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Decenas de mujeres vestidas de blanco -algunas con trajes de novia y sus respectivos velos- marcharon ayer durante una actividad convocada por el Centro de la Mujer Dominicana en un intento por concienciar sobre la violencia doméstica, problema social que va en escalada.

El momento más emotivo se produjo cuando se leyeron los nombres de las 31 mujeres -cinco de esos casos aún en investigación- que en lo que va del año han muerto víctimas de la violencia doméstica.

La directora ejecutiva del Centro, Romelinda Grullón, dijo que se necesita más asignación de fondos y orientación “integral”. “Estamos diciendo basta a la violencia doméstica, a la violencia machista, a la violencia contra la mujer. Estamos levantando nuestra voz y también estamos en pie de lucha contra la violencia de género”, dijo Grullón.

Marcelina Polanco, era una de las participantes de la marcha y quien más abrumada lució mientras se leían los nombres. Tanto así que no pudo ocultar las lágrimas por buen rato.

En un aparte con este diario, Polanco reconoció que su llanto se debía a que tan reciente como el año pasado dejó de ser víctima de violencia doméstica. Contó que su compañero la agredió por última vez el 22 de julio del pasado año y, tras amenazarla con deportarla, llamó a la Policía.

“Él terminó preso”, dijo la mujer de 45 años.

“Esto lo estamos haciendo para mujeres -como nosotras- que hemos sido víctimas de violencia”, soltó Polanco.

Según explicó Grullón, al vestirse de novias las participantes estaban rindiendo honor a Gladys Ricart, una mujer dominicana que hace 12 años murió a manos de quien fuera su compañero justo en momentos en que se preparaba para ir a la iglesia a casarse.

“También estamos recordando -para no olvidar- a todas estas mujeres que han sido asesinadas. Le hacemos un llamado al País a que se una contra la violencia doméstica. No más muertes”, dijo Grullón.

A preguntas de la prensa, Grullón declaró que entre el 2004 y 2005 el Centro -ubicado en Río Piedras y que ofrece servicios de orientación, acompañamiento, asesoría legal y talleres educativos- hizo un estudio de necesidades de las mujeres dominicanas que arrojó que de cada diez entrevistadas, ocho eran o habían sido víctimas de violencia doméstica.

“De ahí la necesidad de comenzar un programa exclusivo contra la violencia doméstica y la agresión sexual en las mujeres inmigrantes. Estamos en desventaja (con las mujeres puertorriqueñas). Sabemos que hay muchas que no han buscando ayuda por temor, incluso a que las deporten”, dijo. Grullón asegura que esto es así por el factor inmigración y la carencia de redes de apoyo que tienen las mujeres dominicanas.

“Necesitamos más fondos y apoyo porque no damos abasto para poder atender a las mujeres que están llegando a nuestro Centro. Es muy importante la educación y la prevención para parar el ciclo de la violencia doméstica. Se está convirtiendo en una epidemia. Esto es una responsabilidad de todos”, agregó Grullón.

No titubeó en indicar que cuando hay que ajustar presupuestos a nivel gubernamental, la tendencia es recortar fondos destinados para la prevención y orientación de la violencia.

En la marcha participaron algunos hombres. Las mujeres salieron desde la plaza de recreo de Río Piedras por la avenida Ponce de León, atravesaron el Paseo de Diego bajo la mirada de múltiples compradores y visitantes y culminaron en la avenida Barbosa. Allí leyeron los nombres de cada una de las víctimas de violencia doméstica. Por cada una de ellas, una mujer cargó una pequeña cruz de madera con su nombre y su edad. Las edades de las víctimas oscilaban entre los 16 a 62 años.

“Considero que se están haciendo esfuerzos, pero no los suficientes”, sentenció Grullón.

No llegó al altar

Gladys Ricart, una dominicana de 38 años residente en Nueva Jersey, se encontraba un 26 de septiembre de 1999 dando los toques finales a su tocado y su traje de novia para de inmediato salir a la iglesia a casarse. Pero nunca llegó.

Agustín García, el hombre con el que vivió siete años de violencia doméstica entró a la residencia y le disparó en varias ocasiones. Ricart murió en el acto.

Su asesinato fue usado de ejemplo por otras mujeres para concienciar sobre este problema social.

En el primer aniversario de su muerte, una mujer de Miami, Josie Ashton viajó a Nueva York y con su traje de novia caminó hasta Florida para despertar la conciencia colectiva. La defensa de García aduce que este “actuó en un momento de intenso dolor”, según ha reseñado la prensa. Finalmente se pudo probar premeditación en el acto y García fue condenado a 25 años de prisión.


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