Rescatistas del condado de Osceola utilizan una embarcación para busca a quienes quedaron atrapados por la inundación en la urbanización Peeble Pointe en Kisseemee. (horizontal-x3)
Rescatistas del condado de Osceola utilizan una embarcación para busca a quienes quedaron atrapados por la inundación en la urbanización Peeble Pointe en Kisseemee. (Carla D. Martínez / Especial GFR Media)

ORLANDO, Florida – Las autoridades estatales comenzaron a recibir ayer un insumo preliminar del impacto que el errático huracán Irma, hoy una incipiente depresión tropical, dejó sobre esta península, que incluye a más de seis millones de personas sin electricidad, cerca de 200,000 refugiados en 585 albergues, al menos media docena de muertos y un impacto económico que está por afinarse.

Pero la bofetada que el ciclón le lanzó al sistema eléctrico de Florida es de las más duras que haya recibido ningún estado en la historia.

“Será la tarea más grande de restauración de un sistema energético en Estados Unidos”, dijo ayer  Rosean Harrington, funcionaria de la Comisión de Utilidades Públicas (OUC, por sus siglas en inglés).

En la Florida, varias empresas privadas de generación eléctrica sirven a 9,989,009 clientes. Ayer, 6,525,016 o el 65.32% estaba sin servicio y, las autoridades indicaron que, tal vez, hoy tendrán una idea de cuánto tiempo podría tomar el restablecimiento del servicio.  Lo que sí tienen claro es el orden en que se restablecerán los servicios. La prioridad la tendrán los hospitales y las oficinas de las agencias de seguridad pública, indicó Harrington.

Sin embargo, desde antes del golpe del huracán, el gobernador de la Florida, Rick Scott, había advertido a los residentes que se prepararan para estar una o dos semanas sin electricidad.

Es muy temprano para conocer con precisión el costo de esta emergencia, pero algunos estimados muy preliminares sugieren que los daños combinados de Irma en Florida y  Harvey en Texas podrían superar los $290,000 millones.

Más de siete millones de personas en todo el estado recibieron la orden de desalojar sus residencias por estar en lugares vulnerables a inundaciones; los aeropuertos, principalmente los de Orlando, Miami y regionales, cancelaron en pocos días más de 3,500 vuelos, y los gigantes de las compañías de cruceros cancelaron decenas de recorridos por el Caribe o desviaron sus inmensos hoteles flotantes a otros destinos.

El aeropuerto internacional de Orlando, uno de los puertos que más viajeros atiende por ser el punto de llegada para quienes vienen a los parques de diversiones que ubican en la Florida Central, continuaba cerrado ayer y no estaba claro cuándo reanudaría operaciones. En cuanto a los parques temáticos, estos mantienen cerradas sus operaciones hasta nuevo aviso, excepto los de Walt Disney World, que anunció que hoy martes reanudará operaciones.

Asimismo, Scott informó que continúan cerrados los siguientes puertos marítimos: Cayo Hueso, Miami, Everglades, Palm Beach, Manatee, Petersburg, Cañaveral, Jacksonville, Fernandina, el puerto de Tampa y el de Panama City, en la costa más occidental del estado.

A lo anterior se ha sumado una potencial escasez a corto plazo de combustible, particularmente gasolina. El gobernador dijo que está identificando potenciales rutas para conseguir abastos del producto lo antes posible.

El funcionario anunció que incluso despachará patrullas de carreteras para escoltar a los camiones con abastos de combustible hasta las estaciones de gasolina para acelerar su disponibilidad a los clientes.

Cuando este rompecabezas empiece a unir sus piezas y se le adjudique valor monetario preciso, entonces se tendrá una métrica clara del impacto de este evento. Pero, al momento, el aparato gubernamental de este estado, liderado por Scott, se concentra en evaluar los daños y activar de inmediato la Declaración de Emergencia Mayor que ayer le concedió el presidente Donald Trump. Esto permite la erogación de dineros federales y recursos para la atención inmediata e, inclusive, la mitigación de los daños.

Con toda la potencia destructora que Irma tenía cuando entró a la Florida el domingo en la mañana como un huracán categoría cuatro, no toda la península recibió el embate con la misma intensidad. “La situación no era tan mala como esperaba”, dijo ayer Scott al hacer un resumen de la situación en todo el estado, en referencia a zonas como la de Orlando y otras ciudades al oeste.

Miami, Naples, Los Cayos y áreas del este, en especial el Condado de Brevard, sufrieron un golpe extremo con casas destruidas, cientos de miles en refugios y daños a la infraestructura vial, aun sin precisar.

Áreas del Condado de Osceola, donde residen muchos boricuas, sufrían aún ayer los estragos de las inundaciones. En Kissimmee, por ejemplo, la comunidad Pebble Point mostraba un cuadro surrealista. Por las calles de esta urbanización se deslizaban dos embarcaciones, conocidas como air boats, de esos que se usan en los humedales floridianos y que se caracterizan por la enorme hélice no sumergida. A bordo de la embarcación, iban rescatistas del Condado de Osceola que trataban de remover de sus casas a residentes, en su mayoría adultos mayores.

Afuera, estaba Leeanne Calderón, con sus brazos cruzados y esperando noticias de su madre y abuela. “Entre las 2 y 5 de la madrugada, su casa comenzó a inundarse y me llamaron al celular. En solo segundos, el agua ya les llegaba a las rodillas. Pero la llamada se cayó y, desde entonces, no sé nada más de ellos”, dijo la mujer estadounidense, que está casada con un dominicano.

A la media hora, sus familiares venían a bordo del bote, con dos perros, Princess y Sparky, y una cotorra en su jaula.


💬Ver 0 comentarios