“Él siempre ha estado pendiente de mí”, le dijo Anthony Ramos Castro, de 26 años, a su padre Antonio Ramos Cruz. (horizontal-x3)
“Él siempre ha estado pendiente de mí”, le dijo Anthony Ramos Castro, de 26 años, a su padre Antonio Ramos Cruz. (David Villafañe)

“No llores que me vas a hacer llorar”, le dijo con voz entrecortada Anthony Ramos Castro, de 26 años, a su padre Antonio Ramos Cruz, de 46, para, de inmediato, fundirse en un emotivo y fuerte abrazo entre lágrimas. 

Se separaron tras poco más de 30 segundos. Ramos Cruz fue el primero en hablar. “Te amo mucho, Anthony”. 

Hace 25 años que padre e hijo no compartían el Día de los Padres en su hogar. Es el mismo tiempo que Ramos Cruz llevaba preso convicto por el asesinato de Haydeé T. Maymí Rodríguez y sus hijos Eduardo y Melissa Morales Maymí, de 5 y 3 años. 

Tan reciente como el miércoles, la jueza Berthaida Seijo Ortiz concedió un nuevo juicio a Ramos Cruz y a Juan Carlos Meléndez Serrano, también convicto por el mismo asesinato. Este es el segundo caso cuya defensa descansa en el Proyecto Inocencia. El primero fue el de los llamados “inocentes de Aguada”, convictos por el asesinato de Glorimar Pérez. 

 “Yo siempre vivía esperando que un día saldría de la cárcel porque el que no tiene hechas no tiene sospechas. Yo siempre decía ‘algún día me van a escuchar’”, dijo Ramos Cruz enjugando sus lágrimas con una servilleta que le acercó su esposa Isabel Castro. 

La mujer y el único hijo de la pareja, Anthony, siempre creyeron en la inocencia de Ramos Cruz. El hombre que entró a prisión con solo 21 años recuerda que tuvo que separarse de su bebé de tres meses sin entender por qué estaba siendo apresado por un crimen que asegura no cometió. “Antonio (Ramos Cruz) sufrió mucho el no poder estar con Anthony. Ese fue el dolor más grande que él tuvo, el no poder criarlo. Él siempre me lo decía”, dijo Castro. 

En la cocina de su hogar, el trío rememoraba las pocas, pero inquebrantables experiencias que mantuvieron intacto el lazo familiar. Ramos Cruz sobre todo, pensó en aquellas que siempre le hicieron sentir su responsabilidad de padre. “Antes de irme a trabajar, lo arropaba, lo cambiaba (de pañal). Le daba un besito”, dijo con ternura y mirando a su hijo con orgullo. 

La distancia y los barrotes no mermaron ni disolvieron un centímetro el respeto y el amor entre padre e hijo. Todo lo contrario. 

“Realmente, toda mi vida le he tenido un respeto a mi papá bien grande porque pasó todos esos años en prisión y se perdió muchas cosas importantes de mi vida como la graduación, el momento en que necesitaba un consejo… (aunque) él siempre me brindaba muchos consejos estando allá adentro (en prisión). Él me ayudó mucho. Él fue un apoyo bien grande en esta familia aunque estaba a la distancia”, afirmó el joven universitario. 

“Pasé por muchos problemas que él me ayudó. Relaciones pasadas que él me daba consejos. Aunque no estaba en mi cumpleaños, él siempre me llamaba, me decía todo lo que necesitaba. Soy una persona bien reservada, pero ese afecto lo he necesitado. Claro, él es un buen padre. Él siempre me llamaba, estaba pendiente de mí. Se preocupaba por mi salud porque a los 16 años fui diagnosticado con diabetes. Él siempre ha estado ahí pendiente a mí. Y eso es lo que me gusta de él”, agregó provocando el llanto de Ramos Cruz. Su hijo lo consoló diciéndole: “No llores que me vas a hacer llorar”. 

El momento ameritaba un fuerte abrazo, sentirse, tocarse, como no lo pudieron hacer con frecuencia por 25 años. Anthony recuerda las visitas a prisión cada fin de semana para ver a su progenitor, callar sobre dónde estaba su padre para evitar el comentario prejuiciado y vivir de lo positivo que su progenitor y su madre le proporcionaban. 

Ramos Cruz relató que cada día de los padres y en otras fechas importantes añoraba estar con su hijo. Contó que un día como hoy acallaba sus sentimientos recurriendo al ejercicio o a todo lo que le sirviera de distracción. “Lloraba solo o me ponía a escuchar música cristiana y me ponía un pañito aquí (sobre los ojos) y me dormía llorando porque hay personas que tú le hablas de un sentimiento de padre a hijo y como que no les importa”, relató. 

Ahora, la familia completa intenta rescatar cada instante perdido o, al menos, vivir a plenitud cada experiencia. “Todos los días son especiales para mí”, indicó Ramos Cruz.

 Hoy se proponen disfrutar de una buena comida como preludio a muchos inolvidables momentos porque Anthony ya planifica, en un futuro cercano, salir al cine con su padre y hasta viajar. 

“Quiero mostrarle a mi papá lo bonito que es el mundo. Ha estado tantos años en la cárcel que quiero que vea lo positivo, lo bueno que le puede dar el mundo”, afirmó con una sonrisa.


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