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Adorno y Gómez, quien crió a May Lyn desde pequeña, asisten con regularidad a las terapias del programa para poder vivir con su realidad de no tener a su hija con ellos. (Jorge Ramirez Portela)

La muerte de su  hija May Lyn Vázquez en  un accidente  causado por un conductor borracho,  cambió totalmente la vida de   Irma Adorno.

La mujer, a la que le gustaba salir y  pasear  por la Isla con su hija,   cayó en una fuerte depresión que no la dejó salir de la casa por largos meses. Ni el teléfono quería contestar cuando sonaba, contó Adorno, de 70 años.

Su hija May Lyn   tenía 47 años cuando perdió la vida el 10 de noviembre de 2013. Esa noche, madre e hija y su padrastro,  Gilberto Gómez, habían acudido al Centro de Bellas Artes en Santurce a ver un espectáculo de magia. De regreso a    San Lorenzo para dejar a su hija en el hogar,  un hombre  que conducía en estado de embriaguez  por el Expreso Chayanne,  en San Lorenzo, impactó la parte trasera del auto en  que viajaba el trío familiar.

May Lyn, quien llevaba una carrera activa de 20 años en el servicio militar, murió en el acto por el fuerte impacto, mientras que su madre y su padrastro fueron hospitalizados.

“En el hospital supe que mi hija había muerto”, contó Adorno a  El Nuevo Día  irrumpiendo en llanto.  “Su muerte  trastocó todo. Yo no dormía, no salía, no me gustaba oír ni siquiera el teléfono, ni que me visitaran”, dijo.

Un año después de su muerte, Adorno vio una mejoría en su estilo de vida gracias a los servicios sicológicos que  ella y su esposo han obtenido  del programa Puertas Abiertas del  Ejército de Salvación en la Isla.

Este programa atiende las necesidades sicológicas de personas que sufren estrés postraumático por haber sido víctimas de delitos. Los  servicios sicológicos que este programa ofrece a nivel  individual, familiar o en pareja son gratuitos y confidenciales.

Adorno y Gómez, quien  crió a May Lyn desde pequeña, asisten con regularidad a las terapias del programa para poder vivir con su realidad de no tener a su hija con ellos.

“Me ha ayudado a estar más tranquila a pesar de que mi hija se fue y no va a volver”, sostuvo Adorno.

 “Nos ha fortalecido como familia", expuso su esposo, quien hablaba con más fortaleza. “Nos ha ayudado a aceptar su pérdida. Hace unas semanas pudimos salir juntos a pasear. Hace tiempo que no pasaba. No se trata de olvidar a mi hija May Lyn,  sino a aprender a vivir sin ella”, dijo Gómez.

Dos décadas  ayudando vidas. El sicólogo clínico de Puertas Abiertas del Ejército de Salvación,  Luis Francis, explicó que el programa lleva 25 años ayudando a individuos y  a familias víctimas de  asalto, robo, escalamiento, apropiación ilegal, “carjacking”, robo de identidad, agresión agravada, secuestro y asesinato.

“Es un proyecto pequeño que ha ido creciendo. Recibimos personas a través de referidos del Departamento de Justicia, pero hay personas que llegan directamente aquí”, manifestó.

Según Francis, muchas  víctimas del crimen pueden presentar  síntomas de  depresión, ansiedad,  miedo intenso, pesadillas, aislamiento, negación, entre otros, por lo que es necesario hacer un plan de intervención para ayudarlas  a  tener una mejor calidad de vida.

El padrastro de May Lyn expresó que gracias al programa él ha podido  canalizar sus emociones e impulsos porque luego del accidente que le arrebató a May Lyn   se llenó de sentimientos de ira,   cólera y desconfianza hacia los demás. “Este programa es excepcional”, expresó.

El pasado 23 de febrero, la pareja recibió  la noticia de que el responsable de la muerte de su hija salió culpable de los hechos. Se le impuso una sentencia de siete años de cárcel.


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