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Abislaimán indicó que no contempla regresar a su antigua joyería en el Hotel Caribe Hilton, el cual ha permanecido cerrado luego del paso del huracán María. (Gerald López Cepero)

El reconocido joyero Julio Abislaimán le ha dado un giro a su negocio al establecer Riviera & Delgatto, la primera joyería en Puerto Rico dedicada a la compra de joyas, diamantes y relojes de marcas importantes que pertenecen a clientes particulares.

“Este negocio es lo que yo llamo ‘negative retailing’, porque no vendemos, sino que compramos”, dijo Abislaimán sobre su nueva joyería en Galería San Patricio Plaza en Guaynabo. Señaló que el 95% del negocio se basa en la compra de joyas y relojes, mientras el restante 5% se dedica a la venta de prendas, y de hecho, las exhibe en sus vidrieras, cual si fuera una joyería tradicional.

El empresario, quien pertenece a la tercera generación de joyeros, indicó que decidió entrar en este nicho de mercado hace cuatro años, cuando el turismo en la isla mermó considerablemente debido al zika. Fue una manera de diversificar la operación de su joyería, que para ese entonces mantenía en el hotel Caribe Hilton. No obstante, como carecía de un gran capital, tenía que vender primero lo que compraba, antes de adquirir más joyas de terceros.

Sin embargo, hace poco más de un año Abislaimán invitó a Puerto Rico a Chris Del Gatto, dueño de la compañía número uno en Estados Unidos en la compra de joyas a particulares, para que viera una colección que le vendían por más de $1 millón.

De esa invitación, surgió una relación empresarial y ambos se convirtieron en socios de la nueva joyería en Guaynabo.

Explicó el joyero que Riviera & Delgatto es su único negocio en la actualidad, ya que el Caribe Hilton no ha reabierto y él no tiene planes de volver a operar su joyería ni establecer otra.

El cliente para comprar joyas tiene infinidad de opciones, desde la Quinta Avenida en Nueva York hasta muchas tiendas menos conocidas. Lo que no había, por lo menos en Puerto Rico, era un sitio con experiencia y buen servicio, donde los particulares pudieran vender sus joyas”.

Sostuvo que en los Estados Unidos la industria de joyería mueve $40,000 millones al año, y en Puerto Rico entre $250 y $300 millones aproximadamente. De esas cifras, negocios como el de Del Gatto en Nueva York compran entre el 2% y el 5% para revenderlo a otros clientes, lo que implica que mueven entre $800 y $2,000 millones al año en EE.UU.

En Puerto Rico, ese mercado podría representar entre $5 millones a $15 millones anuales. “Este mercado (de compra de joyas y relojes a particulares) tiene muchísima salida”, dijo el entrevistado, quien aclaró que Riviera & Delgatto no es una casa de empeño, ni compra pedacitos de cadenas de oro, ni piezas de diez kilates.

¿Quién es la clientela de este tipo de negocio?, preguntó Negocios. “Lo más que vemos son familias en las que alguien fallece y después que reparten la herencia y las joyas, hay quienes vienen a vender algunas… El peor negocio del mundo es tener joyas guardadas sin usarse; mientras las usas hay un factor de satisfacción, pero joyas guardadas no producen dividendos”, dijo el entrevistado.

El negocio opera de lunes a sábado de 10:00 .am. a 6:00 p.m. Se recomienda tener cita previa, pues Abislaimán es el único que evalúa las piezas y no siempre está en la joyería. El cliente puede enviar, por correo electrónico o por texto, fotos de las joyas que quiere vender previo a la visita, “de modo de empezar a conversar antes de llegar”. Si se concreta el acuerdo de compraventa, el dinero se le entrega al cliente en un cheque al momento, agregó el empresario.


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