, excepto los GO’s y el BGF”, dijo el ejecutivo, cuya institución también había invertido en instrumentos de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) y la Autoridad de Edificios Públicos (AEP). Alegó que no fue un mal negocio la adquisición de bonos del Gobierno, ya que desde 2009 hasta el año pasado esas inversiones le generaron a la institución casi $6 millones en intereses.

La Cooperativa Zeno Gandía, con sede en Arecibo, también optó por hacer crecer sus reservas. Su presidente ejecutivo, Erixson Gómez, indicó que un 6% de los $186 millones en activos de la institución corresponden a la inversión en bonos del Gobierno local. De esa fracción, un 54% es de valores del BGF. El resto está invertido en GO’s, la Corporación del Fondo de Interés Apremiante (Cofina) y la Corporación para el Financiamiento Público.

“Desde que empezó el periodo recesionario allá para 2006, la cooperativa empezó a hacer preparativos para reforzar sus reservas ante la difícil situación económica que estaba pasando”, apuntó Gómez. “Cuando teníamos sobrantes, distribuíamos a los socios una parte en dividendos y reservábamos la otra parte”, agregó en referencia a que en las cooperativas, cuando hay ganancias, ese dinero se reparte entre los socios.

Por tal razón, la institución ahora cuenta con $10.6 millones en reservas obligatorias y voluntarias. Entre estas están las reservas de capital indivisible, para las que la Ley 255 de 2002 (Ley de Sociedades Cooperativas de Ahorro y Crédito) exige que la entidad guarde un mínimo de 8% del total de sus activos sujetos a riesgo. La Cooperativa Zeno Gandía tiene un 16.50% en ese renglón, que es más del doble de lo requerido.

“Siempre su impacto lo va a haber, porque son inversiones que no están dejando rendimiento en estos momentos, pero planificadamente hemos hecho los ajustes necesarios para que ese impacto (de la situación de los bonos) sea el menor posible y que permanezca la estabilidad financiera de la institución. Entiendo que el grueso de las cooperativas ha hecho lo propio”, sostuvo el ejecutivo.

En cuanto a las inversiones en BGF, sostuvo que la Cooperativa Zeno Gandía, como parte del G25 —grupo de 25 cooperativas de ahorro y crédito que ha presentado al Gobierno local y federal propuestas para atender la reestructuración de la deuda a base del precio al que cada inversionista compró sus bonos— no fue parte de las negociaciones que redundaron en el acuerdo anunciado recientemente. Gómez sostuvo que el acuerdo “está bajo el análisis de nuestros asesores legales y financieros para entonces evaluar todo el detalle de la transacción y ver si es conveniente o no firmar”.

Un camino distinto

Por su parte, Fedecoop empezó en 2014 a aumentar sus reservas, proceso que combinó con el de realizar sus pérdidas por concepto de inversiones en bonos del Gobierno.

“El año pasado nosotros hicimos una evaluación del menoscabo de nuestras inversiones. El menoscabo estuvo en $648,000. Nosotros tiramos a pérdida esos $648,000 en la operación neta del año 2016. No empece a esa situación, distribuimos $20,000 en dividendos, lo que habla bien de las finanzas de Fedecoop”, explicó García.

“Este año 2017, esperamos que ese menoscabo esté en $400,000 adicionales y esperamos terminar con una economía de $500,000, así que lo vamos a tirar contra la operación y vamos a terminar con $100,000 que podemos estar distribuyendo en dividendos a los socios”, prosiguió el director ejecutivo de la institución con sede en San Juan.

“Si sumamos $648,000, más $400,000 en pérdida, ya de los $2.2 millones (en bonos del Gobierno) habremos tirado a pérdida $1,048,000, que es casi el 50% de nuestras inversiones”, detalló García. “Así que Fedecoop ha liquidado este asunto en prácticamente dos años. Sí ha afectado las economías de la cooperativa, pero hemos podido sobrellevarlo”.

