Raphael Sánchez usurpó la identidad de al menos siete personas que habían sido o podían ser deportadas y entonces falsificó documentos de identificación. (EFE / Gary M. Williams) (horizontal-x3)
Raphael Sánchez usurpó la identidad de al menos siete personas que habían sido o podían ser deportadas y entonces falsificó documentos de identificación. (EFE / Gary M. Williams)

Seattle — Un exabogado del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos en Seattle fue sentenciado el jueves a cuatro años de prisión por robarse las identidades de personas que enfrentaban deportación y usarlas para acumular facturas por $190,000.

Raphael Sánchez renunció cuando se presentaron cargos en su contra en febrero por los delitos cometidos a lo largo de cuatro años. Había supervisado procesos de inmigración en Alaska, Idaho, Oregon y el estado de Washington desde el 2011 como el máximo representante legal de la agencia en la región. 

"A Sánchez se le entregó una autoridad significativa para representar a Estados Unidos en procedimientos cruciales de inmigración que afectaron profundamente las vidas de muchos”, dijeron los abogados Luke Cass y Jessica Harvey, de la sección de integridad pública del Departamento de Justicia, en un memorándum de sentencia a la corte. “Sánchez abandonó los principios que juró respetar y usó su autoridad meramente como vehículo para beneficio personal”. 

Como parte de un acuerdo con la fiscalía en el que Sánchez se declaró culpable de fraude y robo de identidad, los fiscales y la abogada de Sánchez, recomendaron una sentencia de cuatro años de prisión. 

Stamm atribuyó los crímenes a las tendencias autodestructivas de su defendido, incluyendo abuso peligroso de píldoras para dormir, que ella dijo se derivó de haber sido criado por un padre alcohólico y violento. 

En una entrevista con funcionarios de la corte antes de ser sentenciado, Sanchez, de 44 años, que iba a ganar $162,000 este año, dijo que enfrentó problemas monetarios, depresión, fatiga y relaciones fallidas antes de iniciar sus actividades fraudulentas. 

La trama de Sánchez comenzó en el 2013 y duró hasta el final del año pasado. Sánchez usurpó la identidad de al menos siete personas que habían sido o podían ser deportadas y entonces falsificó documentos de identificación, tales como tarjetas de Seguro Social y licencias de conducción, con sus nombres. A veces, usaba fotografías de una víctima reciente de asesinato que habían sido publicadas en la prensa.


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