El doctor Antonio Mignucci, director del Centro de Conservación de Manatíes, explicó que esta es la segunda ocasión en la que se intenta liberar al manatí de 627 libras al mar.

A solo 25 días de su liberación en el balneario de Dorado, la recuperación del manatí Aramaná está en riesgo, debido a la interacción inadecuada de personas que se le acercan para darle comida o agua, tocarlo, trepársele encima y hasta agredirlo.

El Centro de Conservación de Manatíes de Puerto Rico y el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) advirtieron ayer que, de seguir reportándose esta conducta impropia, Aramaná sería reubicado en otra playa. Si el animal pierde peso y su salud se deteriora podría, incluso, regresar al cautiverio.

“Lo liberamos en el mismo sitio donde se rescató (hace siete años) y esperábamos que la gente tuviera conciencia y lo dejaran tranquilo para que pudiera adaptarse, pero ha sucedido lo contrario”, lamentó el director del Centro, Antonio Mignucci.

“La gente lo que quiere es tocarlo y estar en el agua con él, pero tocar al manatí va en detrimento de su adaptación en su ambiente natural”, agregó.

Por su parte, Nilda Jiménez, bióloga marina del DRNA, indicó que tienen reportes de incidentes sobre personas que “buscan, persiguen y se le montan a caballo” a Aramaná.

Aramaná fue liberado el pasado 30 de octubre, con un peso de 627 libras y tras demostrar habilidad de comer por su cuenta.

Fue la segunda liberación para el mamífero. En el primer intento, fue liberado en el balneario Punta Salinas, en Toa Baja, junto a la manatí Yuisa, en 2016. Luego del encallamiento de una embarcación de America Cruise Ferries a una milla del muelle de San Juan, fue reubicado por un mes.

A su regreso a Punta Salinas, Aramaná viajó hacia el este y se instaló en la bahía de San Juan. Por no tomar suficiente agua dulce ni alimentarse bien, perdió 238 libras y tuvo que ser rescatado. Volvió al Centro y pasó 22 meses en rehabilitación.

“Todas estas situaciones hacen que Aramaná tenga mucho apego con las personas, pero necesitamos que conozca su hábitat, que explore y busque por su cuenta fuentes de alimentación y agua. En la medida que la gente lo busca, es tiempo que Aramaná pierde en adaptarse”, recalcó Jiménez.

Los voluntarios del Centro visitan el balneario de Dorado tres veces en semana para monitorear a Aramaná. Mignucci contó que aprovechan la ocasión para orientar a las personas sobre cómo comportarse con el animal.

Jiménez añadió que el Cuerpo de Vigilantes del DRNA también visita el balneario, pero “no podemos tener un oficial detrás de cada persona y, por eso, es importante concienciar sobre estas interacciones inadecuadas”.

En términos de cómo reaccionar al ver a Aramaná, ambos destacaron, en primer lugar, que las personas no deben tocarlo ni trepársele encima.

Tampoco deben alimentarlo,ya que altera su proceso de conseguir yerbas marinas y agua dulce por su cuenta.

Mignucci y Jiménez recomendaron a las personas salir del agua y darle tiempo al manatí de alejarse. Asimismo, si ven a otras personas comportándose inadecuadamente, deben orientarlas.

“Él (Aramaná) tiene que enfocarse en sobrevivir y no en la gente que lo quiere tocar. Estas personas tienen que dejarlo quieto y ayudarlo en su adaptación; que sientan un poco de orgullo de que este animal es de Dorado y lo cuiden”, acotó Mignucci.

El DRNA está en busca de voluntarios que orienten a las personas en el balneario de Dorado. Los interesados deben escribir a [email protected]


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