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La vida de David (nombre ficticio) parece magnífica. El hombre de 27 años está casado, tiene un bebé y trabaja como ingeniero agrícola. David está contento ahora, pero cuando era adolescente estuvo al borde de la muerte a causa de la depresión.

Carmen Parrilla Cruz, que ha estudiado el suicidio desde hace 40 años y conoció a David cuando era un joven de 16 años, compartió su historia con El Nuevo Día.

David intentó a suicidarse tras ocho meses de observar las peleas y el abuso doméstico entre sus padres. Tomó pastillas para suicidarse porque no sabía cómo apoyar a su familia, pero por suerte, en el hospital le salvaron la vida.

Entonces David empezó a ir a un siquiatra, al que todavía asiste, para mantener un buen estado de ánimo. Con el tiempo, se ha convertido en un símbolo de esperanza para muchos puertorriqueños que atraviesan etapas difíciles en sus vidas.

“Mucha gente puede salvarse si recibe la ayuda indicada en el momento en que la necesita”, dijo Parrilla Cruz, quien preside la Asociación de Suicidología de Latinoamérica y el Caribe. También trabaja con la Fundación Puertorriqueña para la Prevención del Suicidio.

“Es una emergencia que no puede esperar”, afirmó.

Los jóvenes en particular son muy susceptibles a la depresión: entre el 20 y el 25 por ciento de los niños varones han contemplado el suicidio durante algún momento en su vida, según Marcela Bonafina, una neuropsicóloga. Para las niñas, el pronóstico es todavía peor: entre 35 y 40 por ciento.

José (nombre ficticio) es un adolescente que ha tenido problemas con la aceptación de sus compañeros de la escuela. Además de que es joven, es homosexual, otro factor que puede causar depresión porque es una preferencia sexual minoritaria entre la población.

“Si no tuviera las metas que tengo hoy, sería el fin de mi vida”, reveló, refiriéndose a un periodo hace desde tres años cuando escribió frecuentemente en su diario acerca de la muerte.

Una de sus metas es estudiar sicología en la universidad para ayudar a otros con inclinaciones suicidas.

Hoy, José tiene muchos amigos que aceptan su sexualidad. Una de sus pasiones es escuchar sus problemas. Piensa que una parte de la solución es simplemente hablar.

“Hay un mundo grande allá afuera”, declaró. “Tiene que existir alguien que quiere hablar contigo y ayudarte con cualquier situación que tengas”.

Según las estadísticas del Instituto de Ciencias Forenses, en total hubo 94 suicidios menos en la Isla en 2011 en comparación con el 2010. Además, el número oficial de suicidios de 2011, 240, es el más bajo del siglo XXI. Pero resulta importante saber que las estadísticas no representan una historia precisa sobre el suicidio en la Isla.

Los expertos médicos dijeron que la reducción de los suicidios no forma parte de una tendencia a largo plazo.

“Es información sin contexto”, expresó Bonafina.

Durante los pasados 12 años, hubo un promedio de 307 suicidios cada año. Parrilla Cruz dijo que en los años recientes hubo menos suicidios de mujeres, pero en general la estadística se mantiene estable.

Los expertos atribuyen la frecuencia del suicidio en la Isla a varias causas. Bonafina y Parrilla Cruz enfatizaron la importancia de aumentar el nivel de educación acerca de las señales de la depresión y el suicidio. Esta solución sería la más beneficiosa para la Isla, según ellas, para eliminar tabúes.

“Mucha gente desconoce cuáles son las señales, entonces no tiene herramientas para ayudar en la identificación temprana”, afirmó Parrilla Cruz. “Es la única manera en que podemos ayudar: identificar temprano a una persona que está en crisis”.

Sin embargo, las estadísticas acerca del suicidio ofrecen de cierta manera una prueba de una situación positiva.

Suzanne Roig, la directora de la sala de emergencia del UPHA, el Hospital de Salud Mental Para Niños y Adolescentes, dijo que durante el pasado año fiscal hubo muchos más menores en la sala con intentos suicidas. Roig atribuyó este hecho a que más personas están llamando para pedir ayuda, y, como resultado, menos niños y adolescentes están suicidándose. Todos los jóvenes que fueron a la sala de emergencia sobrevivieron, afirmó.

Saber reconocer las señales es la clave para ayudar a la gente en crisis, confirmó Jorge Rodríguez, un asesor de la Organización Panamericana de la Salud. Según él, “el sistema de información” de Puerto Rico está bien en comparación con otros países de Latinoamérica y el Caribe, pero siempre puede mejorar.

Además de los ciudadanos, los médicos y otros profesionales de la salud deben aprender más sobre cómo ayudar a la gente con tendencias suicidas, dijo Parrilla Cruz. Ella piensa que un solo taller en el currículo de la escuela de enfermería, por ejemplo, no es suficiente.

“Es como la gente que maneja automóviles”, indicó. “Si no conoce las señales de tránsito, usted no puede manejar responsablemente un automóvil por la carretera”.

Si el conocimiento en la Isla crece poco a poco, la gente como David puede buscar la ayuda necesaria.

“Él fue sufriendo cada vez más, sufriendo, sufriendo”, dijo Parrilla Cruz. “Es un hombre valioso, un buen esposo, un buen padre y un buen hombre, útil para Puerto Rico. Todos los problemas tienen soluciones y el suicidio no es una solución a ningún problema”.


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