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Aunque Plaza Las Américas cierra sus puertas al público, los empleados, contratistas y exhibidores inician su trabajo de limpieza, remoción y colocación de exhibiciones

Cuando la hora de cierre llega, un mundo completo abre. Cuando unos acaban su jornada laboral, otros recorren el camino en dirección contraria para iniciar la suya. Cuando a los consumidores se les acaba el tiempo y el reloj los obliga a abandonar las tiendas, ni crean que en el mall la vida se apaga.

Nada más lejos de la realidad.

El movimiento se apodera de los pasillos, puertas y zonas de carga. En momentos es tan concurrido, que, incluso, llega uno a sentir que la noche ni siquiera se ha asomado por la esquina. Pero está ahí, con su luna y estrellas tras despedir el crepúsculo, para tomar de la mano a tanta gente que se gana la vida en las horas de la oscuridad.

Es domingo. Son las 6:45 de la tarde y por los altoparlantes de Plaza Las Américas se anuncia que el centro comercial cierra en 15 minutos. Es la primera llamada.

En el área de ¿Qué pasta!, los empleados comienzan a recoger las sillas. Lo hacen con una gran delicadeza para no molestar, intimidar o apresurar a los comensales que no han terminado. La misma escena se repite frente a su vecino Ponte Fresco. No es que el área esté atestada de gente, pero ciertamente no está vacía. Hay que esperar que acaben.

Empleados de Qué Pasta recogen las sillas del local. (Juan Luis Martínez)

Justo en la puerta que da acceso a ambos locales de comida, en el primer piso, está Alexis González.

Llegó en una pickup blanca de la compañía Atlantic Island Services, subcontratada por la administración de Plaza Las Américas para limpiar las áreas fuera del centro comercial. Eso incluye los estacionamientos multipisos, algo que no es nada fácil si tomamos en consideración que son más de 10 mil espacios para parking en todo el mall.

Alexis tiene 35 años y una gran sonrisa. Lleva apenas un mes en su puesto de trabajo.

Baja de la caja de su vehículo una escoba, un recogedor y un mapo. Comienza vaciando los zafacones que están en la entrada y poniendo bolsas de basura nuevas.

Lo observo con detenimiento y cuando termino un cigarrillo, me guardo la colilla en las manos hasta que puedo echarla en el zafacón. No tiro basura al piso por costumbre, pero en esta ocasión hubiera sido simplemente imposible. No me perdonaría jamás fastidiarle el trabajo que está haciendo.

En la noche los empleados de limpieza del centro comercial intensifican su labor. (Juan Luis Martínez)

Es hora de la escoba y el recogedor. Mientras barre hasta los papelitos chiquititos que encuentra, procura no entorpecer el camino de los que ya van saliendo. Extiende la limpieza a las aceras aledañas a la puerta y finalmente pasa el mapo.

“Me gusta mi trabajo”, confesó a El Nuevo Día.

¿Qué es lo más que te gusta de tu trabajo?

-La gente, hablar con ellos.

¿Qué te dicen?

-Es que a veces se pierden, salen desubicados, especialmente las personas mayores. Me preguntan cómo llegar donde tienen el carro. Yo los oriento.

Alexis sigue sonriendo. Me cuenta que el estacionamiento se limpia con una máquina, pero también a lo antiguo: con escoba y recogedor en mano. A él le gustan ambas técnicas.

La gente siguen saliendo. Faltan cinco minutos para que el mall cierre y ese es el momento de la última llamada que se hace por el sistema de sonido de Plaza Las Américas.

Una señora comienza a hablarme como si me conociera de toda la vida. La escucho con detenimiento.

Me contó varios chismes, habló de política, lanzó desahogos por la situación del país y me ordenó, así, que investigara ciertos temas que a ella le preocupan. Le dije que sí y me despedí.

Ya son las 7:00 de la noche, la hora en que Plaza Las Américas cierra los domingos. El resto de los días el horario se extiende hasta las 9:00 p.m. Son los sábados los días en que más gente visita el mall. Y se trata de una avalancha de consumidores: un movimiento promedio de 45 mil personas por día.

