La entrada a la playa Flamenco sufrió daños significativos como consecuencia de los vientos y la lluvia que dejó en la isla municipio el huracán Irma. (horizontal-x3)
La entrada a la playa Flamenco sufrió daños significativos como consecuencia de los vientos y la lluvia que dejó en la isla municipio el huracán Irma. (André Kang)

Culebra – El intenso azul turquesa de las aguas de Flamenco, la playa más famosa de Culebra, y quizás de Puerto Rico, brillaba ayer como cualquier otro día, al igual que el fulgurante blanco perla de sus cálidas arenas.

Pero la playa estaba desierta y, hasta las gaviotas, que día y tarde suelen estar allí planeando con su agudo canto en torno a los bañistas, la habían abandonado.

No hay viento que pueda con los encantos de Flamenco y las otras espectaculares playas de aquí. Pero sí pudieron con las palmas y las carreteras a su alrededor, así como con la infraestructura que permite a turistas extranjeros y de Puerto Rico llegar y disfrutar de este rincón único de Borinquen.

El huracán Irma, que hace hoy una semana pasó a unas 25 de millas de aquí, destruyó decenas de residencias y dejó sin luz a vastos sectores de la comunidad. Ahora, a medida que el pueblo se afana en volver a la normalidad, empieza a quedar claro que Irma también le dio un duro golpe al turismo, el sector del que depende prácticamente la totalidad de la economía de esta isla de 1,800 habitantes.

“Todo aquí quedó destruido”, dijo ayer Gregoria Rosario Ventura, mientras sacaba carnes descompuestas y limpiaba su kiosco, el Mesón de Goyita, en la playa Flamenco.

El gobierno estima que Culebra recibe unos 700,000 visitantes al año, casi todos turistas. No habiendo aquí fábricas, agricultura ni ninguna otra industria significativa, el turismo es la fuente de ingresos directa o indirecta de casi la totalidad de los culebrenses.

A siete días del paso de Irma, la mayoría de los hoteles siguen cerrados, los turistas no han vuelto y los restaurantes más finos continúan sin poder reabrir sus puertas. Los comerciantes, taxistas y guías, algunos de los cuales sufrieron cuantiosos daños en sus residencias y que dependen de los turistas para volver a generar ingresos, no han podido volver a trabajar por la ausencia de visitantes.

Mamacita’s, uno de los hoteles más populares, está cerrado desde unos días antes de la tormenta.

La hospedería, que queda en el casco urbano del pueblo, no está todavía cerca de volver a abrir pues perdió parte de su techo, el bar fue destruido por los vientos y la falta de electricidad hizo que se perdieran todos los víveres de la cocina.

“Estamos tratando de tenerlo todo listo para dentro de una semana, por lo menos”, dijo el chef Fernando Robles, quien ayer dirigía un grupo de empleados que pintaba y remozaba la hospedería de 16 habitaciones, que tuvo que desalojar a 20 huéspedes en los días previos a Irma y que ha cancelado cerca de 40 reservaciones en la pasada semana.

Irma no vino precisamente en el momento en que más daño pudiera hacerle a la industria turística, pues después del fin de semana del Día del Trabajo, hasta la Navidad, es lo que se conoce como la época muerta. La preocupación de la industria era, por lo tanto, que todo estuviera en orden antes de la Navidad.

La estructura de ClubSeaborne, un hotel boutique ubicado en el sector Fulladoza, solo sufrió daños menores. Pero las carreteras a su alrededor estuvieron bloqueadas por árboles caídos y la falta de electricidad le ha impedido reanudar operaciones, dijo Neisha Irizarry, encargada de la recepción.

Antes de Irma, el hotel estaba lleno. Para estos días, también tenían bastante ocupación. Pero como no tienen servicio de luz eléctrica, teléfono ni internet, no han podido establecer contacto con los huéspedes que habían hecho sus reservaciones para estos días.

“No sé cuándo volveremos a abrir. Hasta que no tengamos electricidad, no podemos volver a abrir”, dijo Irizarry.


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