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Yosuel Osorio, estudiante de décimo de la escuela Belén Blanco, durante el foro “Jóvenes del milenio comprometidos con la transformación de Puerto Rico” del Programa Talent Search de ASPIRA. (Suministrada)

Con el deseo de aportar a su comunidad, fomentar el liderazgo y el sentido de pertenencia, estudiantes de varias escuelas en Loíza se unieron en la iniciativa “Proyecto Comunitario Control de Mosquitos”, una junte que mezcla el teatro con la educación para llevar un mensaje de prevención ante la proliferación de enfermedades transmitidas por el Aedes aegypti.

El proyecto -que reúne alrededor de 25 alumnos de las escuelas Belén Blanco, Jesusa Vizcarrondo y Superior Vocacional Nueva- forma parte de ASPIRA, una organización sin fines de lucro que sirve a 1,894 estudiantes y es auspiciada por el Departamento de Educación de Estados Unidos.

“Este proyecto surge tras el brote de mosquitos en el área de Loíza luego del huracán María (20 de septiembre de 2017), ya que Loíza es un pueblo con muchos humedales. Una vez pasan las inundaciones, vemos una cantidad de mosquitos exorbitante y rápido ASPIRA nos contactó y metimos manos a la obra”, explicó Yosuel Osorio, estudiante de décimo de la escuela Belén Blanco, durante el foro “Jóvenes del milenio comprometidos con la transformación de Puerto Rico” del Programa Talent Search de ASPIRA.

En un aparte con El Nuevo Día, Osorio detalló que, para llevar un mensaje educativo, los estudiantes recibieron charlas del entomólogo Manuel Lluberas y, posteriormente, crearon una obra de teatro llamada “The Last Mosquita”, que comenzaron a presentar desde marzo de 2018.

“El mensaje lo llevamos a través de una obra de teatro. Lo decidimos así para impactar a la niñez y que la niñez lleve el mensaje a las personas mayores, padres, abuelos, etcétera”, dijo Osorio. 

A su vez, los jóvenes hacen visitas bisemanales a la comunidad Parcelas Suárez para orientar y poner trampas de mosquitos, y realizan sus propias investigaciones con la ayuda de maestros de ciencia que fungen como mentores durante los fines de semana.

“Nos hemos tenido que ganar la confianza de las personas porque antes eran como más cerradas, no nos dejaban entrar y ahora nosotros salimos a la comunidad y las personas nos reciben, nos abren las puertas de sus casas. Nosotros vamos a los patios de las casas, si las personas nos autorizan, y les explicamos cómo colocar las trampas y también les enseñamos lugares donde podrían hacerlo”, compartió, por su parte, Geylimar Rodríguez, estudiante de noveno grado.

Según los alumnos, los residentes incluso se sorprenden al ver cuánto conocimiento ostentan los jóvenes, por lo que su meta también es demostrarle a la comunidad que “la juventud no está perdida” y que no hay porqué subestimarlos.

“Es importante cómo los jóvenes estamos desarrollando posturas críticas y asumiendo una nueva posturade democracia, creando capacidades para convivir con los adultos que tienen una percepción diferente”, destacó Lishianne González, estudiante de undécimo grado involucrada en el proyecto.

La idea es estructurar mejor la iniciativa para replicarla en otros municipios y lograr que más jóvenes se involucren.


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