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El doctor Iván Meléndez y su esposo, el empresario Juan Rivera, se casaron en el mismo estado donde tuvieron a su hija, Ivanna Sofía Meléndez Rivera. (Michelle Estrada Torres / [email protected])

Nota de la editora: Esta es la primera nota de seis que cuentan y analizan la historia de Ivanna y sus dos papás

Ponce - Luego de 10 años de una sólida relación, Iván y su esposo Juan se dieron cuenta de que algo les faltaba: era el momento de tener un bebé.

Iván Meléndez y Juan Rivera, casados legalmente en el estado de California, anhelaban un hijo que llevara su sangre y apellidos. Ambos sabían que biológicamente era imposible. Además, estaban claros de era aún más complicado procrear en un país donde aún su matrimonio no es válido y sólo se reconocen como padres legítimos a un hombre y una mujer. 

"Nosotros hablamos de ser papás desde que nos conocimos en un evento de trabajo, pero hubo momentos en nuestra relación que nos enfocamos en el trabajo y nuestra empresa. Hubo un momento en que yo pensé que eso había quedado como algo que queríamos hacer, pero que no todo en la vida se logra porque la vida te lleva a otras cosas y algunas se quedan en pausa, como era la de tener un hijo", relató Juan, director ejecutivo de una institución de servicios médicos.

Poco después, en el 2012, Iván, médico de familia, retomó el tema. Así fue que afloraron las múltiples ideas, las largas conversaciones y los bombardeos de preguntas que se hacían mutuamente para asegurarse de que su deseo de convertirse en padres fuera real. Sentirse e imaginarse en este rol los movía a buscar opciones. Sabían que Puerto Rico no era el lugar.

"Yo me convertí en la conciencia porque para Iván siempre todo es hermoso y posible, es bien positivo y yo tenía que ser más realista", contó Juan mientras Iván sonreía a su lado en gesto de complicidad.

Empezar el proceso fue cuesta arriba. En la Isla, no hallaron información ni personas que los orientara sobre los pasos a seguir. En medio de la búsqueda, se trasladaron a California. Era en ese estado o en Maryland donde la ley les permitiría inscribir al bebé como suyo.

Tras más de dos años de planificación y una inversión de cerca de $150 mil, nació su pequeña Ivanna Sofía Meléndez Rivera. Curiosamente, los tres comparten el mismo nombre. Ivanna es el femenino de Iván, que es el equivalente a Juan pero en ruso.

Ivanna nació a través de una subrogación gestacional. Esto significa que la embarazada subrogada o en este caso "canguro" (como cariñosamente la llamaban Iván y Juan) sólo prestó su vientre para implantar el óvulo de otra mujer escogida también a través de otra agencia de subrogación, por lo que les aseguró que no tuvieran relación genética. El óvulo fecundado se implantó en el vientre de la sustituta una vez fue fertilizado con la esperma de uno de los dos padres. Ambos donaron esperma, pero no quisieron saber cuál de las dos fue escogida por el laboratorio para fertilizar.

"El laboratorio iba a escoger los espermatozoides más maduros y nosotros no quisimos saber porque es hija de los dos como quiera", aseguró Iván.

La difícil selección de un vientre

Seleccionar la mujer que cobijaría a su bebé fue difícil, pero no tanto como pronosticaron. Arduo porque tenían la incertidumbre de que su retoño estaría en el vientre de una mujer a casi 4,000 millas de distancia de Puerto Rico. Además, la escogida, debía poseer la salud, tranquilidad y el amor que ellos anhelaban que su bebé recibiera desde el vientre. 

Las candidatas a "prestar" el vientre son enlistadas en una especie de catálogo de las agencias de reproducción asistida. Ahí tienen unos perfiles que describen todos los detalles de las mujeres, desde su personalidad y su familia hasta su alimentación.

"Nosotros no teníamos ninguna referencia o alguna persona que nos orientara. En una de mis reuniones médicas en Estados Unidos, conocí a un colega que lo había hecho y le pregunté qué tenía que saber para escoger a la subrogada y me respondió: 'Confía' ", relató el galeno.

Intercambios de cartas de esperanza

Las compañías de subrogación les piden una carta de presentación a las parejas que quieren utilizar la gestación subrogada. En éstos textos deben explicar quiénes son y por qué desean procrear un bebé. Esas cartas, cargadas de una gran dosis de esperanza por encontrar una buena madre subrogada, son leídas por las candidatas. 

Así es como se da el primer contacto; a través de cartas.

No todo fue perfecto. Para ellos, por ejemplo, no fue fácil armonizar cinco agencias de subrogación diferentes para poder tener a su bebé a través de este método.

La pareja evaluó compañías con el mayor porcentaje de éxito en fertilización porque querían implantar un sólo óvulo y minimizar las probabilidades de un embarazo múltiple. "Aunque si venían gemelos los íbamos a querer", dijo Iván. 

"Es ella"

La pareja recibió un correo electrónico notificándole que la agencia tenía una candidata en potencia.

"Nos notificaron a través de unos psicólogos que hacen las entrevistas. Luego se dio la primera entrevista con ella vía Skype porque nosotros estábamos en Puerto Rico y ella en California", relató Iván.

Así fue como vieron por primera vez a Jennifer Love, una vegetariana de 40 años, casada con David Love y con dos hijas. Ella sería la mujer que cobijaría al bebé en su vientre.

"Fue la primera entrevista y supimos que ella era la persona", confesó el médico con visible emoción.

"Era como si la hubiésemos conocido toda la vida", añadió Juan.

Luego de ese primer encuentro cibernético hubo otros en persona. Uno de ellos incluyó la visita formal con psicólogos de la agencia. Luego de esa cita, ambas partes tendrían 24 horas para decidir si querían trabajar juntos.

Y así fue como esa confirmación los unió. Ya el camino para convertir su sueño en realidad había comenzado: su bebé ya tenía un vientre dispuesto a ampararlo por las próximas 40 semanas.

Continúa: Embarazados y a larga distancia 


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