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En 2020 explotará la próxima gran burbuja financiera, y solo aquellos negocios e individuos que hayan tomado acciones proactivas estarán listos para aprovechar las oportunidades que se abrirán con el desplome, afirmó ayer Harry S. Dent, quien se especializa en correlacionar indicadores económicos y demográficos para predecir la conducta del mercado.

“Si no sucede en 2020, voy a abandonar mi profesión. No me voy a equivocar sobre esto. No es posible”, afirmó el analista y autor en una presentación ante la comunidad local de inversionistas y asesores financieros.

Sin embargo, lejos de pintar un panorama sombrío, Dent afirmó que precisamente porque los datos históricos demuestran que “las personas son muy predecibles”, existe una diversidad de medidas que se pueden tomar para capear y sacar el máximo al ciclo que, según prevé, durará al menos tres años.

Lo primero, tanto para inversionistas como para empresas, es asegurarse que cuando la caída llegue tengan efectivo disponible, con el mínimo de capital en acciones volátiles. “El flujo de efectivo reina”, sostuvo Dent, quien mudó su domicilio a Puerto Rico en 2016. Además, contarán con los recursos para adquirir a descuento los negocios o activos de competidores que no sobrevivan, destacó.

¿Cuándo vender las acciones? Planteó aprovechar la ventana de vender con ganancias si el Nasdaq alcanza los 10,000 puntos para enero de 2020. En cambio, si hay una baja correctiva, instó a estar pendientes de cuando el Nasdaq repunte con el Dow Jones y el S&P 500 hacia la baja.

A los inversionistas, los exhortó a vender cuanto antes los inmuebles que no sean estratégicos, porque prevé una caída en valor duradera y de doble dígito. También les recomendó vender la casa familiar ya, si esos son los planes porque la prole levantó vuelo. Instó a esperar al menos hasta 2022 para reinvertir en acciones y a mirar oportunidades en India y en el sudeste asiático primero, así como en segmentos como energía, cuidado de salud y servicios para adultos mayores, porque mantendrán crecimiento tanto en el mundo desarrollado como en algunas economías emergentes.

Mientras, para los negocios, “lo más importante es identificar ahora mismo cuál es su competidor más débil o los activos que desearía comprarle cuando esté en quiebra o cuando fracasen”, planteó. Para ello, recalcó que se deben “postergar los gastos de capital sustanciales” y mantener una operación eficiente.

Desde ya, Dent afirmó que el ciclo de recesión tendrá efectos profundos que requerirán ajustar lo que hoy se ve como un dado. El principal, dijo, es que “el mercado inmobiliario no volverá a ser igual”.

Apoyado en más de un siglo de datos históricos (tanto demográficos como económicos), Dent alertó sobre el riesgo de no actuar oportunamente, cegados por los buenos resultados de los pasados 10 años. Demostró que cada burbuja ha sido precedida por crecimientos exagerados del Dow Jones. En los dos ejemplos más recientes, hubo crecimiento de 223% antes de la burbuja .com al iniciar este milenio y de 97% antes de la de 2007-2008.

“De 2010 a 2019 ese crecimiento ha sido de 317%. Eso es una burbuja”, recalcó anticipando que esa cifra podría rondar hasta 410% antes de la caída que predice.

El problema, adujo, es que quienes están ganando a niveles nunca antes vistos –para sí o para sus clientes– están demasiado absortos en los resultados y en negación a las señales de alerta.

“Nadie quiere que le digan que está en una burbuja, porque todos se están disfrutando el arrebato. Los adictos no ven la adicción, solo ven su nota”, advirtió.