Nota de archivo: Este contenido fue publicado hace más de 90 días

Baracak Obama, Raúl Castro (horizontal-x3)
Barack Obama junto a Raúl Castro durante su visita a la isla caribeña. (Archivo / GFR Media)

La Habana - “¿Que bolá, Cuba? Acabo de aterrizar con el deseo de conocer y escuchar directamente a los cubanos”. Con ese tuit, lanzado desde su cuenta oficial como presidente de Estados Unidos, Barack Obama dio inicio hace un año a una visita histórica, un periplo que cambió para siempre la relación entre estos dos viejos enemigos.

Obama se convirtió en el primer presidente estadounidense en visitar Cuba tras el triunfo de la Revolución de Fidel Castro Ruz y su Ejército de barbudos en 1959, un hito que coronó el proceso de restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países, interrumpido a inicios de la década de los 60

La visita de Obama marcó una seguidilla de eventos que se desató el 17 de diciembre de 2014, cuando junto con el presidente cubano, Raúl Castro Ruz, anunciaron el inicio del proceso de poner fin a la ruptura por más de medio siglo de sus relaciones diplomáticas.

Desde ese momento todo comenzó a correr a una velocidad inimaginable.

Raúl Castro Ruz y Obama se saludaron en la cumbre de la Organización de Estados Americanos (OEA), ambos coincidieron en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el secretario de Estado, John Kerry, visitó La Habana; se abrieron las embajadas en las respectivas capitales, el papa Francisco vino a Cuba, en fin, la lista de sucesos es larga.

El climax de todo, sin embargo, fue la visita de Obama a partir del 20 de marzo de 2016. Si pareció increíble el aterrizaje del “Air Force One” en el Aeropuerto Internacional José Martí, más increíble fue ver a Obama hablar en televisión nacional abiertamente, compartir una rueda de prensa con el presidente Castro Ruz y tenerlos a ambos sentados juntos y muy animados viendo un partido de béisbol entre la selección cubana y los Rays de Tampa Bay.

Obama habló a los pequeños empresarios cubanos, prometió ayudarlos, dijo al pueblo que el bloqueo o embargo económico debía acabarse, solicitó al Gobierno de Cuba mayores libertades democráticas, entre otro cúmulo de mensajes quirúrgimente seleccionados.

De todos aquellos discursos, al final, fue poco lo que se llevó a la práctica, pero lo que sí dejó la visita fue una estela de optimismo entre la población cubana que se arrastró por meses.

Los acuerdos con aerolíneas comerciales y de cruceros, pactos en las áreas farméutica y biomédica, desregulación de impedimentos comerciales no regulados por el bloqueo o embargo económico y la flexibilización de las condiciones para viajar a Cuba desde Estados Unidos fueron sólo algunos de los resultados de este acercamiento encabezado por la visita presidencial.

“Claro que Obama ayudó. Yo creo que él provocó esperanza de que por fin el bloqueo se va a eliminar y que los dos países podemos vivir en paz”, dijo a endi.com el joven Javier Ortiz, quien estudia su cuarto año de universidad.

Pero la visita de Obama trajo consigo lo que muchos cubanos consideraron fue un golpe, pues a pocos días de su salida en enero, el entonces presidente eliminó la política de “pies secos-pies mojados”, un mecanismo que daba trato especial a los ciudadanos de la isla que llegaran a Estados Unidos.

“De Obama recuerdo que eliminó los pues secos-piesmojados. Después de visitarnos y darnos cariño, pues hizo eso, que nos afectó a muchos, incluso a mis familiares, que ya tenían todo listo para irse”, dijo un hombre de uns 40 años que dijo llamarse Andrés.

Ese amor y odio con Obama permea con fuerza en las calles de La Habana, pero los cubanos ya ven todo como agua pasada y están pendientes de lo que el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trumo, pueda hacer.

“Ya Obama se fue, ahora el problema es el Trump este, que nadie sabe lo que trae en la bola”, afirmó la oficinista Mirna Cabrera.

A un año de la visita de Obama, la Casa Blanca no ha dado señales claras de qué hará con Cuba. Solo se ha dicho que todas las políticas de Obama están bajo revisión.

Lo cierto es que los extraños vínculos con el presidente ruso, Vladimir Putin, podrían acabar beneficiando a Cuba y, como en esta relación cualquier locura es posible, no sería descabellado que se vea al nuevo presidente estadounidense visitando La Habana o a Raúl Castro Ruz en la Casa Blanca.

Tiempo al tiempo…


💬Ver 0 comentarios