Toda persona que disturbe la paz será sacada de la Sala de Meditación, según el reglamento. (horizontal-x3)
Toda persona que disturbe la paz será sacada de la Sala de Meditación, según el reglamento. (Juan Luis Martínez)

Ubica en el histórico edificio de Medicina Tropical, fundado en 1926 para la investigación y estudios postgraduados que se realizaban en esa época. Está aledaño al anexo del Senado. Para llegar, hay que atravesar dos puertas automáticas, una cafetería a la izquierda, los baños públicos a la derecha, y, al fondo, se encuentra el rótulo que identifica el espacio: Sala de Meditación

Se inauguró hace solo 27 días por virtud de la orden administrativa 12-91 del presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz

Es un lugar pequeño. Allí la simpleza reina. Un vitral con una paloma blanca al fondo, un podio, un sistema de sonido, un micrófono y 10 bancos de madera, de esos que es común ver en las iglesias. Caben cómodamente solo 24 personas sentadas. Está bien iluminada. Dos grandes ventanales dan hacia la avenida Constitución, en Puerta de Tierra. 

Afuera el calor azota con fuerza. Pero allí adentro hace frío, el aire acondionado está muy bajo. 

Es miércoles, mitad de la última semana de aprobación de medidas en la Asamblea Legislativa. 

Son las 10:30 de la mañana y la Sala de Meditación está vacía. 

En las oficinas del Capitolio se mueven las conversaciones de última hora, en especial los detalles del próximo presupuesto. El Senado ha retado a la Junta de Supervisión Fiscal (JSF) al colgar la medida que era el centro de las negociaciones entre el gobernador Ricardo Rosselló y el ente que controla las finanzas públicas: la eliminación de la Ley 80. Un nuevo Plan Fiscal con grandes recortes impuesto por la JSF para que rija el gobierno por los próximos cinco años se avecina. 

Hoy, sábado, es el último día de la presente sesión ordinaria.

Rivera Schatz, ha advertido que irá a los tribunales a defender las disposiciones constitucionales de los poderes que les otorga la Carta Magna del gobierno de Puerto Rico y que tras la aprobación de la Ley Promesa en el Congreso se han visto trastocados. 

A las 11:00 a.m. y había nadie ha llegado a la Sala de Meditación.

La misma Constitución del Estados Libre Asociado, aprobada el 25 de julio de 1952, que hoy se levanta en defensa de la autonomía de los procesos legislativos y la aprobación de un presupuesto, dispone en el Artículo III de su Carta de Derechos, lo que nos cobija sobre libertad de culto: “No se aprobará ley alguna relativa al establecimiento de cualquier religión ni se prohibirá el libre ejercicio del culto religioso. Habrá completa separación de la Iglesia y el Estado”. 

Y en esa última oración, se cifra el gran debate. 

De un lado, los que interpretan que el gobierno no puede inmiscuirse en ningúntipo de asunto religioso porque representa a una sociedad diversa, en la que conviven denominaciones de fe e individuos ateos, todos protegidos por la Constitución. Del otro lado, los que creen que lo que se dispone es un detente legal al Estado para no limitar la creación y la manifestación de religiones.

Durante la inauguración de ese espacio, descrito por algunos como un lugar de reflexión y que está bajo la Superintendencia del Capitolio, el juez del Supremo, Eric Kolthoff, dijo en su discurso que “nuestro gobierno no es un gobierno ateo”. Eso fue abrazado por unos y condenado por otros.

El costo de la Sala de Meditación fue de $90 mil, según el superintendente del Capitolio, José Jerón Muñiz Lasalle. Son fondos públicos que salen de las contribuciones que pagamos todos cada año. Todos, los creyentes y los ateos. 

La regla en la Sala de Meditación es que ninguna denominación religiosa imponga su fe. Cualquiera puede usarla, en un horario de 9:00 a.m. a 4:30 p.m. Hay días en que se dan cultos de media hora. Por ejemplo, el martes se celebró una misa católica encabezada por el padre Carlos Pérez, quien además de ser sacerdote católico tiene un contrato como asesor legislativo de la representante penepé María Milagros Charvonier. Participaron alrededor de ocho personas. 

El monseñor Roberto González ha asignado a tres sacerdotes para ofrecer servicios religiosos allí, dijo Joyce Negrón, administradora de la Oficina de Enlace Comunitario y Base de Fe. 

“Todos son bienvenidos. Si un musulmán pide la sala, hay que dárselo también. Es un área de reflexión y meditación”, dijo Negrón, quien se congrega en el Centro Cristiano Bet-El, de Dorado.

Son las 11:15 a.m. y llegó Alberto Laboy. Él es evangélico y profesa su fe en la iglesia Ministerio Sanador. Será el cantante del culto que comenzará en poco menos de una hora. 

Esta vez le toca el turno a la Cámara de Representantes y el servicio lo ofrecerá la pastora asociada Wilmarie Leduc, de la iglesia AMEC Casa de Alabanza, en Canovanas. 

Además de pastora, ella también es la mano derecha de Johnny Méndez, como jefa del personal que labora en la oficina del Presidente de la Cámara. 

Alberto tiene un cartapacio en sus manos con las copias de seis canciones: Creo en ti, Quiero llenar tu trono de alabanza, Cuán grande es Dios, Anhelo amarte, Lo harás otra vez y de Tal manera me amó. Espera por el pianista para seleccionar cuáles cantará.

“Para mí este lugar es importante porque representa al Señor... Tenemos este lugar para adoración, para expresarnos glorificando a nuestro Señor, buscando su presencia”, dijo Alberto.

