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el fiscal especial de Estados Unidos, Robert Mueller, sale de una reunión a puerta cerrada con miembros del Comité Judicial del Senado sobre la intromisión de Rusia en las elecciones presidenciales de 2016, en el Capitolio, Washington. (horizontal-x3)
El fiscal especial de Estados Unidos, Robert Mueller, sale de una reunión a puerta cerrada con miembros del Comité Judicial del Senado sobre la intromisión de Rusia en las elecciones presidenciales de 2016, en el Capitolio, Washington. (AP)

Washington - A un año del inicio de la investigación sobre Rusia, el fiscal especial de Estados Unidos, Robert Mueller, está en todas partes y en ninguna al mismo tiempo.

En el último año, la amplitud y el sigilo de la pesquisa de Mueller han sacudido a la Casa Blanca y a su principal inquilino y se ha extendido por el Capitolio y K Street alcanzando a gobiernos extranjeros y salas de juntas corporativas.

Con los legisladores preparándose para las elecciones de mitad de legislatura y el presidente Donald Trump valorando públicamente si conceder o no una entrevista a Mueller, aumentan los llamados republicanos para que el fiscal especial eche el cierre a su investigación.

El vicepresidente Mike Pence y otros lo solicitaron públicamente. Cuando más se alargue la pesquisa, más probable es que aumentarán estos pedidos.

Aunque Mueller sigue teniendo un amplio apoyo bipartidista en el Congreso, especialmente en el Senado, el secretismo que rodea a su investigación ha generado cierta ansiedad sobre lo que está por venir.


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