Poco a poco la gente fue vaciando los alrededor de 300 establecimientos de venta, que incluyen 50 carretas en los pasillos. Algunos de los 50 espacios de comida a lo largo y ancho de Plaza Las Américas se unen al llamado de cierre, pero otros permanecen abiertos, así como las 15 salas de cine.

Ya ha pasado media hora, y al menos detecto varias personas que siguen viendo las vitrinas de las tiendas cerradas y apagadas. Tal vez se niegan a enfrentarse al calor de la calle. Ya es hora de que se vayan. Nadie les reclama. Unos 20 minutos más tarde, es decir casi a las 8:00 de la noche, salen.

El sistema de cierre de puertas es en cadena y varía por las actividades y dónde haya más acumulación de personas. Son 12 en total, sin incluir las de las tiendas anclas. Por lo general, las últimas en clausurar son la principal, que ubica donde está el atrio central, y la que da hacia la tienda Old Navy. El que se vea obligado a salir más lejos de su auto, una guagua le da pon.

Es día de que saquen exposiciones para montar las nuevas, por eso la limpieza tarda más. Hay que esperar que todo ese movimiento termine.

Mientras los consumidores duermen, Plaza las Américas se prepara para recibirlos el próximo día con otros ofrecimientos. (Juan Luis Martínez)

Las motoras que se exhibieron en la Feria Movida del Verano por una semana van saliendo. Un grupo de jóvenes las empuja por los pasillos. Los vehículos grandes y nuevos, sí pueden salir prendidos y lo hacen por la entrada principal del mall, la que da a Cheesecake Factory o donde usted toma un taxi. No tenía idea de que esas 10 puertas de cristal se pueden abrir como si fuera una sola corrediza para sacar las piezas grandes. Por ejemplo, por ahí es que entran o salen los botes, helicópteros, limosinas y guaguas de gran tamaño. La escena es alucinante, porque es algo que generalmente no pensamos.

Un guardia de seguridad se encarga de correr las puertas. Sale el primer gran vehículo.

A las afueras del mall, por la zona de carga 13, que es la más grandes, una gran fila de jeeps esperan porque les den la orden de ocupar los espacios que poco a poco se van vaciando.

Hay ciertas reglas que el centro comercial requiere para los espacios que alquilan para exhibiciones. Por ejemplo, ninguna debe exceder de los seis pies de alto. Cuando hablamos de vehículos que van a correr por los pasillos del mall, se les exige que tengan el mínimo de combustible para entrar y salir, se les prohibe que usen “Armor All” o productos similares. Los autos viejos deben salir empujándolos, sin prenderse. Los nuevos no tienen ese problema.

Los espacios que se ofrecen comienzan con un tamaño 8x10 hasta un máximo de 20x20.

Conocer esos datos le da una perspectiva distinta a uno cuando mira el entorno.

Entre carros y motoras saliendo, y los jeeps esperando para entrar, Frances Ryan desmonta la exhibición de las sobre 80 obras que niños y jóvenes de escuelas hicieron con el tema del huracán María. Ella es la directora ejecutiva de la organización Chicas by Alejandra, que combate el bullying. Estuvieron una semana y mientras quitaba los cartelones y pinturas, cuenta orgullosa que esa exhibición se llevará a Estados Unidos y países de Latinoamérica.

Recoger todo para salir del centro comercial le tomó cerca de 40 minutos.

Entonces aparece una de las piezas claves: Guillermo Rivera, supervisor de Operaciones en el horario nocturno. Llega en un carrito de golf, con un walkie talkie en una mano y un celular en la otra. Eso es una clara señal del mucho trabajo que se trae entre manos.

Lleva ya 10 años trabajando los turnos de 11:00 p.m. a 7:00 a.m., pero hace un tiempo que los domingos labora desde las 7:00 p.m. Es todo un experto y tiene a su cargo a 10 personas de mantenimiento. Las tareas están bien divididas y la limpieza cubre los tres pisos.

