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El pueblo de Manatí en septiembre de 2017 tras el paso del huracán María. (José "Pipo" Reyes)

Más de seis meses después del catastrófico paso del huracán Irma por el Caribe y el sudeste de Estados Unidos, la cantidad de muertes asociadas con el temporal subió a 129, más del doble de la cifra que se dio al finalizar la tormenta.

Pasaron años antes de que se conociese la cantidad de muertos que dejó Katrina. Todavía hoy se sigue debatiendo cuántas personas fallecieron y hay hasta 600 muertes de diferencia en los cálculos de distintas dependencias del gobierno.

Y si bien el cambio en la cifra de muertos asociados con María es la más abultada --saltó de las 64 muertes reportadas inicialmente a las 2,975 de un recuento hecho por investigadores de universidades a pedido del gobierno--, es normal que las fatalidades derivadas de desastres naturales aumenten en las semanas y meses posteriores, en que se registran muchos decesos causados indirectamente por esos desastres.

Mucha gente muere por infecciones derivadas de aguas contaminadas, electrocutadas por cables de electricidad o porque no reciben tratamientos de diálisis por el corte del suministro eléctrico. Las muertes asociadas directamente con una tormenta incluyen las de gente que se ahoga o es aplastada por edificios que se derrumban.

“A veces nunca se llega a saber cuántas muertes hubo realmente”, afirmó Susan L. Cutter, directora del Instituto de Investigaciones de Riesgos y Vulnerabilidades de la Universidad de Carolina del Sur.

El viernes el presidente estadounidense Donald Trump acusó a los demócratas, sin ofrecer pruebas, de inflar la cantidad de muertes en el huracán María para hacerlo ver “lo peor posible”.

“CINCUENTA VECES LA ÚLTIMA CIFRA ORIGINAL. ¡ABSURDO!”, tuiteó el viernes.

A diferencia de los tornados, que destruyen un área relativamente pequeña, es difícil hacer un recuento rápido de las muertes asociadas con los huracanes porque afectan regiones enteras, de acuerdo con expertos en desastres.

Las inundaciones pueden dejar sectores bajo el agua por semanas, escondiendo los muertos. Algunas personas pueden ser barridas por las aguas y terminar lejos de sus casas. A veces no se reportan muertes porque amigos y vecinos creen que la persona fue evacuada o tal vez decidió no regresar.

Los pobres, los incapacitados y los ancianos son quienes más peligro corren en un temporal porque no tienen los medios para irse y no pueden conseguir alimentos, agua ni medicinas. Esas son generalmente las muertes que se computan tarde.

Cuanto más pobre la comunidad, más difícil es hacer un recuento preciso porque la gente está abrumada por los problemas que enfrenta y no tiene forma de documentar las muertes.

En algunos países en desarrollo a veces se agregan decenas de miles de muertos a las cifras originales porque no se sabe cuántas personas exactamente viven en las zonas afectadas.

Trump planteó que en Puerto Rico, se contabilizaron personas que “fallecieron por cualquier razón, como la edad”.

Hay discrepancias en torno a cómo se computan las muertes, pero los expertos dicen que eso generalmente hace que no se cuente a todo el mundo, no que se infle la cifra. Si alguien muere ahogado y el certificado de defunción no lo asocia con la tormenta, generalmente no se toma en cuenta ese deceso.

La cifra inicial de 64 muertes que circuló en Puerto Rico tuvo en cuenta solamente las personas cuyos certificados de defunción mencionaban la tormenta. El enojo de miles de familias que perdieron a seres queridos por las condiciones derivadas de María hizo que el gobierno contratase a la Universidad George Washington para que estudiase el tema.

La universidad calculó que hubo 2,975 muertes, una cifra que fue corroborada por otros estudios similares.

Ninguna dependencia del gobierno está encargada de llevar la cuenta de los muertos en un desastre natural. Las autoridades se apoyan distintas fuentes, incluidos los informes de prensa y los del personal de auxilio.

Ya antes de que Trump plantease el tema se debatía qué muertes deben ser atribuidas a un desastre.

La cantidad de muertes atribuidas directamente a Irma en el Caribe y el sudeste de Estados Unidos sigue siendo 47, según el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos. Otras 82 --77 de ellas en la Florida-- fueron causadas indirectamente por la tormenta.

Incluidas 14 personas que fallecieron en un asilo de ancianos de la Florida que se quedó sin luz ni aire acondicionado. Otras muertes fueron causadas por caídas durante los preparativos para el temporal, accidentes de autos, inhalación de monóxido de carbono de los generadores, accidentes con sierras o electrocuciones.

También tomó años el recuento de las víctimas de Katrina en el 2005. Habrían fallecido unas 1,800 personas, aunque algunas dependencias todavía hablan de 1.200.

La lección que dejaron todas estas experiencias es que puede tomar bastante tiempo hacer un recuento final, de acuerdo con el científico especializado en huracanes Gabriel Vecchi, de la Universidad de Princeton, que dijo que cuando escucharon que había habido solo seis muertes asociadas con María hace un año, él y sus colegas “sabíamos que eso no podía ser”.

“No hay que darle tanta importancia a las cifras iniciales”, expresó Vecchi el sábado. “Son zonas de desastre. No hay una idea exacta de lo que sucedió hasta que pasa bastante tiempo, por razones obvias”.


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