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Los libros de texto de biología presentan diferentes estrategias para clasificar los organismos vivos. Ya sea usando tres, cuatro o cinco categorías, la idea básica es que las características físicas y genéticas de cada organismo determinan en qué categoría van. Pero, a veces la naturaleza ofrece sorpresas y encontramos organismos que no encajan fácilmente con las clasificaciones que existen. Un ejemplo perfecto de esto es el de los líquenes.


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