Los residentes de la isla perdieron todo tras el azote del huracán Irma (Alex Figueroa Cancel)

Llegaron al muelle sin poder esperar un minuto más… Traían flores y carteles que leían el nombre de un ser querido. En algunos casos no  pudieron contener las lágrimas. 

Fue una mañana llena de emociones. Así pasó el tiempo en el muelle 4 del Viejo San Juan, a donde llegó hoy un crucero con 507 refugiados procedente de la isla de St. Thomas, a más de una semana del paso destructivo del huracán Irma por el Caribe.

El barco llegó con un día de retraso, lo que añadió ansiedad a los que esperaban a familiares y conocidos.

Con un ramo de claveles, Margarita Díaz llegó acompañada de Zoraida Díaz, ambas empleadas de la Administración de Veteranos en Puerto Rico. Observaban con detenimiento a medida que el enorme crucero atracaba en el puerto esperando a una colega de la misma agencia, destacada en Saint Thomas, a quien el ciclón le destruyó todo lo que tenía.

“Eso fue bien fuerte”, expresó Zoraida al recordar que pasaron varios días antes de tener alguna noticia de Loretta Fox, quien es de origen estadounidense. “Estamos bien emocionadas… Nosotras estamos preparadas para recibirla, hospedarla y darle todo el apoyo para que se vuelva a establecer”.

Minutos después, Fox fue la primera en salir del muelle y se fundió en un abrazo con Margarita sin poder contener el llanto.

Luego siguieron bajando el resto de los pasajeros, entre los que se encontraban varios puertorriqueños. Uno de ellos fue Javier Ramos, de Mayagüez, y empleado del Marriott en St. Thomas.

Fue desastroso. El hotel se perdió el 60% de la estructura… bien desastroso. Teníamos 500 huéspedes y los tuvimos que mantener con comida y luego llevarlos al muelle. Ahora fue que pudimos salir”, relató Ramos, quien nunca había pasado una experiencia de esta índole. 

Todo está destruido… las carreteras, los cables en el piso, muchas casas son techos… Está mala la cosa allá”,  agregó.

“Acá, chacho, bien feliz de estar en Puerto Rico, de ver el Morro”, manifestó el boricua sobre sus emociones cuando el barco entraba a la bahía de San Juan.

También llegó Iván Silva, natural de Rincón. Pese a que experimentó un gran susto durante la tempestad, dijo que había decidido quedarse más tiempo para ayudar con las labores de recuperación, pero le recomendaron que se fuera a Puerto Rico.

Nos dijeron: ‘tienen que irse, porque no queda nada más aquí’”,  contó Silva, quien laboraba también en uno de los hoteles Marriott de la vecina antilla.

“Cuando salimos, (había) una devastación inmensa. Nos salvamos de milagro porque las ventanas explotaron. Seis personas tuvimos que encerrarnos en un baño… cuatro acinco horas todos juntos allí esperando a que terminara”, relató.

Cuando se le preguntó qué es lo que más urge allá, señaló que “agua, hielo, energía, plantas eléctricas, comida, pañales… todo lo que necesita un ser humano para poder vivir porque no hay nada. No hay casas, perdieron todo. Hay que reconstruir el país que esta devastado”.

Entre la muchedumbre que había en la salida peatonal del muelle, Miryam Rivera caminó lentamente hacia la puerta por donde salían los pasajeros. Llevaba sus manos agarradas sobre su vientre hasta que las levantó para extenderle los brazos a sus hijos que justo salían en ese instante.

Ambos, sonrientes de ver a su madre, la abrazaron al mismo tiempo pero rápido se les aguaron los ojos a medida que ella les apretaba el cuello sin dejarlos moverse mientras sollozaba.

“Estamos bien, estamos bien”, le decía José Manuel Rivera para tratar de calmarla.

“Llegaron bien”, expresó con alivio la madre, quien estuvo casi una semana sin poder hablarles hasta que logró comunicación con ambos ayer. “Gracias a Dios están bien”.

Expresó que el tiempo que estuvo sin poder comunicarse con ambos “fue horrible, un desespero, las preocupaciones, porque no sabíamos lo que había pasado… desesperante”.

José Manuel, quien laboraba como chef en un restaurante hace un año, dijo que la situación en St. Thomas “es muy triste. Está devastada. Yo me tuve que venir, porque no tengo trabajo por ahora. Esperamos que los ayuden y lo arreglen porque está bien devastada. Va a tardar”.

Comentó que entre las situaciones difíciles que se han registrado están los incidentes violentos como “cuando abren las gasolineras, cuando dan las cosas principales y están muy alterados por eso. Pero están tratando de pasarlo… Hay toque de queda por la noche. Todo el mundo se recoge. No hay luz”.

Según el secretario de Estado, Luis Rivera Marín, en total llegaron 507 personas, mucho menos de los casi 2,000 que se habían anticipado.

“El capitán nos explicó el proceso de abordaje. En St. Thomas tienen un toque de queda que va de las 6:00 p.m. a las 12:00 p.m., lo que redujo la ventana para que pudiesen abordar pasajeros”, explicó Rivera Marín.

El funcionario añadió que el crucero Majesty of the Seas ahora cargará casi 100 “paletas” de víveres y diferentes tipos de abastos de primera necesidad que llevarán a San Martín, a donde esperan llegar temprano en la mañana. Luego regresaría a San Juan con más refugiados.

Por su parte, el director de la Autoridad de Puertos, Omar Marrero, indicó que casi todos los que llegaron hoy en el crucero hicieron reservaciones en hoteles, se van en vuelos afuera de la isla o fueron recibidos por allegados en Puerto Rico.

Marrero dijo que al menos seis se van a quedar en el refugio que se estableció en el Centro de Convenciones.


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