Richard Pérez Rodríguez bailó para artistas como Luis Fonsi y Daddy Yankee, pero ahora es uno de los prisioneros en el Complejo Correccional Guerrero.

Aguadilla -  Si había alguna duda de dónde nos encontrábamos, el sonido del choque de metales del portón que separa la entrada del resto de la prisión lo deja más que claro. El eco estremece.

Entramos al Complejo Correccional Guerrero. En el salón de visitas, la maestra de ballet Juliana Ortiz practica los pasos que enseñará hoy. Desde hace unos tres meses Ortiz da clases de movimiento corporal con la técnica del psicoballet a unos 25 reclusos de esta institución penal. 

Entre ellos se encuentra Richard Pérez Rodríguez, de 34 años, quien fue bailarín profesional y coreógrafo de artistas como Wisin y Yandel y Luis Fonsi

De recorrer escenarios alrededor del mundo manteniendo a su familia con su talento, Pérez Rodríguez ahora extingue una condena de 15 años por haber robado tres veces la misma compañía de préstamos. Los tres incidentes en menos de un mes. 

La desesperación, dijo, se mezcló con una depresión que lo llevó a auto medicarse y tomó decisiones que ocasionó que perdiera todo lo que amaba. Perdió su libertad, la oportunidad de ver a sus hijos crecer, la posibilidad de volver a un escenario, y a causa de su condena, su matrimonio.

La primera vez que Pérez Rodríguez bailó en una tarima, tenía 15 años e imitaba a Ricky Martin en la celebración de la Semana Puertorriqueña de su escuela. Al año siguiente fue becado en una academia de baile en Bayamón, luego bailó en el certamen de Miss Universe Puerto Rico y tres años más tarde empezó a bailar con la merenguera Giselle. Le siguieron Ednita Nazario y Tito “El Bambino, hasta que alcanzó su sueño: bailar con Luis Fonsi. 

Cuando se graduó de escuela superior entró a estudiar comunicaciones en la Universidad Interamericana. Durante los años siguientes, bailó con Zion y Lennox, Daddy Yankee, Don Omar, Paulina Rubio, Aventura, Farruko, Wyclef Jean, Camila, Ivy Queen, David Bisbal y la gira de conciertos de Wisin y Yandel “Los Vaqueros: el regreso”. 

“Tengo tres pasaportes llenos. Viajé casi todo América Central, del Sur, Venezuela, Chile, Argentina, Panamá, Ecuador, Perú, Nicaragua y Estados Unidos, además de Holanda”, recordó el coreógrafo. A los 19 años, comenzó como maestro de electiva para el sistema de los Padres Dominicos en el Colegio Santa Rosa en Bayamón. 

Fundó dos escuelas de baile, una en Isla Verde y otra en Bayamón, pero tuvo que dejarlas por los compromisos artísticos. “En ese momento yo estaba mi ‘peak’.Audicioné para bailar con Wisin y Yandel y me llamaron para que fuera de coreógrafo. Monté siete canciones”, afirmó. 

“Empiezo en el 2004 en el colegio y terminé en el 2012, cuando unos colombianos compraron el sistema y eliminaron las clases que ellos entendían que no eran productivas. Quitaron el baile, el teatro… pero estuve allí ocho años”, relató Pérez Rodríguez. 

Pero poco después todo se empezó a desmoronar. A quedarse sin trabajo en la escuela, se sumó la cancelación de varias giras artísticas. Poco a poco fueron bajando los “guisos”. 

“Desde finales de 2013 hubo una merma en cuanto a ‘shows’ y yo dependía de esto. En este ambiente tú tienes un estilo de vida y de momento, perderlo todo… tuve que sacar a mi hija del colegio, no podía pagar el cuido del nene, la luz, el agua… es una desesperación que tú abrías la nevera y lo que había era un galón de agua”, detalló. 

Lo que sucedió después no se le hizo fácil de contar.  Empezó a consumir cocaína y a automedicarse con pastillas para combatir la depresión. Cuando lo cuenta, evita decir la palabra y baja la voz cuando se le pregunta en detalle. La vergüenza es evidente. 

“Ahí es que empieza esto. Tomé una pésima decisión de tocar esa porquería y ahí fue que todo se cayó. Buscaba trabajos, en lo que fuera, pero no aparecía. Caí en una depresión que, realmente, yo no deseaba vivir. Yo decía que había defraudado a mi familia, a mis hijos, a mis padres, a mis estudiantes. Había tratado de salir del hoyo en varias ocasiones, pero ya no quería vivir”, explicó Pérez, quien luego del proceso judicial fue diagnosticado con depresión mayor. 

El 7 de mayo de 2015, Pérez Rodríguez salió de su residencia y condujo lo más lejos posible. Si hacía algo, no quería que fuera cerca de su hogar. En el bolsillo, llevaba un pote con lo que se conoce como “tres pasitos”. 

“Yo sentía que esos momentos de mi vida yo lo que había traído eran problemas. Yo sentía que yo era un problema para mi familia. El éxito pasó y me dejé caer. Llego a Isabela y me estaciono en el paseo y había un ‘Borinquen Title Loans’ al frente”, recordó. 

Antes de tomárselo, decidió bajarse del auto y entrar al establecimiento. Preguntó cómo era el proceso. Luego de la explicación, Pérez Rodríguez sacó la bolsa donde estaba el líquido letal. 

