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La urgencia por dinero quedó evidenciada cuando El Nuevo Día reveló que en los días inmediatos al ciclón, la Reserva Federal de Nueva York envió a la isla un cargamento de $250 millones en efectivo. (Archivo / EFE)

Luego de que el huracán María azotara los cuatro puntos cardinales de Puerto Rico, el sector financiero fue uno de los pocos que reanudó sus operaciones con relativa rapidez.

Ello, según dos entrevistados, fue posible por los niveles de capital y liquidez que poseen bancos y cooperativas y por planes de contingencia, que aunque también estuvieron a prueba, resultaron relativamente efectivos para lidiar con una realidad insospechada: la urgencia de miles de personas buscando dinero en efectivo.

“Hay males que a veces se necesitan”, dijo el vicepresidente de la Asociación de Ejecutivos de Cooperativas (AEC), Jomar Martínez, al señalar que si bien el huracán María fue una prueba durísima para Puerto Rico, sirvió para validar el rol de las cooperativas en la economía de la isla.

“La demanda de ‘cash’ fue tan grande. Tuvimos gente que nos llegaba llorando, pidiendo dinero”, relató.

Según el presidente ejecutivo de Vegabajeña Coop, los días siguientes al ciclón, el sector tomó decisiones que, en otro momento, habrían sido impensables. Por ejemplo, relató que se crearon cuentas provisionales para que clientes de bancos comerciales y que no tenían acceso a su dinero, pudieran acceder a efectivo. Incluso, se entregó dinero a personas, limitando los retiros a $200, sin conocer si estos poseían tales fondos en sus cuentas.

El sector financiero de Puerto Rico ha estado en el ojo público debido a la crisis fiscal y el impacto de esta en los préstamos y bonos que bancos y cooperativas otorgaron al gobierno y sus diversas entidades.

En el caso de las cooperativas, la crisis fiscal resultó en un proceso impuesto por la Junta de Supervisión Fiscal (JSF) que busca modificar el marco regulatorio del sector. Ello, como resultado del impago por parte del gobierno. Mientras, la banca lleva años vendiendo con pérdidas sus préstamos y bonos al gobierno, en un intento por reducir su riesgo y evitar acciones regulatorias.

Sin embargo, tales escollos parecen pequeños al lado de las peripecias que experimentó el sector a raíz del ciclón. “Irma consumió muchos de los abastecimientos de emergencia o se trasladaron hacia el este de la isla o a las Islas Vírgenes y luego, vino María, sin dar tiempo a reabastecer todo eso. En apenas tres semanas recibimos dos huracanes de categoría cuatro”, indicó George Joyner, comisionado de Instituciones Financieras (OCIF). Relató que en los días previos, durante y posteriores a los huracanes Irma y María, el sector bancario participaba de sesiones informativas con el Tesoro de Estados Unidos y la Reserva Federal, dependencias que estaban listas para auxiliar a Puerto Rico.

Una lluvia de efectivo

La magnitud del desastre y la urgencia por dinero en efectivo quedó evidenciada cuando El Nuevo Día reveló que en los días inmediatos al ciclón, la Reserva Federal de Nueva York había enviado a la isla un cargamento de $250 millones en efectivo, habida cuenta que los sistemas de pago y retiros electrónicos estuvieron inoperantes por semanas.

Fuentes de este diario aseguran que el banco central estadounidense envió mucho más de la cifra revelada por El Nuevo Día y que también sirvió para allegar efectivo a las Islas Vírgenes Estadounidenses, afectadas por ambos ciclones.

Joyner no quiso revelar la cuantía de efectivo que llegó, pero el regulador bancario sostuvo que no ha sido hasta ahora, cuando los sistemas de transacciones electrónicas están más estabilizados, que parte del efectivo que fluyó hacia la isla ha comenzado a enviarse de nuevo hacia el banco central.

“La banca reaccionó extremadamente bien”, indicó Joyner, quien recién participó de la conferencia de reguladores estatales. Allí, uno de los temas discutidos fue la respuesta del sector bancario de la isla al desastre.

De acuerdo con Joyner, el sector bancario “estaba sólido”, con buenos balances de capital, lo que le permitirá hacer contrapeso a lo que podría ser una nueva ronda de pérdidas. Ello, en caso de que los consumidores y comercios no puedan continuar pagando sus préstamos.

Joyner admitió que el sector opera con una economía a la baja, con clientes que intentan reinventarse en todos los sectores y con la secuela del impago de los bonos del gobierno.

Según el líder de la OCIF, por lo general, el sector financiero no figura entre los sectores prioritarios en una situación de desastre, pero en esta ocasión, a la actividad se le confirió prioridad, una vez los sistemas de telecomunicaciones, esenciales a la nueva intermediación financiera, colapsaron.

Pese a ello, cuatro días después del ciclón, dijo Joyner, unas 25 sucursales de unas 317 reanudaron operaciones.

“Las telecomunicaciones fueron la gran sorpresa del ciclón”, dijo Joyner, quien sostuvo que el alcance del huracán María podría describirse como “apocalíptico”.

Al presente, el 80% de la red de sucursales opera en horario regular, aunque algunas todavía utilizan generadores eléctricos.

Un paso al frente

En el caso de las cooperativas, Martínez sostuvo que unas 114 de 117 cooperativas operan regularmente, aunque algunas lo hacen con generadores. Martínez indicó que algunas sucursales sufrieron daños, pero se encuentran en reparaciones y reanudaron sus servicios a los socios con horarios reducidos.

“María fue un golpe de derecha después de la izquierda que recibimos con los bonos del gobierno y la junta de control fiscal, pero el movimiento tiene buenas piernas porque es un movimiento que nace desde la crisis de 1930”, indicó Martínez en referencia al surgimiento del sector en la isla.

De acuerdo con Martínez, en muchos pueblos, la premisa de que las cooperativas son “una segunda alcaldía” quedó validada. Sea porque las cooperativas proveyeron conexiones de internet gratuitas, habilitaron líneas telefónicas para que las personas pudieran llamar a familiares o porque han comenzado a prestar a sus socios para reparar sus hogares. Ello, una vez la Agencia Federal de Manejo de Emergencia (FEMA), ha referido a muchos damnificados al programa de préstamos de la Administración federal de Pequeños Negocios (SBA).

En el sector bancario, aproximadamente la mitad de sus clientes hipotecarios parece haberse acogido a algún tipo de moratoria, un evento que según Joyner, habrá que seguir de cerca cuando comience el nuevo año.


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