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El pacto fue develado el 30 de septiembre por el mandatario estadounidense Donald Trump. (AP)

Washington — El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, insiste en que el nuevo acuerdo comercial de América del Norte será una victoria para los trabajadores de fábricas estadounidenses con el regreso de muchos empleos bien pagados a Estados Unidos.

Tal vez. Sin embargo, una revisión del acuerdo indica que también podría traducirse en precios más elevados para los consumidores y aumentar la ineficiencia en los negocios. Y los principales beneficiarios probablemente terminen siendo robots y las compañías que los fabrican.

Mientras los estadounidenses votan en las elecciones legislativas, Trump pregona el Tratado México-EstadosUnidos-Canadá como un triunfo en su antagónica política comercial, una estrategia que, dice, marcará el inicio de “un nuevo amanecer para la industria automotriz estadounidense y el empleado automotriz estadounidense”.

El pacto, develado el 30 de septiembre, parece alcanzar algunas de las metas de Trump: podría llevar más producción a Estados Unidos, por lo tanto, revertir el flujo de trabajos a México, que paga sueldos más bajos. Y podría resultar en mejores condiciones laborales y quizás mejores salarios para los obreros mexicanos, que han sufrido durante años.

Pero al hacer que el modelo de negocio se aleje de la dependencia laboral con México, muy probablemente significa autos más caros para los clientes estadounidenses. Y los fabricantes de autos de América del Norte podrían volverse menos competitivos ante sus rivales en Europa y Asia.

“Será complicado mantener competitivo a América del Norte como centro de producción”, dijo Michael McAdoo, del grupo Boston Consulting.

Peor aún, gran parte de la manufactura que regrese a Estados Unidos probablemente sea hecha por robots en las plantas estadounidenses cada vez más automatizadas, no por trabajadores humanos.

El pacto, conocido por su acrónimo T-MEC, tiene el objetivo de reemplazar al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, de 24 años, al cual Trump culpa de acabar con los empleos estadounidenses.

El TLCAN eliminó casi todas las barreras comerciales entre México, Estados Unidos y Canadá. El comercio entre los tres ha aumentado, sin embargo, muchos manufactureros de Estados Unidos mudaron sus fábricas y empleos a México para aprovechar la mano de obra barata. Aquellos manufactureros podían entonces enviar automóviles y otros bienes de regreso a Estados Unidos y Canadá libres de impuestos.

Trump exigió un nuevo pacto más favorable para los trabajadores estadounidenses. Las negociaciones comenzaron en agosto de 2017 y con el tiempo se produjo el T-MEC.

“Estas medidas apoyarán a cientos de miles de empleos estadounidenses”, Trump declaró a principios del mes pasado.

El T-MEC todavía no es un hecho. Aún debe ser firmado por los líderes o ratificado por las legislaturas en los tres países. Algunos demócratas han expresado su apoyo al pacto, pero si su partido recupera el control de la Cámara de Representantes en las elecciones del martes, está lejos de ser seguro que sus líderes querrán entregarle una victoria a Trump.

Peor aún, los legisladores mexicanos y canadienses podrían pensársela dos veces antes de ratificar el pacto al menos que Trump los exente de los aranceles que impuso al acero y aluminio en una disputa separada.


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