El meteorólogo Roberto García Hiraldo y el oficial de Ciencias y Operaciones Ernesto Rodríguez conversan sobre el trabajo que se realiza en la oficina de San Juan del Servicio Nacional de Meteorología (David Villafañe, Jessica Ríos Viner)

Pareciera que no ha pasado un día, pero ya va una semana desde que el Caribe fue abatido por el huracán más potente jamás desarrollado en el océano Atlántico desde que se tienen registros meteorológicos.

Los feroces vientos de Irma destrozaron casi por completo las islas de Saint Thomas, San Martín, Barbuda y Tórtola, y causaron severos daños en República Dominicana, Haití, Cuba y Turcos y Caicos. Al menos 38 personas murieron, y más de 80 familias puertorriqueñas perdieron sus hogares.

Las Islas Vírgenes tardarán meses, e incluso años, en recuperarse. Mientras, pese a que algunos municipios experimentaron grandemente el maltrato de vientos huracanados de hasta 115 millas por hora, Puerto Rico tuvo lo que podría considerarse un “golpe de suerte”, cuando el ojo de Irma mantuvo su movimiento hacia el noroeste.

A una semana de su paso al norte de Puerto Rico, los “expertos del tiempo” del Servicio Nacional de Meteorología (SNM) en San Juan reflexionaron sobre los aspectos que hicieron de Irma un huracán peculiar, más allá de su intimidante potencia, y por qué no causó el daño devastador al nivel que se esperaba.

Se veía claro en las fotos desde el espacio. Una monstruosa nube, muy organizada, con un ojo de circunferencia perfecta, arropaba la isla la noche del pasado miércoles, 6 de septiembre. El ojo justo al norte, ni más ni menos, a 55 millas de San Juan en su punto más cercano, luego de acercarse a 26 de Culebra y Fajardo.

Un leve cambio en esa ruta, un simple movimiento hacia al sur, y Puerto Rico hubiese experimentado el embate inclemente del fenómeno categoría 5 en la escala Saffir-Simpson.

“Yo hablaba mucho del llamado ‘zigzag’. Aun estando tan cerca, hay una gran incertidumbre con un sistema tan fuerte. Los huracanes no se mueven en línea recta, sobre todo los intensos, y un movimiento de esos para un lado o el otro pueden significar un gran cambio. No hay nadie que pueda pronosticar eso”, explicó el director del SNM, Roberto García.

Lo que ocurrió en las Islas Vírgenes fue que, estando tan cerca, Irma hizo un viraje tipo “zigzag” hacia el oeste, luego hizo otro hacia arriba y ahí le pasó por encima a Barbuda y Saint Thomas. Según García, eso mismo pudo haber pasado aquí.

“Siempre hablamos de la trayectoria más probable, pero tenemos que acompañar eso con una declaración de que existe la incertidumbre, por pequeña que sea, de que esa parte de la pared (del ojo) se mueva sobre tu área y cause un daño catastrófico. Mucha gente piensa que estamos poniendo avisos de más, pero es que no hemos llegado a la perfección en los pronósticos de trayectoria e intensidad”, detalló.

Aunque las proyecciones de trayectoria han mejorado bastante en los últimos años, todavía no se ha llegado hasta el punto de que, estando un huracán tan cerca, se pueda asegurar si impactará o no la isla.

“Eso todavía no lo puedo hacer. Es mejor preparase y que no te toque lo peor, que no prepararte y nos tocara lo que le pasó a las Islas Vírgenes. La gente los ve ahí en el mapa y piensa que es fácil pronosticarlo… no”, añadió el meteorólogo.

No obstante, la preparación ciudadana fue uno de los aspectos que diferenció este huracán y evitó que el daño fuera mayor. Quizás el mensaje sí llegó, quizás fue el impacto del huracán Harvey en Texas que caló hondo en el subconsciente. “Las personas sí tomaron acción. En Puerto Rico sí se prepararon”, destacó.

Por otra parte, Puerto Rico recibió el lado menos fuerte del sistema. “Lo que la gente llama el ‘dirty side of the storm’, la parte derecha del movimiento que está más fuerte, se quedó sobre el mar. La dirección del viento siempre está cambiando. En el caso de Puerto Rico, los vientos de Irma se mantuvieron del oeste al suroeste porque el ojo pasó al norte, nunca nos pasó por encima”, dijo García.

Aunque Irma tenía un movimiento extraño para un huracán, se comportaba de acuerdo a los pronósticos del Centro Nacional de Huracanes, con sede en Miami, Florida, ciudad que también fue impactada por el ciclón. “Pero, por seguir ese pronóstico, es que nos llenaba más de ansiedad, porque se iba acercando, y acercando, y acercando…”, mencionó García.

Otro aspecto que destacó fue que, contrario a años anteriores, hubo una mejor comunicación entre los empleados del SNM y el gobierno.

“Siempre, el primer sistema que se dice que viene y no viene, nos echan la culpa a nosotros. Esta vez nos concentramos en explicar las limitaciones de nuestro pronóstico y el peligro de este tipo de fenómeno, así que estábamos en la misma página y entendieron que la fuente oficial de información meteorológica somos nosotros”, detalló.

Algo que ayudó a que fluyera la comunicación y respuesta entre agencias fue que, hace solo tres meses, las agencias de respuesta a emergencias tuvieron un ensayo sobre qué hacer y cómo responder ante el impacto de, precisamente, un huracán categoría 5.

“Un mal necesario”

El CNH pronosticó de tres a cinco huracanes intensos para esta temporada, lo que se considera “por encima de lo normal”. Con el desarrollo de Harvey, Irma y José, aún se pueden esperar dos ciclones adicionales de este tipo. “Nos queda el resto de septiembre y todo el mes de octubre, y está caliente”, dijo García, tras recordar que el pico de la temporada de huracanes es en estos días.

La temperatura del mar está subiendo; mientras más alta, más energía hay para que unhuracán se desarrolle y fortalezca. De agosto a octubre, el mar está en el pico de calor, lo que funciona como “gasolina” para crear estos sistemas.

“El huracán es un mal necesario, porque se lleva toda esa energía, todo ese calor, hacia los polos. Entonces, los frentes fríos traen toda esa masa fría hacia los trópicos y el planeta crea un balance. Es una respuesta natural del planeta. El problema no son los huracanes; el problema somos nosotros, que nos da con vivir en la costa, que nos da con vivir al ladito de los ríos, que no construimos con los parámetros necesarios. Si no existieran los huracanes, el planeta se va a inventar otra forma de crear ese balance”, afirmó.

Irma se convirtió en depresión tropical el pasado lunes mientras se encontraba sobre el estado de Georgia. 


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