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La línea de ropa Tropicaleo incluye camisas, gorras y “bomber jackets” que se mercadean a través del portal shoptropicaleo.com. (Suministrada)

La marca “Tropicaleo” nació en el 2016 desde el apartamento que tenía Karl Amalia en la ciudad de Nueva York. En ese espacio creativo, que también fue el primer hogar del boricua estando en la diáspora, surgieron las ideas más originales para poner en marcha su negocio en línea y así vestir a los boricuas que viven dispersos por el mundo.

De inmediato, Tropicaleo corrió de boca en boca, se esparció por los países más remotos y los pedidos comenzaron a aumentar con cada semana que pasaba.

Para Amalia, ya era más que evidente que su negocio de camisas con diseños que se asocian a la cultura caribeña y puertorriqueña, como piraguas, piña colada, cocos, piñas y vejigantes, se estaba quedando con el mercado de la industria de la moda. Además de las camisas, Tropicaleo también cuenta con una línea de jackets y gorras con el código de área 787. Cabe destacar que el concepto de marca y cada uno de los diseños son creaciones originales del propio Amalia.

A dos años de su establecimiento, el empresario continúa regentando su negocio desde su apartamento, ahora en Miami, logrando un incremento en ventas de casi un 300%. De hecho, el éxito ha sido tanto que su negocio se mantiene recibiendo encargos de puertorriqueños que viven en países como Francia, Egipto, Italia y Estados Unidos.

“Esto es algo que nadie había hecho antes… Mi marca es un vehículo de representación de la isla no importa dónde tú estés. Como yo permanezco a la diáspora, siempre quise plantar bandera. Por eso sé que las millones de personas que viven fuera de Puerto Rico quieren siempre representar a la isla desde la diáspora”, explicó el joven empresario de 34 años en entrevista teléfonica con El Nuevo Día.

Antes de lanzarse de lleno a la industria de la moda, Amalia quiso estudiar al detalle y comparar los precios existentes en el mercado. Así fue como determinó que Tropicaleo tenía que diferenciarse y desligarse por completo de los precios inasequibles de la ropa de diseñador en Puerto Rico. Además, encontró que el mercado de ropa para hombres con identidad puertorriqueña era casi inexistente.

“Me di cuenta que en Puerto Rico no había ninguna línea de ropa para hombres con identidad puertorriqueña. Yo quería que mi línea tuviera esa esencia de la cultura puertorriqueña. Los boricuas somos los primeros que encendemos la fiesta. Si estamos en un cuarto de latinos, somos los primeros que la van a reventar. Y ahí fue que yo dije: ‘yo quiero hacer una línea de ropa con esa esencia e identidad de nuestra cultura puertorriqueña’”, sostuvo Amelia.

El éxito que ha ido desarrollado Tropicaleo se debe, en gran medida, al patrocinio y apoyo por parte de artistas y figuras de renombre como Carla Monroig, Julian Gil, Michael Stuart, Chente Ydrach, Mimi Pabón, Zion y Ñejo. Este último, según contó Amelia a El Nuevo Día, quedó tan enamorado de las gorras que decidió ordenar siete ejemplares. Y ni hablar de los “bomber jackets” que “se han vendido como pan caliente” hasta tener que reordenar más ante tan alta demanda. En año y medio, la cuenta de Instagram de Tropicaleo ya supera los 7,000 seguidores.

Entre los planes futuros de Tropicaleo está la creación de tiendas pop-up en Puerto Rico y la venta de sus productos en diferentes establecimientos en la isla. El joven, quien estudió mercadeo y publicidad y mantiene un trabajo a tiempo completo en la ciudad de Miami, también busca expandir la ropa para niños y mujeres y lograr establecer colaboraciones junto a artistas boricuas.


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