Esto, observó, contrasta con las acciones tomadas por otras cooperativas, que se han acogido a la Ley 220 de 2015. El estatuto enmendó la Ley 255 de 2002 y les permite amortizar esas pérdidas por un periodo de hasta 15 años. También les permite registrar en sus libros de contabilidad las inversiones en bonos, valores y otros comprobantes de deudas del Gobierno de Puerto Rico al costo amortizado de los mismos (que es su valor inicial, menos los reembolsos de principal que se hubieran producido) y no al valor del mercado.

A preguntas de por qué en Fedecoop se prefirió realizar las pérdidas y no amortizarlas, García respondió: “Yo estuve en una conversación con la junta de directores y les indiqué que el camino difícil era mejor pasarlo rápido”.

La institución también utilizó prácticamente todas las ganancias generadas en 2014 y 2015 para alimentar sus reservas, por lo que hoy día cuenta con $1.4 millones en reservas de capital indivisible y $800,000 en el caso de las voluntarias, para un total de $2.2 millones. “Sin embargo”, resaltó García, “las pérdidas las hemos asumido contra la operación anual de la institución porque (nuestra situación) nos ha permitido hacerlo”.

En cuanto a las pérdidas no realizadas (pérdidas que al momento sólo se reflejan en el papel y no se han sufrido en realidad) de las cooperativas por concepto de la inversión hecha en bonos de Puerto Rico, Ivelisse Torres, comisionada de Desarrollo Cooperativo y presidenta de la junta de directores de la Corporación Pública para Supervisión y Seguro de Cooperativas (Cossec), ha informado que es de $563 millones.

“El capital indivisible y otras reservas de las cooperativas suman $500 millones, y los recursos líquidos de Cossec, $260 millones, ambos para un total de $760 millones. Esto es sin incluir el seguro de cooperativas”, especificó Torres a principios de mes, a su salida de un evento en Condado. “Todas alcanzan la cantidad suficiente para cubrir la posible pérdida en bonos”, aseguró.

En la mira el sector comercial

Además de prepararse para manejar la situación de los bonos del Gobierno local, las cooperativas de ahorro y crédito, de las cuales hay 117 en la Isla y cuyos activos en conjunto ascienden a $8,567 millones, trabajan varias iniciativas para aumentar su alcance.

Una de esas rutas es el ofrecimiento de más productos comerciales, sobre todo los dirigidos a las empresas con 50 empleados o menos. Tal es el caso de la Cooperativa San José, de acuerdo con su oficial de Mercadeo y Comunicación, Teresita Alonso.

“Hace como un año y medio empezamos a trabajar con productos comerciales ofreciendo cuentas de cheques, préstamos sin colateral hasta $5,000, cuentas de ahorro y equipos para hacer transacciones electrónicas, incluyendo el que funciona con línea telefónica, el inalámbrico y el móvil POS (point of sale o punto de venta)”, dijo. Este último sirve para que el negocio pueda aceptar pagos con tarjeta de crédito o débito utilizando un celular a través de tecnología Bluetooth, explicó.

Al contar con equipos de POS, Alonso indicó que se ha logrado que empresas muevan sus cuentas a la institución. Los nuevos ofrecimientos comerciales, a su vez, han servido para acrecentar la cartera de préstamos de la cooperativa, que al 30 de abril ascendía a $97.1 millones.

La Cooperativa Zeno Gandía también ha dado pasos en esa dirección. Su presidente ejecutivo recordó que antes a las cooperativas les estaba vedado ofrecer productos dirigidos a comercios, pero que en los años 1990 se enmendaron las leyes que las regulan para permitirles servir a ese mercado. Es una oportunidad que, dijo, han aprovechado como parte de los esfuerzos para hacerle frente a la depresión económica y a la emigración masiva de boricuas a Estados Unidos.

En el caso de su institución, mencionó que cuenta con préstamos comerciales, línea de crédito comercial garantizada y el programa de microcrédito Emprende. Este último es dirigido a promover el emprendimiento y el autoempleo y está orientado a jóvenes sin experiencia de crédito. Se prestan de $1,000 a $15,000 a quienes interesan establecer o mantener sus propios negocios en áreas que van desde plomería y electricidad hasta salones de belleza, gimnasios y proyectos de producción agrícola, entre otros.

