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Mucho revuelo ha causado una noticia vieja: comparar a Puerto Rico con Grecia.

Que a los colegas de The Wall Street Journal y la agencia de noticias Reuters, Puerto Rico les resulte cosa nueva es justificable.

Después de todo, no es frecuente que un territorio estadounidense con la peor clasificación crediticia reciba el reconocimiento del mercado cuando emite deuda para pagar o refinanciar, a su vez, deudas pasadas.

Pero que tales reseñas levanten pasiones en la Isla, me resulta incomprensible. Para empezar, El Nuevo Día ya reportó lo que ahora otros consideran noticia. Lo hizo, al menos en tres ocasiones: el 14 de septiembre, el 20 de noviembre y el 15 de diciembre de 2011. Sume a eso, seis años de reportajes en torno al déficit, los planes de retiro y la deuda pública...

Aclarado el récord, a tres años de la medicina amarga del gobernador Luis G. Fortuño, el déficit se ha reducido y eso valió, parcialmente, una mejora crediticia. Es cierto, guste o no.

Pero también, tres años después de un programa de ajuste fiscal inconcluso y de una inyección de capital comparable a la ayuda que se dio Grecia (la suma equivale al 49% del Producto Nacional Bruto) seguimos haciendo lo mismo: cubrimos el déficit refinanciando lo que debemos. Eso es cierto, guste o no.

Esta última verdad es evidencia de que no importa quién esté en La Fortaleza, el país vivió y todavía vive empujando hacia el futuro, lo que tomó prestado en el pasado. Lo hicieron cinco exgobernadores, lo hace la administración Fortuño y lo hará su sucesora, porque así vive un país que no entiende que la sábana se estira hasta donde se puede.

Hasta diciembre pasado, teníamos $65,506 millones en deuda pública, una cuenta que hace poco sentido, si se piensa en esta depresión económica que se resiste a abandonarnos.

Seamos honestos. O pagamos pocos impuestos para recibir los servicios a los que creemos tener derecho. O pagamos suficientes contribuciones, pero somos terribles administradores. O exigimos servicios públicos más caros de los que podemos pagar.

El entuerto parece fruto de una pésima administración. Con franqueza, el estimado de una economía sumergida de $14,000 millones apunta a que, desde Culebra hasta La Mona, se quiere tener todo, pero se hace lo indecible para no pagar contribuciones. Ese es el análisis que nadie en esta Isla ha hecho a conciencia. Y si no se toma acción ahora, la música se detendrá, otra vez, en 18 o 20 meses, a lo sumo. Esa es la noticia y la anticipo con la esperanza de equivocarme.

Tenemos hasta el 2014

El déficit que el Gobierno calcula en $610 millones (excluyendo sobre $800 millones en refinanciamientos), se redujo por el zarpazo que se dio a la manufactura. El llamado impuesto de 4% representa ahora, unos 27 centavos de cada dólar que gasta el país, pero esa fuente de ingresos termina en el 2016.

La expiración de patentes de las drogas que se fabrican en la Isla supondrá unapérdida millonaria para el fisco a partir de este año y hasta el 2016. La firma Lockwood Financial Services estima que las ventas globales de esos fármacos bajarán entre 12% y 31%. Hasta el año pasado, las regalías dejaban $1,000 millones al Fondo General.

Agregue a esa cifra, la posible reducción de $200 millones en el arbitrio del ron, a raíz del fin de la producción de Captain Morgan en la Isla. Calcule además los recortes a fondos estatales que hará el gobierno federal.

Según el Centro de Presupuesto y Prioridades Políticas, el estimado inicial apunta a un recorte de entre 6% y 11%. Por si no lo sabe, la segunda fuente de ingresos gubernamentales viene del Tío Sam. Unos 26 centavos de cada dólar, según el presupuesto vigente.

Mientras se vacía la alcancía, la lista de compromisos crece y de qué forma. El gasto de salud del Gobierno, aumenta entre 3% y 7% por año sin contabilizar del todo los efectos de una población envejecida y enferma. La Universidad de Puerto Rico tiene a cuestas un déficit consistente de unos $200 millones.

Por otra parte, a partir del 2014, el Gobierno tendrá que comenzar a asignar dinero del Fondo General -aparte de la aportación patronal- para cubrir el déficit de los planes de pensiones. En ese año y sólo en el caso de la Administración de los Sistemas de Retiro (ASR), los activos netos del plan serán de -$449 millones, según los actuarios de la ASR.

En arroz y habichuelas, eso significa que cada dólar que se utilice para cubrir las pensiones no estará disponible para “la tarjetita de salud” o para comprar patrullas para la Policía o jeringas y suero para el Centro Médico. Y los recortes se harán ahí, guste o no, porque la Constitución advierte que a los bonistas se les paga hasta el último céntimo.

Iluso quien crea que esto se resuelve con una tijerita en el Gobierno o abriendo una megatienda en cada esquina. Iluso quien crea que esto se atiende con una reforma laboral o con inundar de placas solares medio Puerto Rico para huir del coste energético. Esto se arregla haciendo la economía crecer sostenidamente y eso requiere un mapa de ruta, una aspiración colectiva que permita saber a lo que aspiramos para determinar cuánto y qué necesitamos.

Así pues, si llega el trágico día en que como en el país heleno, alguien pida ajustar cuentas, no será por ausencia de reportajes. Será porque fuimos mezquinos con las futuras generaciones, quienes vivirán el desengaño de una generación predecesora, inconcebiblemente ignorante.


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