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Virginia Rivera, junto a sus hijas Khrista Trani Rivera y Alondra Victoria Portero Rivera. (Suministrada)

Desde pequeña, Virginia Rivera aprendió a encarar la vida con optimismo y a descubrir sus talentos en cada reto que la vida le ha presentado. Gracias a esa actitud, viajó el mundo, se convirtió en emprendedora y ejecutiva exitosa, y hoy inspira a otras féminas a alcanzar sus sueños.

Rivera es directora de Mercadeo, Categoría e Impacto Social de Baristas del Caribe, compañía que tiene los derechos de la marca Starbucks para Puerto Rico. Tiene dos hijas: Khrista Trani Rivera, de 29 años, y Alondra Victoria Portero Rivera, de 18.

“Siempre hablo de que hay que descubrir los talentos que tenemos, eso es algo que mami nos enseñó desde pequeños”, contó refiriéndose a su progenitora Nancy Ríos, ya fallecida, quien animó a sus hijos a desarrollar sus capacidades y a esforzarse por alcanzar sus sueños. En el caso de la entrevistada, desde joven descubrió que tenía talento para el baile, por lo que estudió un bachillerato en Bellas Artes en Baile y coreografía con una sub-especialidad en producción de televisión de Columbia College en Chicago.

“Yo soñaba con ser bailarina de balet, pero mi constitución física no me ayudaba. Estudié danza moderna y estuve ocho años de mi vida viajando por distintos países con una compañía de baile”, dijo Rivera, al indicar que con la danza aprendió a ser disciplinada, creativa y a tener sensibilidad para el arte. Además, en ese tiempo sentía que ganaba lo suficiente como para poder vivir de su talento.

Sin embargo, viviendo en Chicago, la maternidad le dio un giro a su carrera de bailarina. “Quedé embarazada y pensé que, como era joven, me pondría en forma rápido y seguiría bailando. Ingenua y soñadora, pensé que sería fácil”, comentó. Estuvo bailando hasta su séptimo mes de embarazo y con el dinero ahorrado pagó el parto, pues el padre de su hija era estudiante universitario y no podía ayudarla económicamente.

Rivera no tenía plan médico, y con la llegada de su primogénita, se dio cuenta que los gastos de su hogar aumentaban y que necesitaba generar más ingresos. Recordó lo que su mamá le decía cuando niña, que debía descubrir sus talentos, y fue lo que la inspiró para convertirse en una “solapreneur”, término que inventó para referirse a una autoempleada, o como ella misma lo traduce “ser Cuca Gómez”. Fue así que fundó Workout Buddy, un servicio de acompañamiento para las mamás que querían ejercitarse, y necesitaban que alguien las animara. Con ello, logró reunir una buena cantidad de dinero que le permitió mudarse a un apartamento más amplio, con dos habitaciones.

Pero, tres años después, aún no tenía un plan médico. Inspirada en las palabras de su mamá, optó por irse a estudiar a una escuela culinaria para explorar un nuevo talento. Su objetivo final era que un restaurante que le diera seguro médico al personal la reclutara. El padre de su hija y una tía cuidaban la bebé, mientras trabajaba también como mesera dos o tres noches por semana para complementar el ingreso familiar.

Trabajó unos meses en el reconocido y extinto restaurante Charlie Trotter de Chicago y luego en el área de banquetes de un hotel, donde sintió por vez primera el discrimen por ser mujer, pero ello no la amilanó. Al tiempo y con la experiencia obtenida, estableció, junto a una amiga, un negocio de catering, y fue cuando la descubrió la empresa Aramark. Esta compañía le ofreció el cargo de Directora de Banquetes en Puerto Rico. Aunque no tenía planes de regresar a la isla, aceptó la oferta, pues vio la oportunidad para que la niña aprendiera español y compartiera más con su abuela.

Aquí conoció a su esposo, se casó y tuvo a su segunda hija, que su mamá Nancy iba a cuidar. Pero no fue posible, ya que murió a los pocos días de nacer la bebé. A los seis meses, Rivera renunció al empleo, debido a que la niña era enfermiza y a su patrono le molestaba que ella se ausentara para cuidar a la criatura.

Enfocada nuevamente en sus talentos, regresó al catering, y estando una vez reunida con un cliente en Starbucks, llegó la oportunidad de trabajar allí como gerente de tienda. De eso, hace más de una década, y desde entonces ha escalado puestos y responsabilidades dentro de la empresa.

Rivera es también cofundadora de la organización Mujer Emprende, una red de apoyo para féminas, con sede en Puerto Rico, que tiene un capítulo en Orlando, Florida y está en vías de abrir otros en Chicago, Nueva York y Connecticut. Además, la entrevistada tiene un nuevo programa sabatino, “Solapreneurs by Virginia Rivera”’, que se transmite de 9:00 a.m. a 10:00 a.m. en la emisora 11Q.

“Yo estoy abierta a las oportunidades, aunque me dé miedo. De esas experiencias es que surgió el interés de ayudar otras mujeres a que emprendan en lo que sea. Mami me proveyó una caja de herramientas para que saliera adelante, me apoyó y eso quiero hacer yo con mis hijas y con otras mujeres”, dijo la ejecutiva.

Agregó con orgullo que su primogénita heredó la vena de la filantropía y el interés de ayudar a los demás, mientras a la pequeña le atrae el arte y el espectáculo, y se irá en los próximos meses a Corea -tal y como ella lo hizo cuando joven a Chicago-, a explorar sus talentos.


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