Jocelyn Parrilla toca la flauta en una de las clases que ofrece el Centro Cotuí (semisquare-x3)
Jocelyn Parrilla toca la flauta en una de las clases que ofrece el Centro Cotuí como parte del diverso ofrecimiento educativo a jóvenes y adultos con impedimentos. La organización es la única que atiende a esa población en su zona. (Jorge Ramirez Portela)

San Germán – “¡Yo lo hice! ¡Lo hice muy bien!”

Con una sonrisa de oreja a oreja, Jocelyn Parrilla Heredia celebraba haber completado, con su grupo de amigos, una melodía en una flauta, decorada con flores brillantes alrededor de cada uno de sus agujeros.

¿Cuánto tiempo te tocó aprender eso?, se le preguntó.

“Fue rápido”, contestó sonriente.

Si Parrilla, de 35 años, sintió que el proceso fue “rápido”, es gracias a personas como Margarita Centeno, su maestra de bellas artes en la Asociación de Personas con Impedimentos de San Germán, el único enclave para jóvenes y adultos con discapacidades en el área suroeste y oeste. Por esta zona se le conoce también como Centro de Artesanías Cotuí, en honor al barrio donde nació la organización hace 38 años en la Ciudad de Las Lomas y de los Atléticos.

“Reestructuré el sistema para que pudieran aprender. Ellos aprenden fuera del método tradicional, así que las flautas están rotuladas con colores y esas combinaciones están en las notas”, comentó Centeno. Lo más importante es que la sociedad los vea. Ellos demuestran que pueden, que no tienen que quedarse rezagados. Ellos aprenden, no al paso de todo el mundo, pero aprenden”.

Cotuí atiende alrededor de 42 personas, entre estudiantes de educación especial, a partir de los 16 años, y adultos, luego de cumplir los 22. Se trata de una organización sin fines de lucro que representa la única alternativa para la población de personas con discapacidades de la zona y actualmente recibe adolescentes y adultos de Lajas, Cabo Rojo, San Germán, Sabana Grande, Maricao, Ponce, Hormigueros y Guánica.

“Ellos no tienen alternativas. Sería quedarse en sus hogares porque aquí no hay nada más, no hay otro sitio y es la preocupación de los padres. Si un estudiante se tiene que quedar en su casa, sus padres lo estarían sintiendo porque saben que donde los están capacitando es aquí”, dijo Ludivina Montalvo, directora de Cotuí.

El riesgo que enfrenta cualquier organización sin fines de lucro a quedarse sin dinero siempre está latente, pero con los recortes en el presupuesto del País, organizaciones como Cotuí se arriesgan a ver seriamente comprometidos sus servicios a una población histórica y consistentemente ignorada. Su principal ingreso es una aportación de donativos legislativos que este año fue de $70,000, pero que podría achicarse a la mitad según la información que les ha llegado. En los próximas días se sabrá cuánto, si algo, les tocará en el nuevo presupuesto.

También subsisten con unos ingresos propios generados en un kiosco de venta de frituras ubicado frente al lugar, la venta de artesanías confeccionadas en el centro, algunos donativos privados y la venta de taquillas para funciones especiales en que los jóvenes son protagonistas.

“Si eso ocurre, vamos a tener que reducir el personal y los días de clase de nuestros jóvenes”, dijo Montalvo. “El proceso de aprendizaje se estanca. Por sus condiciones, necesitan repetición continua, tan es así que cuando se van de vacaciones y regresan, tenemos que volver al proceso de enseñanza”, agregó.

Cotuí opera con 16 empleados regulares, además de entre 10 y 12 voluntarios. Allí, se dan clases del currículo adaptado de Educación, pero también enseñan música, artesanía, cocina y vida independiente, con una casa “modelo” incluida. Está abierto todo el año -incluyendo campamento de verano- y sirve como escuela para entre ocho y nueve estudiantes de educación especial. El resto del grupo está integrado por adultos que buscan independizarse y pagan una mensualidad de apenas $20.

Se trata, en su mayoría, de personas con autismo, Síndrome Down y algún tipo de discapacidad intelectual.

Ángel Flores López tiene 47 años, es fanático del baloncesto y recuerda con cariño la edición de “Los Nenes”, de los Atléticos de San Germán de principios de la década del noventa. Lleva 20 años visitando Cotuí y es todo un experto artesano.

“Lo más que me gustan son las artesanías en barro. Hago de todo: Quijotes, Reyes Magos…. De lo que tú me traigas nosotros lo hacemos”, contó.

¿Cómo se siente que compren una artesanía tuya?, se le preguntó.

“Feliz. Hay alguien que le fascina lo que tú produces y te emocionas”, contestó.

Flores López dijo que sufrió una caída a los cuatro meses de nacido que le provocó un coágulo en el cerebro, por lo que tuvo que ser operado. La intervención lo dejó parcialmente paralizado del lado izquierdo del cuerpo y no ve por uno de sus ojos. Para él es importante que Cotuí permanezca abierto “no tanto para mí, sino para los demás que casi no pueden valerse por sí mismos”.


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