Nos detenemos un momento. Llaman a Guillermo por el walkie talkie. En su turno puede recibir al menos 50 de esos llamados.

Ya son poco más de las 8:30 de la noche. De momento hay un bajón en la luz y miro extrañada. No es un apagón de la Autoridad de Energía Eléctrica, algo que se está volviendo usual, sino que las luces principales tumban y las de emergencia son las que siguen alumbrando. En los pasillos son como una especie de halo de luz azul en la zona del techo. Me dicen que en un momento dado el aire acondicionado también se apaga automáticamente. Y ruego porque no pase todavía.

Pasillos desérticos y tiendas desoladas en la noche del centro comercial. (Juan Luis Martínez)

La seguridad es 24-7, los 365 días del año, con guardias privados y cámaras dentro y fuera del mall.

Guillermo está de vuelta. El turno que antecede a su equipo tiene la tarea de dejar limpios los zafacones de todo Plaza Las Américas. En total son 50, más 23 adicionales que ubican en el área de La Terraza.

Todos se cambian constantemente y si se pregunta cuántas bolsas de basura se usan, pues sepa que son alrededor de 15,000 mensuales. ¡Wow, qué cifra! Paralelamente, se recogen 120,000 libras de cartón al mes como parte de un programa de reciclaje que instituyó Plaza Las Américas. ¡Wow, otra gran cifra!

Con todos los zafacones limpios, por lo general el equipo de Guillermo arranca a las 11:10 de la noche con la limpieza. El domingo es más temprano, aunque tienen que esperar que todas las exhibiciones nuevas estén en su lugar. Son las 9:00 de la noche y eso no ha ocurrido. Me temo que tardarán.

Frente a varias tiendas se observan bolsas de basura y esa es la directriz: deben dejarlas allí y el equipo de Guillermo se lleva las que encuentra por los tres pisos.

“El turno nocturno se concentra en pulir los pisos y hay una persona que hace una revisión doble a la antigua, verificando si quedó algo que la máquina no puede coger”, dijo Guillermo.

¿Cuánto tardan?

-Un turno completo.

¿Cómo se dividen la limpieza del mall completo, al menos lo que ve la gente?

-Hay tres personas: uno hace desde Sears hasta West Elm y el tercer piso; otro el atrio, da la vuelta por atrás, coge el área de las comidas y termina en Old Navy; el tecero limpia el segundo piso.

¿Y las escaleras eléctricas?

-Para las escaleras eléctricas hay una máquina, se hace en tareas (que no es todos los días). Pero lo que son los cristales y metales de las escaleras, que es stainless steel, sí se trabaja cada noche. Se le echa un polish para que brille.

-¿Cuánto tiempo toma?

-Lo hace una persona y le toma un turno completo.

Normal, saque cuenta y verá la cantidad de escaleras eléctricas que hay: la de la fuente (norte), que se divide en dos, del primer al segundo piso y del segundo hacia la Terraza; la del atrio, que también son dos; la de JC Penney, que es un piso; la de Old Navy, que es un piso; y la de Macys, que es un piso.

¿Los ascensores se limpian todos los días?

-Sí, pero como no se usan tanto, es un trabajo bastante rápido.

¿Cuál es el área que más se ensucia?

-La de las comidas, todas. Las áreas donde venden batidas, mantecados, dulces.

¿Qué es lo más raro que han encontrado limpiando?

-Hemos limpiado de todo. Me han llamado para, incluso, sacar chancletas de las fuentes sur y norte. Son muchas cosas.

Anamari Caratini, ejecutiva de Relaciones Públicas y Relaciones con la Comunidad, sí confirmó que el abanico de cosas que la gente pierde es muy variado. Pueden ser tan raros como cajas de dientes, muletas o sillas de ruedas, o tan comunes como llaves, carteras, celulares, espejuelos, libros, wallets, bastones, bolsas con ropa nueva, bultos de bebés con todo adentro, sombrillas y pashminas.

