Meryam Plaza, al centro, junto a sus hijas Ivana Juliette, de 6 años, y Valentina, de 4. (semisquare-x3)
Meryam Plaza, al centro, junto a sus hijas Ivana Juliette, de 6 años, y Valentina, de 4. (Gerald López Cepero)

Meryam Plaza es la benjamina de la familia, compuesta por sus padres y siete hijos -un varón y seis mujeres-, quienes con su amor y apoyo la inspiran a ser una mejor persona, no solo como profesional, sino también como esposa y madre de dos pequeñas niñas.

Plaza es farmacéutica, estudió su doctorado en el Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, donde se graduó Magna Cum Laude en el 2006. Desde el año 2010 labora para Boehringer Ingelheim, una de las principales compañías farmacéuticas a nivel mundial, con sede en Alemania, y que se dedica a la investigación, desarrollo, fabricación y comercialización de medicamentos terapéuticos para los humanos, así como para la medicina veterinaria.

Comenzó en la compañía como especialista en Ciencias Clínicas, pero en el año 2016 la promovieron al Departamento de Ventas, y hoy es la gerente de Ventas y Cuentas en Puerto Rico para el área terapéutica, la cual incluye los tratamientos para la diabetes, medicamentos para tratar problemas respiratorios y productos para condiciones cardiovasculares.

En el 2018 logramos poner a Puerto Rico en el mapa, con uno de los crecimientos más grandes (en ventas) que hayamos tenido, aun después del huracán María”, expresó la gerente, sin divulgar cuánto fue el monto de lo vendido ni el porcentaje de aumento en ventas que registró su equipo.

No obstante, señaló que los representantes de venta que dirige -los que suman poco más de una decena- continuaron laborando en la empresa después del huracán María, y ninguno se fue del país. “Nos quedamos todos en Puerto Rico, nunca nos fuimos, demostrando que el compromiso con nuestros pacientes es real”, manifestó, al tiempo que señaló que gracias al esfuerzo y desempeño del grupo que lidera, la farmacéutica se ha convertido en una de las 10 compañías de más crecimiento en Puerto Rico, algo que en el pasado no era así.

La entrevistada es la única gerencial puertorriqueña que tiene la empresa en la región del sur de la Florida, región a la que pertenece la operación en la isla; y ha obtenido durante tres años consecutivos el “Presidential Club Award”, uno de los más altos reconocimientos que otorga la corporación a sus empleados.

¿Cómo compagina sus responsabilidades de ejecutiva con las de ser madre?, preguntó Negocios. “En esta compañía fue que me convertí en mamá, nunca he sentido que ser madre haya sido un impedimento para crecer profesionalmente. Por el contrario, te inspira más”, respondió.

Comentó que ha visto el ejemploen sus hermanas, quienes siempre han trabajado fuerte y también son madres. “En mi familia, la norma es trabajar, ser fajón”, afirmó. Por eso, para ella “Boehringer es parte de nuestras vidas, y mi familia así lo ha entendido. A veces mis niñas juegan a que van a tener un ‘conference call’”, dijo entre risas, refiriéndose a sus dos vástagos Ivana Juliette, de 6 años, y Valentina, de 4.

Su tono de voz cambia, al recordar las experiencias difíciles que vivió con la maternidad, pese a ser una mujer saludable. Su primer embarazo llegó con mucha ilusión y todo transcurría con normalidad hasta que en una visita de chequeo rutinaria, el ginecólogo le dijo que el corazón de la criatura no latía. “Fue una sorpresa horrible”, expresó. Tenía seis meses de embarazo cuando perdió a la bebé. “Hay cosas que pasan y uno no entiende, pero comprendí que debía enfocarme en lo que yo podía controlar”. Su fe en Dios y el apoyo de su esposo Carlos Miguel Bou y de ambas familias la ayudaron a superar esa pérdida.

Al año siguiente, salió embarazada de Ivana y dos años más tarde llegó Valentina. Esta última fue por cesárea, y todo en el parto aparentemente salió bien. Sin embargo, días después mientras lactaba a la pequeña tuvo atonía uterina, una hemorragia que por poco le causa la muerte. Estuvo en intensivo y entubada varios días, la hemoglobina le bajó a 2.6 y requirió varias transfusiones. “Yo estaba mal y lo que pasaba por mi mente eran las fotos de mis niñas. Salí milagrosamente de la operación, la ciencia no explicaba cómo estaba viva”, dijo la farmacéutica. Ella sabía que sus hijas y el amor familiar, unido a su fe infinita, fueron la chispa que la impulsó a luchar y le devolvió la vida.


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