“Más de un 50% del crecimiento en nuestra cartera total de préstamos obedece a los productos comerciales”, resaltó Gómez. Agregó que su institución está preparándose para manejarle la base de la nómina a las empresas de pequeños comerciantes. Las primeras pruebas piloto podrían comenzar tan pronto como dentro de dos meses, adelantó el ejecutivo.

De hecho, según cifras del regulador Cossec, al 31 de diciembre de 2016, los empréstitos en cartera de las cooperativas ascendían a $4,711 millones, de los cuales $224 millones, o un 4.76% del total, correspondía a préstamos comerciales. La cifra refleja aumentos con respecto a la misma fecha en 2015, cuando la cartera de empréstitos a comercios ascendió a $221 millones, y en comparación con los $188 millones al 31 de diciembre de 2014 y los $170 millones del año anterior.

Por su parte, Fedecoop, que sirve a maestros de escuelas públicas, educadores retirados, empleados de agencias gubernamentales y de los municipios, está pendiente a abrir los criterios para atraer nuevos socios. Esto, con miras a admitir a familiares de los socios actuales a partir de 2018.

La idea, según García, es llegar al público joven (los hijos de los cooperativistas) y a la vez prepararse para una posible reducción en la plantilla de empleados públicos, ya sea por medidas de austeridad que impongan el Gobierno o la Junta de Supervisión Fiscal, o por causa de la migración de boricuas a Estados Unidos.

Apuesta a la tecnología

Para atraer a la juventud y generar eficiencias, las cooperativas han invertido en herramientas tecnológicas que a su vez les permiten competir con la banca comercial. Muchas cuentan con servicios a través de internet, aplicaciones para dispositivos móviles y alertas vía mensajes de texto, coincidieron los entrevistados.

Las cooperativas Zeno Gandía, San José y Fedecoop cuentan con plataformas de “internet banking”, desde donde los socios pueden ver información de sus balances y transacciones realizadas, así como hacer transferencias y realizar pagos en línea. También cuentan con servicios vía telefónica, aplicaciones para celulares y tabletas, la posibilidad de recibir pagos vía depósito directo y presencia en las principales redes sociales.

García resaltó la acogida que ha tenido el “live chat” que incluyeron hace tres meses en la página web de Fedecoop. “Ahí atendemos entre 100 y 125 consultas al mes de personas que buscan información de la cooperativa, se conectan en vivo y hacen preguntas. Sirve a socios y a los que no son socios y ha tenido mucha aceptación”, sostuvo el director ejecutivo. Agregó que al final piden a los usuarios que opinen sobre el servicio y que un 99% se ha manifestado satisfecho.

William Ortiz, presidente de la junta de directores de la Liga de Cooperativas —organismo que defiende los intereses comunes del movimiento cooperativista y que cuenta con unas 300 entidades afiliadas— resaltó que muchas cooperativas en el sector de ahorro y crédito envían alertas vía mensaje de texto cada vez que el socio recibe en su cuenta un depósito directo o se realiza una transacción. Como la alerta se genera en cuanto se realiza la transacción, el servicio sirve para evitar el fraude, pues si el consumidor ve una compra que no reconoce como legítima, en el mensaje se incluye un número de teléfono a dónde llamar para resolver la situación.

Gómez, quien estimó de $3 millones a $4 millones la inversión en tecnología realizada en los pasados años por la Cooperativa Zeno Gandía, enumeró los beneficios de dar mayor énfasis a este tipo de servicios.

“Uno es que mejora el nivel de eficiencia. Las transacciones electrónicas son mucho más baratas que las transacciones físicas en una sucursal, aparte de que agilizan y facilitan la operación de la cooperativa”, mencionó el ejecutivo. “En segundo lugar, y más importante, es mantener el servicio al cliente y prepararnos para la nueva generación que está subiendo. Esta generación no va a la sucursal. Ellos cobran su salario por depósito directo y hacen todos sus pagos de manera electrónica”.

Sucursales compartidas

Además de las herramientas con que cada institución cuenta, hay otras iniciativas conjuntas que permiten a las cooperativas ser más eficientes y brindar servicios para mayor conveniencia de sus clientes y socios.