¿Cuál es el protocolo?

-Una vez se encuentra algún artículo, se lleva al área de Control, que está en el tercer nivel de La Terraza. Allí están por dos días. Los días para reclamar los artículos son los lunes, miércoles y viernes. Lo que nadie busque, pasa al área de Administración, donde se guarda por otros 6 meses.

Guillermo dice que todos los días, se pierden entre dos y cinco carteras, celulares o identificaciones.

Pues, mire, no son tantos si tomamos en cuenta el gran flujo de gente que pasa por allí a diario: 45,000.

Ya han llamado a Guillermo por el walkie talkie tantas veces que perdí la cuenta. Y ni se diga el celular.

Las tareas que no se hacen todos los días son varias. Por ejemplo, las fuentes se limpian cada dos meses, las velas y cristales del atrio central son cada mes y medio, y a las palmas se le sacude el polvo de las hojas y el tronco, y lavan las rejillas que tiene en el piso como soporte, cada dos meses. Por esas rendijitas, dice Guillemo, se cuelan muchas cosas. Su equipo también lava los techos de las carretas mensualmente y debo decir que una de las cosas que más me llamó la atención es cómo esos kioskos cierran: cubriendo las mercancías con una especie de tela fuerte que cierra con un zipper y un candado.

Los 7 mosaicos que adornan los suelos de Plaza, se pulen y brillan cada tres meses. Son muy especiales porque se trata de obras de artes firmadas por sus artistas y está totalmente prohibido que se les ponga algo encima como parte del alquiler de esos espacios. ¡Eso jamás!

Otra llamada ocupa a Guillermo y luego nos presenta a uno de sus empleados: Sado Correa.

Tiene 52 años, de los cuales lleva 19 trabajando en mantenimiento en Plaza Las Américas. Es uno de los que domina muchas faenas, incluida la mecánica cuando hace falta.

Le gusta mucho su trabajo y nos muestra con orgullo cómo maneja el carro de limpieza.

Otra llamada por el walkie talkie. Debo entender, ambos estamos trabajando.

Aprovecho y paso por la zona de carga 13, la más grande. Uff, el movimiento es grande. En una parte, están montando las motoras que se van y en la otra, bajando tubos y otros materiales para montar las exhibiciones que entran.

Rafael Marrero, de la compañía Expo Display, está entre ellos.

“Nosotros nos encargamos de los materiales para montar los buzzes”, dijo.

¿Qué es lo más tedioso de ese trabajo?

-Doblar las cortinas.

¿Cómo lo hacen?

-Se ponen 25, se doblan por la mitad, se enrollan, se 'rapean' (envuelven en plástico) y se identifican si son de 3, 8 o 20 pies.

Sonríe también, algo que parece ser un distintivo de ese turno nocturno. Ni el agobiante calor detiene a esos muchachos, que siguen su labor.

Ya los jeeps están listos para entrar. Lo hacen por la misma zona 13. Uy, al primero se le está haciendo difícil la maniobra, pero al final lo logra. Es uno bien grande, por las gomas altas. Es rojo y moderno. Una vez entra al mall, le sigue uno color blanco. A ese se le hizo más fácil.

Una fila de Jeeps espera para hacer su entrada al principal centro comercial del país.

Ya son casi las 10:00 de la noche. Todavía quedan varios jeeps en fila a las afueras esperando su turno de entrar al centro comercial. Es una tarea compleja y que toma tiempo.

En el área del estacionamiento multipisos, varias familias que son dueñas de esos vehículos tienen la música de reguetón a todo volumen. Si hay que esperar, mejor que sea disfrutando. Ajá.

El equipo de Guillermo sigue en guardia, porque no podrán comenzar hasta que todos se ubiquen.

A las 7:00 de la mañana todo queda nítido, los empleados de las tiendas se van reportando poco a poco y cuando la gente comienza a llegar a las 9:00 a.m., jamás se les pasa por la mente el ajetreo de la noche y la madrugada dentro del mall.

Entonces, todo comienza otra vez.


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