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RÍO GRANDE - Apenas tenía 11 años cuando se enamoró de la meteorología. Era septiembre de 2004. La lluvia y las ráfagas de viento de la tormenta tropical Jeanne se hacían sentir en la Isla. Y Gustavo Aponte Rivera, en lugar de aguardar tranquilo en su cuarto a que pasara la tempestad, corrió maravillado hasta la marquesina de su casa a contemplar la furia de la naturaleza.


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