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“Son verdaderamente… se le ponen los pelos de punta a uno. Unos niños de esas edades hicieron una premonición de lo que iba a ocurrir”, sostuvo Tormes. (José "Pipo" Reyes)

PONCE – El dibujo de Hobraian mostraba un círculo marrón y líneas que aparentan ser un revolú.

En una esquina del papel, aparece una solitaria cruz. En la parte superior del dibujo se distingue su nombre.

El dibujo de María de Lourdes muestra una casa con escaleras , un árbol y, al menos, cinco cruces en un extremo. Otra cruz se observa en el suelo.

Ambos niños eran residentes de la desaparecida comunidad Mameyes en Ponce y sus representaciones artísticas se produjeron un 4 de octubre de 1985, tres días antes del fatídico 7 de octubre de ese mismo año cuando el deslizamiento de uno de los cerros que rodeaba la comunidad cedió por las intensas lluvias de una vaguada estacionaria.

Los dibujos, junto a otros cinco, forman parte de una colección que se exhibe en el Museo de Historia de Ponce en la Sala Memorial barrio Mameyes. Hobraian, un niño de 5 años, murió en la tragedia. Su nombre figura en un listado que publicó el gobierno en mayo de 1986 en el que daba cuenta de la “declaración de muerte” de los vecinos de Mameyes. El documento también está en una sala del museo.

La administradora de documentos públicos y directora del Archivo Histórico de Ponce, Gladys Tormes, dijo que adquirieron los dibujos luego de que la maestra de los menores, a quien no identificó, se acercó al municipio de Ponce y se los ofreció.

“Me dijo que eran importantes y los guardé”, destacó Tormes.

“Son verdaderamente… se le ponen los pelos de punta a uno. Unos niños de esas edades hicieron una premonición de lo que iba a ocurrir”, sostuvo Tormes.

Indicó que el 4 de octubre de 1985, la maestra de los niños, de entre 3 a 5 niños, les instruyó para que dibujaran lo que les “saliera de su mente”. El Head Start en el que estaban los niños ubicaba a pasos de la hoy desaparecida comunidad Mameyes.

“Casi todos pensaron en lo mismo, pero de diferente forma. Plasmaron lo que ellos pensaban. Esos nenes apenas aprendían a escribir su nombre. Uno lo ve y uno se estremece”, dijo Tormes.

Hoy, que se cumplen 30 años del deslizamiento que cobró la vida de 93 personas, el edificio que resguardaba el Head Start está en ruinas con sus dos niveles blancos. De la comunidad Mameyes, solo hay un monumento, con la imagen de un ángel en recordación de todos los que fallecieron. El lugar permanece desolado y carente de mantenimiento. La vegetación ha vuelto a acaparar el área en donde una vez hubo decenas de viviendas, según comprobó este medio.


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