El presidente ha lanzado críticas, a través de sus redes sociales, sobre el anuncio de Nancy Pelosi de comenzar un juicio político contra Trump. (AP)

La Casa Blanca está recurriendo a la estrategia que aplicó frente a la investigación del fiscal especial sobre la injerencia rusa en las elecciones. Sorprendidos por la rapidez con que las declaraciones de un denunciante dieron lugar a una investigación que podría desembocar en un juicio político, el presidente Donald Trump y su equipo se han apresurado a responder.

Por el momento, una Casa Blanca escasa de personal recurre a las mismas tácticas con las que enfrentó la investigación del fiscal especial Robert Mueller: tratar de desacreditar a los funcionarios de gobierno en el centro de la historia; enviar al abogado Rudy Giuliani y otros aliados a revolver el barro del fondo; presionar a los legisladores republicanos para que defiendan al presidente.

Y sobre todo, los contrataques presidenciales.

Así como se considera su propio mejor asesor, el presidente republicano suele ser su propio vocero más activo.

"Es una vergüenza para nuestro país. Es una nueva cacería de brujas. Otra vez lo mismo", dijo Trump, nervioso, al regresar a Washington el jueves después de cuatro días en la sede de Naciones Unidas. "Están congelados, los demócratas. Van a perder la elección; lo saben. Por eso lo hacen. Adicionalmente, jamás debería permitirse, lo que le ha sucedido a este presidente".

La historia del denunciante envolvió a Washington a una velocidad alucinante.

En apenas unos días, la denuncia de que Trump alentó al presidente de Ucrania a investigar a su rival político Joe Biden dio lugar a audiencias en el legislativo, acusaciones de encubrimiento por parte de la Casa Blanca y el anuncio de una investigación para juicio político por la presidenta de la cámara baja Nancy Pelosi.

La Casa Blanca no estaba preparada.

Si bien los estrategas de Trump creen desde hace tiempo que un intento de juicio político sería contraproducente para los demócratas, el presidente ha expresado el temor de que el juicio político podría servir de introducción a su obituario político.

Tras el anuncio de la investigación, fustigó a Pelosi con tuits desde su departamento en Nueva York y puso fin a su participación en la ONU con una conferencia de prensa en la que se mostró agraviado y sumiso.

A la mañana siguiente, en lo que debía ser un saludo a los trabajadores de la misión estadounidense a las Naciones Unidas, Trump se mostró amenazante.

"Quiero saber quién es la persona, quién es la persona que le dio la información al denunciante. Porque es casi un espía", dijo Trump en una cinta de audio difundida por el diario Los Angeles Times. "Ustedes saben lo que hacíamos en los viejos tiempos, cuando éramos inteligentes, ¿cierto? Los espías y la traición, los tratábamos de una manera un poco distinta que ahora".

Al mismo tiempo, el director interino de inteligencia nacional, Joseph Maguire, reconoció en una audiencia en el Congreso que el documento presentado por el denunciante acusaba al presidente de delitos graves.

La mayoría de los legisladores republicanos en la audiencia, siguiendo la línea de la Casa Blanca, se dedicaron a tratar de socavar la credibilidad del denunciante anónimo. Trataron de enfocarse en los demócratas y en teorías infundadas, parecidas a las que usaron para atacar a Mueller cuando declaró sobre la investigación rusa a mediados de año.

El representante demócrata Jim Hines lo llamó un "caleidoscopio de teorías conspirativas fantabulísticas".

Con el estilo que lo caracteriza, de disparar balazos en todas las direcciones, Giuliani cumplió un papel fundamental al revolver el fango y tratar de socavar la credibilidad de la investigación de Mueller.

En este caso, el pedido de Giuliani al nuevo gobierno ucraniano de que investigara a Joe Biden fue una parte importante de la denuncia y el exalcalde de Nueva York saltó nuevamente a la ofensiva al intensificarse la indagación en sus actividades.

"La denuncia es cuestionable y el denunciante es partidista", dijo Giuliani, sin respaldar sus afirmaciones con pruebas.

Luego apuntó sus baterías contra el representante Adam Schiff, el presidente demócrata de la Comisión de Inteligencia de la cámara baja. Dijo que el legislador por California intentaba "acusar falsamente" a Trump desde hace años y que "habría que investigarlo por mentir, permitir el perjurio y pisotear los derechos constitucionales".

Exhausto tras dos años de investigaciones de Mueller, el equipo presidencial parece carecer ahora de la organización necesaria para enfrentar la ardua lucha que supone un juicio político.

Cuando se le inició juicio político a Bill Clinton, la Casa Blanca contaba con un equipo poderoso de abogados experimentados y asesores de prensa agresivos, capaz de enfocar la cobertura de prensa a su favor. Nada parecido tiene la Casa Blanca trumpiana.

La secretaria de prensa Stephanie Grisham sostiene que "nada ha cambiado", pero la Casa Blanca ha pasado por alto las preguntas graves que genera la denuncia. Adicionalmente, su estrategia aparentemente se basa en la esperanza de que el frenesí partidista alimentado tanto por la izquierda progresista como el propio Trump servirán de cortina de humo para ocultar los problemas graves que presenta la denuncia.

La estrategia de la Casa Blanca, en estrecha coordinación con la campaña de reelección de Trump, busca motivar a la base para que le siga siendo fiel en las elecciones de 2020.

Sin embargo, los aliados insinúan que es arriesgado enfocarse excesivamente en la campaña a expensas de las peligrosas gestiones que aguardan en el Congreso.


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