Will Olsen, un estudiante de secundaria de Kensington, Maryland, revisa las bolsas con los componentes para ensamblar protectores de rostro para personal médico. (AP)

Todo inició a finales de marzo con un adolescente de secundaria autoproclamado "adicto a las noticias" y una sola impresora 3D.

Jonah Docter-Loeb, estudiante de último año de la escuela Georgetown Day School quedó absorto ante las imágenes de televisión sobre el sufrimiento causado por la pandemia del nuevo coronavirus.

Después de enterarse de la escasez de las equipo médico de protección, Docter-Loeb buscó la manera de ayudar. Ingresó a una comunidad en línea de "fabricantes" —aficionados a las impresora 3D— y encontró un diseño de código abierto para un protector de rostro tipo mascarilla para soldar que él miso podría imprimir en casa.

Las cosas fluyeron bastante rápido a partir de entonces.

En menos de un mes, esa idea se transformó en Print to Protect (Imprimir para proteger), una red de aproximadamente 100 impresoras 3D, la mayoría de ellas de uso doméstico, que producen protectores de rostro para su distribución en hospitales del área de Washington. El grupo afirma que ha impreso cerca de 3,000 mascarillas hasta ahora y que tiene la meta de fabricar 10,000 en abril.

"Para muchos de nosotros puede ser abrumador lo que está pasando", dijo Emily Scarrow, una estudiante de penúltimo año de una escuela privada y parte de un colectivo de alumnos que dirige el proyecto. Scarrow comentó que el colaborar en la campaña le ha ayudado a lidiar con la sensación de "impotencia y aislamiento" que pueden causar las actuales medidas de confinamiento.

Los suministros son muy requeridos al tiempo que Washington y la más grande región de la capital del sur de Maryland y el norte de Virginia se preparan para un inminente incremento.

Dos veces por semana, varios conductores voluntarios como William Olsen recaban los materiales impresos de los hogares de los colaboradores. A fin de mantener el distanciamiento social y reducir la interacción personal, los residentes dejan las partes recién impresas en un bolso o cajas selladas frente a sus casas.

"Tengo un auto y mucho tiempo libre. Me siento privilegiado y esto es lo menos que puedo hacer", dijo Olsen, un estudiante de tercer año de Georgetown Day que aspira estudiar la carrera de Medicina.

Las partes son entregadas en Eaton DC, un centro comunitario en el centro de la ciudad que ahora funge como centro de distribución. Ahí, más voluntarios ensamblan los dos componentes básicos: una banda de plástico y una hoja de plástico transparente que cuelga delate del rostro.

La campaña Print to Protect es apenas una parte de varios esfuerzos que usan fondos independientes entre la comunidad de "fabricantes" del área.

En la mayoría de la gente, el nuevo coronavirus provoca síntomas leves o moderados que desaparecen en dos a tres semanas. En algunas personas, sobre todos los adultos mayores y las que padecen trastornos de salud subyacentes, puede provocar enfermedades más graves, como la neumonía, e incluso la muerte.


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