Los acreedores europeos de este país acordaron reestructurar la elevada deuda, que asciende a cerca del 180% del PIB.

Atenas - El Gobierno griego respira hoy aliviado por haber podido cerrar el tercer rescate, tras una sesión maratoniana del Eurogrupo que concluyó con un acuerdo que permitirá al país financiarse por sus propios medios, pero le mantendrá bajo la estrecha vigilancia de los acreedores.

"Ha sido un acuerdo histórico para la deuda. Ha sido un acuerdo que ha ido más allá de lo que esperaban los mercados", afirmó hoy el primer ministro, Alexis Tsipras, al informar al presidente griego, Prokopis Pavlópulos, de los resultados.

Tsipras subrayó que gracias a la extensión de los plazos de amortización de los préstamos, la deuda se ha hecho sostenible.

Recalcó, no obstante, que el haber cerrado el tercer rescate no implica que Grecia pueda "abandonar el camino de las reformas y de la gestión prudente", pero significa que abandona "el camino espinoso de la austeridad".

Los compromisos están definidos, pero de ahora en adelante los Gobiernos griegos "tendrán la libertad de elegir qué políticas aplican para conseguir estos objetivos", añadió.

El ministro de Finanzas, Euclides Tskalotos, buscó lanzar un mensaje esperanzador a la población al prometer que las consecuencias del acuerdo deberán materializarse en breve.

El crecimiento no vendrá solo "para unos pocos, sino para muchos". "Esa es la promesa del Gobierno griego", aseguró Tsakalotos desde Luxemburgo.

El acuerdo cerrado esta madrugada en Luxemburgo amplía en diez años los vencimientos de los préstamos del segundo rescate, de unos 22 a 32 años, y aplaza en diez años, desde 2023 hasta 2033, la fecha en que Grecia debe empezar a devolver estos créditos y sus intereses.

Además, prevé un desembolso de 15,000 millones de euros del último tramo, que engrosará el colchón de reservas hasta los 24,100 millones de euros y permitirá a Grecia cubrir sus necesidades de financiación durante 22 meses sin necesidad de recurrir a los mercados.

Los socios devolverán a Atenas los intereses generados por los bonos griegos que tiene el Banco Central Europeo y los bancos centrales de la eurozona en pagos semestrales hasta 2022, lo que se traduce en un desembolso aproximado de 1,200 millones anuales.

Este desembolso estará, sin embargo, supeditado a que Grecia siga a rajatabla todos los compromisos adquiridos, cumplimiento que será supervisado cada tres meses, el doble de la frecuencia aplicada a los otros países que firmaron programas de asistencia financiera.

Entre estos compromisos se encuentra mantener superávits primarios del 3.5 % del Producto Interior Bruto (PIB) hasta 2022, y del 2.2 % en los 37 años posteriores hasta el 2060.

El Gobierno de Tsipras deberá además aplicar las reformas posrescate aprobadas ya a priori -un nuevo tijeretazo a las pensiones y la reducción del mínimo exento de tributación-, dos medidas que han levantado nuevas ampollas entre la población y han llevado a la oposición a hablar de un "cuarto" programa de reformas, solo que esta vez sin asistencia financiera.

El principal partido de la oposición, la conservadora Nueva Democracia, sostuvo que el acuerdo no aporta ninguna reducción o quita, sino una serie de medidas "nada espectaculares".

Nueva Democracia prometió que una vez que asuma el gobierno "corregirá" los "malos resultados" aportados por Tsipras.

"La gente no tiene la sensación de que el final del rescate traerá mejoras o más puestos de trabajo. Para los ciudadanos la fecha del 20 de agosto es completamente irrelevante, pues aunque Grecia saldrá formalmente del rescate, muchos aspectos del programa seguirán en pie".

Con estas palabras resumió hoy el sentir de la calle Jens Bastian, un economista alemán afincado desde hace décadas en este país y exmiembro del grupo de trabajo de la Comisión Europea para Grecia. 


💬Ver 0 comentarios