“La puse en el ‘counter’ y le dije que me diera el dinero. Él me dijo: ‘¿perdón?’, y yo: ‘que me pongas el dinero ahí’. Y me fui. Yo entré sin nada, ni un palillo de dientes, les dije que me dieran el dinero y ya, me lo dieron y así mismo salí. No lo amenacé, ni una mala palabra le dije. Imagínate que él dijo en su declaración que pensaba que era una broma. Lo vi tan fácil que a la semana y media volví”, detalló. 

Con el dinero pagó el cuido del hijo y las cuentas que tenía en atraso. Siguió buscando empleo, entregando resumés, pero nada llegaba. 

Consiguió una entrevista en una tienda en Guaynabo. Antes de la entrevista, recibió la llamada del banco avisando que, si no pagaba, le iban a quitar la guagua a su esposa. En la entrevista le dijeron que no había puestos disponibles. “Le dije que, aunque fuera con un mapo, yo lo que necesito es trabajar, pero me dijeron que me llamaban cualquier cosa. Ahí se me derrumbó todo”, contó. 

Así, luego de beber varios medicamentos, con el resumé en mano, entró por tercera vez a asaltar el mismo negocio, esta vez en la zona metropolitana. “A todas estas yo estoy en la nota, puse mi resumé en el ‘counter’ y al lado la fundita para que me dieran los chavos. Me fui y dejé mi resumé. Prácticamente yo me entregué. Mira si yo estaba desenfocado y no sabía lo que estaba haciendo, que ni una gorra tenía puesta. Fue una crisis emocional que yo pasé”, dijo mientras aseguró que no intenta justificar su comportamiento. 

Según el recluso, la pena que le fue impuesta en Aguadilla es desproporcional con sus actos. En el Tribunal de San Juan lo sentenciaron a tres años por el delito de apropiación ilegal, mientras que en Aguadilla lo condenaron a 15 por robo, aunque se trató de los mismos actos, cometidos de la misma manera, pero en pueblos distintos. 

El artículo 181 del código penal de Puerto Rico establece que “incurrirá en delito menos grave, toda persona que ilegalmente se apropie sin violencia ni intimidación de bienes muebles pertenecientes a otra persona”.

Mientras, el artículo 189 sostiene que “toda persona que se apropie ilegalmente de bienes muebles pertenecientes a otra, sustrayéndolos de la persona en su inmediata presencia y contra su voluntad, por medio de violencia o intimidación, será sancionada con pena de reclusión por un término fijo de 15 años.”

“Cometí un error, como hombre lo acepto y he trabajado con eso. Pero yo ya cumplí el tiempo por mi verdadero delito. Estamos claros, yo sé lo que sucedió, yo sé que lo hice mal, pero sucedió de esta manera, no para la sentencia que tengo”, lamentó. 

El pasado 27 de junio, Pérez Rodríguez sometió una solicitud de clemencia para un indulto condicional al gobernador Ricardo Rosselló. Estas peticiones no tienen un protocolo establecido y quedan totalmente a discreción del primer ejecutivo.

“Yo no soy así, esto no es lo que yo hago. Mira, yo no soy especial, yo no siento que yo merezco un trato especial, pero si me vas a juzgar, júzgame por lo que realmente yo hice porque yo no soy un criminal habitual que me dedicaba a robar para mantener a mi familia, al contrario. A muchos niños y jóvenes les llevé lo que es la cultura. Llevé las artes y el baile a través del mundo”, recordó. 

“Yo lo que quiero es estar con mi familia, salir hacia adelante. Yo fui un ejemplo y motivación de jóvenes que seguían mi carrera y lo que quiero es llevarles un mensaje sobre lo que me sucedió. He aprendido tantas y tantas cosas, pero lo más importante es a no dejarte caer. Hay ayuda. Si te encierras lo que vas a tomar son malas decisiones. Hay que buscar apoyo. Todo tiene solución. No te desenfoques. No te vayas por lo negativo. Busca ayuda profesional pero nunca te desenfoques de tus metas”, añadió. 

El bailarín recordó que durante el primer año y medio se le hizo bien difícil adaptarse a la cárcel. 

“No te puedes acostumbrar. Yo no quiero estar aquí. No me siento más que nadie, pero no quiero ser un confinado que esté acostumbrado a esto. Allá afuera está mi familia y hay muchas oportunidades que esperan por mí. Yo salgo con trabajo”, expresó. 

Sin pensarlo dos veces, Pérez Rodríguez afirmó que si logra salir lo primero que va a hacer es estar con su familia. Cuando recuerda la primera vez que sus hijos lo visitaron, se queda sin palabras. Mira un rato al piso. 

“Acho, fue fuerte. Cuando yo vi a mi hija entrar por ahí…  para ese entonces tenía 8 años y, obviamente la situación la ha hecho crecer un poco más rápido. No fueron fáciles esas primeras visitas, y cuando se van que siempre se les queda el sonido del portón. Pero yo tengo mucha fe en lo que va a suceder. Se que se va a aclarar”, expuso.

Ahora le queda esperar. “Pedirle a Dios y doblar rodilla”, dijo. Mientras tanto, toma clases, asiste a los cultos, y detrás de una pequeña cortina, en el área que comparte con 24 reclusos más, se pone unos audífonos y vuela. Con el baile, escapa de las paredes de la prisión y se despeja. “Me saca de esto”.

¿Su futuro? En estos momentos, en las manos del gobernador. 


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