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RÍO GRANDE - Apenas tenía 11 años cuando se enamoró de la meteorología. Era septiembre de 2004. La lluvia y las ráfagas de viento de la tormenta tropical Jeanne se hacían sentir en la Isla. Y Gustavo Aponte Rivera, en lugar de aguardar tranquilo en su cuarto a que pasara la tempestad, corrió maravillado hasta la marquesina de su casa a contemplar la furia de la naturaleza.

Hoy, a sus 17 años, Gustavo cuenta con su propio centro de huracanes. Desde su Regional Hurricane Center, que ocupa una esquina en la sala de su casa, el joven hace sus pronósticos del tiempo para Puerto Rico y el Caribe.

Los datos los obtiene de una estación meteorológica ubicada en el techo de la vivienda. Allí tiene un pluviómetro, un anemómetro (mide el viento), un termómetro y otros instrumentos que le ayudan a detallar cuánta lluvia ha caído, la velocidad y dirección del viento, la temperatura, la humedad relativa y la presión barométrica, entre otras cosas.

“Desde chiquito he tenido interés en la meteorología. Cuando pasó la tormenta tropical Jeanne salí a la marquesina y dije: ‘¡Wow!’. Desde entonces me interesé en estudiar los fenómenos atmosféricos”, manifiesta.

Gustavo relata que con la información que genera en su estación meteorológica confirma los pronósticos que hace el Servicio Nacional de Meteorología. Luego, comparte sus datos con dicho organismo, así como con otros meteorólogos del Caribe y los expertos del tiempo de la televisión local.

Precisamente, ese afán por confirmar qué tan efectivos son los pronósticos oficiales fue lo que lo llevó a crear su propio centro, que hasta 2007 se conoció como el Regional Weather Service. El nombre cambió en 2008.

“Cambié el nombre porque me voy a especializar en huracanes”, dice.

El joven, quien está próximo a cursar el duodécimo grado en la Academia Regional Adventista del Este, también emplea en sus pronósticos imágenes de satélite y radar. “Tengo modelos meteorológicos en los que puedo ver desde los vientos cortantes hasta el polvo del desierto del Sahara”, explica.

“También busco información que ya está publicada en Internet, la recopilo en mi libreta y la publico”, añade Gustavo, cuya estación meteorológica se actualiza cada ocho minutos.

Muy Bien conectado

Con evidente emoción, el joven admite que lo que más disfruta de su trabajo es ver cuando un disturbio atmosférico se está desarrollando.

“Me emociona ver cómo se va moviendo y cómo se van formando las capas de lluvia y tronadas”, expone.

Según Gustavo, la mejor forma de mantener informada a la ciudadanía es a través de las redes sociales. Por eso, su Regional Hurricane Center cuenta con un “web page” y puede encontrarse en Facebook, Twitter y MySpace.

En el “web page”, además de encontrar sus pronósticos, los usuarios pueden leer colaboraciones de expertos.

“Hago un resumen y pronóstico de lo que ha pasado en Puerto Rico. También hago un pronóstico del Caribe”, señala el joven, quien ha hecho todos sus contactos a través del ciberespacio.

Añade que pasa de tres a cinco horas diarias actualizando su centro.

Reconoce que al principio se le hacía un poco difícil entender los términos técnicos de la meteorología. Pero según ha pasado el tiempo, la práctica y la lectura le han facilitado la faena.

Gustavo tiene planes de completar un bachillerato en física y luego una certificación en meteorología. Además, pronto tendrá intervenciones en la emisora Radio Dimensión Cristiana. Y para su centro, cuyos gastos son costeados por su padres, espera adquirir una estación meteorológica más moderna.

“Soy un chico normal. Toco la guitarra, estoy en la banda de la iglesia a la que asisto y me gusta el cine”, dice.

“No me gusta que me llamen meteorólogo porque aún no he estudiado eso, pero hasta en la escuela todos me preguntan cómo está el tiempo”, concluye Gustavo, quien también ofrece charlas de orientación en su comunidad.

De hecho, del 2 al 8 de julio, el joven estará en Plaza Las Américas orientando al público sobre huracanes.


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