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José M. Umpierre, codirector y coproductor del documental “Bancarrota”, que estrena mañana en las salas de cine de San Patricio Plaza, en Guaynabo. (horizontal-x3)
José M. Umpierre, codirector y coproductor del documental “Bancarrota”, que estrena mañana en las salas de cine de San Patricio Plaza, en Guaynabo. (Suministrada)

Como una profecía cumplida de la quiebra a la que se acogió el gobierno de Puerto Rico en mayo pasado, el documental Bancarrota presenta cómo el país y su gente llegaron a este punto crítico, aun tras largos años de señales claras e inequívocas.

El documental, que se presenta el miércoles en una premiere privada en el cine de San Patricio Plaza, es un proyecto independiente del entusiasta y crítico del cine, José M. Umpierre, y del compositor y editor angelino Kendall Walsh.

“Esa noche vamos a dar a conocer la obra y encaminar una campaña promocional; pero sobre todo celebrar que lo hicimos, que lo terminamos, porque parte del objetivo es añadir un grano a las opiniones sobre el tema, hacer una notación, una constancia histórica”, expresó Umpierre.

Bancarrota cuenta con voces reconocidas en el ámbito económico y finnanciero, como Myrna Rivera, presidenta de Consultiva Internacional; Juan Lara, economista; y Sergio Marxuach, del Centro para una Nueva Economía.

Si bien no cubre la acogida al Título III al amparo de PROMESA porque se culminó antes de esa movida, expone en detalle cómo se llegó a ese punto.

“Nadie explica cómo llegamos. La realidad es que sí se explica, pero hay resistencia a entenderlo, porque la negación sirve para resguardarnos de las implicaciones que tiene”, comentó Umpierre sobre el ‘síndrome del avestruz’, de siempre esperar un auxilio externo que esta vez no llegó, al menos no a los niveles necesarios para eludir la quiebra y la instauración de la Junta de Supervisión Fiscal.

“Fue un proceso educativo. Me permitió entrar de lleno a los detalles de qué está sucediendo y sobre la historia de Puerto Rico, sobre cómo también la gente en la calle está respondiendo a la actual crisis”, compartió, por su parte, Marsh sobre lo que significó para él el proyecto.

Marsh compuso la banda sonora del documental y se encargó de todo lo referente a la edición, lo cual estima le tomó un total de 1,600 horas.

En el proceso, conoció la bomba boricua y se disfrutó el nivel de talento local en música y producción.

“En mi experiencia, porque he trabajado con muchas compañías, aquí están al mismo nivel de lo que yo encuentro en Los Ángeles”, expresó sobre la labor de los estudios DYAD y Access.

El tema denso de la quiebra se intercala con caricaturas y animaciones que, además de un toque de humor, aportan una perspectiva incluso histórica, indicaron los codirectores.

Bancarrota también incluye recomendaciones concretas de qué se puede hacer a nivel individual y colectivo.

“Descubrí dos cosas que se pueden hacer: no contribuir al silencio y no permanecer pasivo. A nivel más básico, eres parte del problema o eres parte de la solución”, planteó Umpierre.

Para que el mensaje llegue, se hace necesario alcanzar a muchos más espectadores. “Claro que nos gustaría llegar a salas de cine y correr en cartelera”, indicó. También tienen la intención de someterla a festivales de cine. Además, ven públicos naturales en las universidades y la diáspora.

“Tiene un contenido fuerte en economía, historia, jurisprudencia. Es un punto de partida para inquietar y levantar curiosidad”, planteó Umpierre, quien es profesor jubilado del Recinto de Ciencias Médicas.

En camino a esos objetivos, el equipo espera conectar con inversionistas que permitan llevar el documental a salas dentro y fuera del País.

Umpierre destacó que el financiamiento para el proyecto fue “la antítesis de la situación fiscal del País. Se hizo en virtud de que teníamos suficiente ahorro para invertir en algo. No se cogió a crédito, no se le debe a nadie”.

A la vez, catalogó de “sobrecogedor” que tanta gente ofreciera su trabajo sin cobrar, con tal de apoyar el proyecto.

“Oye, la gente nos dio la mano, con un genuino sentido de poner otras cosas por encima del lucro inmediato. Se hizo por responsabilidad moral. Lo que uno tiene es para darlo”, concluyó Umpierre.


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