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Estudiantes del recinto de Ponce de los Centros Sor Isolina Ferré posan para una foto tras su ceremonia de graduación de cuarto año, celebrada ayer en Coamo. (Suministrada) (horizontal-x3)
Estudiantes del recinto de Ponce de los Centros Sor Isolina Ferré posan para una foto tras su ceremonia de graduación de cuarto año, celebrada ayer en Coamo. (Suministrada)

Coamo - Ella pasó por incontables hogares sustitutos y él se enfrentó al sistema judicial al menos en tres ocasiones, tras la rebeldía que presentó al fallecer su padre.

Pero las circunstancias vividas no fueron impedimento para alcanzar un escalón importante de sus respectivas metas académicas, cuando ayer Allison Nicole Ortiz Cartagena y Bryan Alexis González Sánchez se pusieron la toga para recibir el diploma de escuela superior.

Estos jóvenes desfilaron junto a un centenar de estudiantes de la Clase Graduanda 2018 del Centro Académico Psicosocial Alternativo (CAPA) de los Centros Sor Isolina Ferré en Ponce, Guayama y Caimito, en un emotivo evento realizado en el Centro de Convenciones Luis “Wito” Santiago de Coamo.

Allí se reunieron para celebrar sus logros junto a los familiares, amigos y mentores que les ayudaron a completar este importante trayecto.

Para Bryan Alexis, la educación recibida en los centros marcó una nueva oportunidad de reencaminar sus pasos, tras desacertadas decisiones que le ocasionaron problemas legales cuando apenas tenía 8 años de edad.

“El impacto mayor de mi vida inició con la muerte de mi padre en el 2009. Su muerte marcó una historia que me llevó hasta el abismo, sentí un coraje tan fuerte que lo expresaba con una actitud violenta hacia mis compañeros en la escuela”, confesó el joven residente en Caimito, San Juan, quien ahora tiene 18 años.

“Como consecuencia de esto tuve varios problemas legales, la primera vez fue por un caso de agresión cuando tenía 8 años de edad. En el 2016 llegué a los Centros Sor Isolina Ferré como parte de las condiciones expuestas por el tribunal para cumplir una sentencia de un año, que al cumplirla, inicié una conducta autodestructiva y la influencia de mis amigos me llevaron a un abismo”, relató Bryan Alexis, ataviado con el atuendo de graduando.

Mas, el apoyo recibido tanto de su familia como de los trabajadores sociales del CSIF en Caimito fue el motor que motivó a que Bryan Alexis pudiera mirar la vida con esperanza.

“Dios nos ha traído al mundo para vencer, conquistar y lograr todo lo que soñamos”, expresó el joven, logrando una gran ovación entre sus compañeros.

Mientras tanto, al otro lado del proscenio estaba Allison Nicole, una joven salinense de 18 años que también se graduaba al culminar sus estudios en el CSIF de Guayama.

Pero la vida de esta muchacha de cabellos dorados tampoco fue fácil, pues estuvo en tantos hogares sustitutos que prefirió no llevar la cuenta.

“No fue fácil, porque yo vivía en los Estados Unidos, estaba de casa en casa y eran tantas que ni sé cuántas fueron. Eso me traumatizó un poco porque yo era pequeña, cambiando de un lado para otro, pasando por muchos problemas y cosas que no entendía al momento”, expresó.

Según Allison, al cumplir 17 años de edad su vida dio un giro alentador cuando su abuela Sonia Santiago Acosta y su tía, Lisandra Santiago, fueron a buscarla a Nueva York para traerla a vivir con ellas en la comunidad Sabana Llana de Salinas.

“Fui a la escuela de Sor Isolina en Guayama y al principio me sentí que no encajaba, porque me daba mucho temor confiar en las personas. Pero en la escuela había gente que en verdad me ayudaron, rompieron barreras, me dieron la mano y pude superarme”, manifestó Ortiz, quien actualmente estudia Enfermería Práctica en Edutec de Coamo.

De esa manera, 103 estudiantes de toda la isla completaron su cuarto año de escuela superior, desafiando sus respectivas circunstancias.

El principal oficial ejecutivo de los CSIF, José Luis Díaz Cotto, indicó que entre los graduandos, cerca de 78 jóvenes continuarán estudios en instituciones de educación superior, 22 cuentan con empleo y tres están en vías de conseguir trabajo.

“Más del 90 por ciento de estos jóvenes ya están ubicados en universidades, ya van a trabajar. Jóvenes que no les gustaba la escuela, que no iban a la escuela y han venido aquí con una asistencia 98 por ciento, enfermos, como sea vienen a buscar el pan de la enseñanza”, destacó Díaz Cotto en su mensaje oficial.

“Recuerden cuando llegaron, cómo se sentían, todos esos miedos que tenían y ahora se ve la cara de felicidad. Y de eso se trata, de reconocer la capacidad de estos jóvenes que son obra maestra de Dios, únicos, irrepetibles, talentosos, capaces y lo que hay es que darles el espacio para que crezcan”, agregó el principal ejecutivo de la institución.


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