Tal es el caso del Circuito Cooperativo, en el que las 44 cooperativas de ahorro y crédito afiliadas cuentan con una red de sucursales compartidas. Esto permite que el socio de una cooperativa puede ir a otra que esté dentro de la red para realizar transacciones.

Por ejemplo, “si un socio de Cabo Rojo Coop está en Fajardo y va a la Cooperativa Naguabeña y puede hacer retiros, depósitos, pagos y giros”, explicó Kerwin Morales, presidente del Circuito.

Indicó que sin costo o cargo, los socios pueden ir a cooperativas dentro de la red a hacer depósitos de efectivo y cheques, retiros en efectivo, pagos de préstamos, pagos de renovaciones de pólizas de seguros, transferencias e impresiones de estados de cuenta (de las últimas diez transacciones). Otros servicios que conllevan algún costo o cargo son: retiro por cheque, giros y cheques de viajero.

En diciembre pasado, la red contaba con 80 sucursales en todas las regiones de Puerto Rico, según Morales. “Somos la segunda red de sucursales más grande de Puerto Rico”, resaltó en referencia a que, según datos de la Oficina del Comisionado de Instituciones Financieras, el Circuito Cooperativo solo es superado por Banco Popular, que tiene 174 sucursales.

El beneficio no solo se limita a la Isla, pues el Circuito Cooperativo mantiene un acuerdo con CO-OP Shared Branch, que brinda acceso a más de 5,000 sucursales y puntos de conexión en Estados Unidos. Esto permite que los socios de la Isla no tengan que cerrar sus cuentas en cooperativas boricuas si se mudan fuera de Puerto Rico, pues desde sucursales de “credit unions” en los 50 estados —y en bases militares estadounidenses— pueden realizar transacciones.

También cuenta con Find Branch, una aplicación de CO-OP para dispositivos móviles que permite al usuario encontrar el “credit union” más cercano, con su dirección, información de contacto y horario de operaciones. Otra app, Sprig, permite al socio acceder a sus cuentas de cualquiera de las cooperativas en la red, realizar depósitos, transferencias, pagos de préstamos y pagos de persona a persona.

Esto hace posible que quien tiene una cuenta en una institución local no tenga que cerrarla porque se va a mudar a otro municipio o a Estados Unidos, pues continúa con acceso a su dinero desde las apps o desde otras sucursales.

“Es mucho más eficiente, y va más a tono con lo que es el modelo cooperativo, el que podamos compartir las sucursales”, apuntó Gómez. “En la banca, cada institución funciona de manera individual, pero en el movimiento cooperativo esa es la dinámica. Está en nuestra naturaleza buscar soluciones conjuntas a necesidades comunes”, dijo en alusión a que las cooperativas son instituciones sin fines de lucro constituidas para el beneficio común de los socios.

El presidente de la junta de directores de la Liga de Cooperativas mencionó que otra iniciativa en grupo es la red de cajeros automáticos Coop24. Explicó que a través del Banco Cooperativo de Puerto Rico (Bancoop), entidades de ahorro y crédito estatales y federales se aliaron para permitir el uso de sus máquinas de ATM por parte de sus socios libre de cargos. La red Coop24 cuenta con unos 200 cajeros automáticos en toda la Isla.

Todas estas iniciativas han ayudado a la retención de socios, de acuerdo con Ortiz. Según Cossec, que se nutre de los informes que radican las propias cooperativas, la cantidad de socios ha ido en aumento: 947,528 al 31 de diciembre de 2014; 973,642 a la misma fecha del año siguiente; y 981,545 al 31 de diciembre de 2016, que es el dato más reciente disponible.

Debido a los esfuerzos del sector para encarar la crisis, y a la respuesta positiva que reporta del público, los entrevistados coincidieron en que las cooperativas saldrán fortalecidas.

“Aunque cada una tiene su propia identidad, como movimiento, hoy más que nunca, estamos todos unidos, dispuestos a ayudarnos unos a otros para salir de esta crisis que estamos viviendo”, manifestó Gómez. “El movimiento cooperativo va a salir de esta crisis más unido que nunca. Con la solvencia y liquidez que podamos tener todos en conjunto, vamos a salir airosos para echar hacia adelante el desarrollo económico de Puerto Rico”.


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