Es la segunda vez que canta en la Sala de Meditación. La primera vez fue en un servicio que se celebró por el descanso de un compañero de trabajo del Capitolio que falleció.

Mientras cuenta que antes se reunía al mediodía con un grupo de compañeros de laIglesia Bautista, bajo la sobra de árboles, llegó el pianista: Carlos Cartagena. 

Carlos es tímido, no es de mucho hablar. Es músico casi desde la cuna. Toca el piano, la batería, la guitarra. Pero solo toca música en iglesias o actividades religiosas.

Carlos es empleado de la Oficina de Grabaciones de la Cámara y es militante en la iglesia Mission Board, de Bayamón. “Siempre que uno entregue su talento a Dios es importante. Reconozco que él fue el que me dio ese talento y es importante usarlo con los compañeros”, dijo.

Sacó el instrumento de música y comenzó a tocar notas, mientras Alberto cantaba algunas estrofas. La selección final fue: Creo en ti, Quiero llenar tu trono de alabanza y Cuán grande es Dios. 

“Esos serían los tres temas que se tocarían esta tarde”, destacó Alberto.

¿Cómo las seleccionaste?

-Entonando voz y tono, tratamos de que quede algo bien porque es para la gloria del Padre. 

¿Dónde tú cantas?

-Siempre que me invitan en iglesias o actividades de la Cámara o el Senado que necesiten la parte de alabanza.

Llegó la pastora. Ya es mediodía y en media hora encabezará el servicio a cargo de la Cámara. Los jueves le toca al Senado. 

Leduc estaba reunida en la oficina de la presidencia de la Cámara con parte de su staff atendiendo el tema de presupuesto justo antes de bajar a dirigir el culto. 

El reglamento para el uso de la Sala de Meditación establece que se le puede negar la entrada a alguien, si se entiende que afectará el orden y la seguridad del lugar. Dispone que se le puede revocar el permiso de uso si se comprueba que los motivos que ofreció para su uso eran falsos.

Llega el primer empleado: José Luis Rodríguez. Es asesor en la Cámara. Se sienta en una esquina del último banco. Se mantiene callado, mientras espera. Tras él, arribó un joven y desde ese momento el flujo de personas no paró. 

El reglamento también prohibe símbolos y que se enciendan velas, así como que se interrumpa de forma irreverente o irrespetuosa algún servicio.

A las 12:30 m. la Sala de Meditación está llena y los que llegan no se van, se quedan afuera. Una de las asistentes es la exsenadora penepé Lucy Arce, que hoy trabaja en la Oficina de Asuntos Laborales del Senado.

El servicio comienza. Se oye el piano de Carlos de fondo, mientras la pastora da la bienvenida. 

Sigue llegando gente.

Alberto canta y los congregados le hacen coro. 

“Denle un aplauso a Dios que está aquí”, reclama él y la audiencia responde a sus pedidos.

Si se cierran los ojos es como trasladarse a cualquier iglesia. Y pensar que a poco pasos, dentro de las paredes de mármol del Capitolio, se dan luchas de poder encarnizadas por la pugna entre el gobernador, los líderes legislativos y la JSF.

Como una forma de protección ante cualquier recurso legal en elque se reclame la inconstitucionalidad de la Sala de Meditación, se incluyó una cláusula de separabilidad. Es el artículo 11 del reglamento, en el que se establece que si alguna parte de ese documento es declarado inconstitucional por un tribunal, el resto del contenido no se afecta. 

Leduc entonces se coloca en el podio y micrófono en mano comienza a ofrecer su sermón. 

Poco antes me había contado que el lunes oró y que Dios la “iluminó”. Así fue que seleccionó el pasaje bíblico que fue el centro de su predicación: el libro de Lucas, capítulo 8, versículos del 40 al 56. 

Mientras hablaba de Jairo y su hija enferma, y de la “mujer del flujo de sangre”, su voz dominaba con firmeza el pequeño espacio. Los asistentes la seguían y en ocasiones, alzaban sus manos. 

Afuera del salón habían más de 25 personas. Seguían igual con atención las palabras de Leduc. 

La pastora termina, no sin antes pedir por bendiciones para Rivera Schatz y Méndez, así como para los trabajadores de la Asamblea Legislativa. 

Carlos toca el piano y Alberto comienza a cantar otra vez.

Arce, como otros, entona los cánticos con sus manos en alto. La concentración es total. 

“Este es un espacio sumamente valioso porque nuestros empleados son un reflejo de la sociedad. Son personas que también atraviesan situaciones personales, que su ambiente laboral también es tenso, por la dinamica que aquí se da y que, como todo ser humano, necesita un lugar donde voluntariamente puedan venir y tener un espacio de reflexión, de oración”, dijo Leduc. 

¿Qué mensaje quiso llevar con su sermón de Jairo y la “mujer del flujo de sangre”?

-La importancia de que no importa los escenarios que estemos pasando, nuestra fe trasciende cualquier circunstancia.

Es la 1:00 de la tarde. El servicio religioso acaba. 

Poco a poco la gente comienza a retirarse a sus oficinas en la Legislatura. Los que estaban afuera y los que participaron sentados adentro. 

“Ahora vuelvo al trabajo, a otra reunión”, dijo la pastora.

Arce dice lo mismo. A ella la esperan transportistas en su oficina. 

“Este espacio es el mejor proyecto... Recargué baterías, que me van a ayudar con mi cuñado. Mi sobrino murió de cáncer en el hígado. Tenía 52 años. No se supone que los padres entierren a los hijos... Ahora estoy fuerte”, contó Arce. 

El reloj ya marca la 1:10 p.m.

La Sala de Meditación queda otra vez vacía y el silencio vuelve a reinar. 


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