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Es dudoso que el género humano logre crear un enigma que el mismo ingenio humano no resuelva. 

-Edgar Allan Poe

Blanca Pérez tiene una secadora de ropa que está cogiendo polvo en un rincón de su casa porque el sol hace gratis el mismo trabajo de secado. Y José Colom Valle  va al trabajo en bicicleta y no compra comida,   pues la lleva preparada de su casa. 

Con el mismo ritmo de vida, entre el ajetreo del trabajo y la familia, Marie Solange Rivera y su esposo cortaron  todos los gastos de salón de belleza y barbería, cocinan la comida para toda la semana y preparan justo lo que se van a comer para no desperdiciar nada. No compran un solo refresco y cancelaron su servicio de cable e internet. Marie Solange aseguró, con  jocosidad, que su casa se ha convertido en “un campo de batalla contra  los gastos excesivos”. 

La misión colectiva: ahorrar para mantener  a flote las finanzas mientras la economía se recupera. Ante esto, la vida frugal parece ser la mejor opción.

Aunque muchos de los ajustes que está haciendo el consumidor están relacionados con  los alimentos,  hay otros renglones que son importantes a la hora de rendir el presupuesto, como disminuir el consumo de combustible, agua, vestimenta y gastos estéticos. 

El 60% de las familias trabajadoras en Puerto Rico tienen ingresos que apenas alcanzan los $1,500 o $2,000 mensuales.  En cambio, el costo de vida experimentó un dramático aumento    en la última década. Según refleja   el Índice de Precios al Consumidor, que publica mensualmente el Departamento del Trabajo y Recursos Humanos, el costo de vida aumentó un 20% entre el 2001 y el 2011. El precio de los alimentos se disparó aún más: un 32%.

Mientras los costos de vida aumentan y los salarios permanecen igual, el ingenio de los asalariados se manifiesta como una lluvia de estrellas en la noche.

El caso de Raquel Rosario Zorrilla, modista, representa la creatividad de muchos puertorriqueños que día a día luchan  contra el alto costo de vida. La modista ha generado el hábito de verificar los “shoppers” antes de ir al supermercado y ha reducido los gastos de energía eléctrica apagando las luces. 

“Compro solo lo que necesitamos y verifico los especiales.  Y me ha resultado también no comer fuera de la casa”, aseguró Rosario Zorrilla, quien desde hace tres años decidió cortar por completo las visitas al salón de belleza y aprendió a cortar su cabello sola. 

“Busqué en Internet y en vídeos de YouTube cómo cortarse el cabello uno mismo y aprendí. Dejé de gastar $60 mensuales”, contó la modista. “¿Por qué no hacerlo por ti mismo si no tienes la alternativa de pagarlo? ¡Aprende!”,  añadió entre risas.    

Reír por no llorar

Enrespuesta a una pregunta de este diario en las redes sociales, cientos de personas respondieron qué hacen para sostener sus hogares con bajos salarios. Aunque entre algunos se reflejó frustración, hubo otra serie de comentarios sostenidos en un evidente sentido del humor en los que explicaron cómo han hecho lo necesario para sobrevivir.    

Ese es el caso de Marie Solange, que aseguró que  está  “muy orgullosa de mi ingenio para que todo se pague y no nos falte nada”. Para ella, el tener que hacer sacrificios económicos es una forma de prosperar, pues confía en que todo mejorará y está trabajando para ello.

Mientras esto ocurre, los productos de marcas genéricas o privadas (las que producen las propias cadenas) siguen ganando terreno y ya no se ven como una cuestión de pobres, según la portavoz de Walmart Puerto Rico, Bruni Torres. 

Aunque las ventas de los productos comerciales superan a los privados, “se ha visto un aumento sustancial en la venta de los artículos privados (o genéricos) y la gente ya no lo ve como algo negativo”.

Según la Radiografía del Consumidor 2011, publicada por la Cámara de Mercadeo, Industria y Distribución de Alimentos (MIDA) un 85% de los encuestados admitieron estar dispuestos a comprar marcas genéricas. Un 63% evaluó la calidad de esas marcas  como buenas. El estudio asegura además que los encuestados están “calculando cada uno de sus pasos”.

Otra de las técnicas que se están  utilizando para reducir los gastos ha sido hacer las comidas en  la casa. Actualmente, entre un 70 a 90% de las personas preparan sus desayunos y almuerzos en sus casas, según  MIDA.

Mimos y ocio a bajo costo

La vida de bajo costo supone muchas limitaciones. En especial cuando se trata de esos lujos que siempre ponen en  negativo el presupuesto. 

Pero algunos no están dispuestos a cambiar su estilo de vida y buscan  descuentos en el mercado para extenderlo y de paso estirar el peso.

Se ha visto el debut de páginas cibernéticas como Shop.pr, Groupon, Gustazos y Kiero Kiero, que ofrecen grandes descuentos para actividades y servicios que regularmente  se clasifican como “lujos y gustitos”. 

Por ejemplo, estos sitios publican semanalmente  ofertas con descuentos que pueden llegar al 70% en servicios estéticos como blanqueamiento de dientes, tratamientos para adelgazar o recortes  en salones de belleza. 

Y ante un evidente aumento  de las personas que  prefieren cocinar en casa, las ofertas que más apoyo reciben son las de restaurantes, en las que una cena completa con bebidas y postre para dos en un restaurante lujoso podría costar cerca de $17.

Para Olga Álvarez, maestra de profesión, este tipo de ofertas le dan la oportunidad de probar experiencias y servicios nuevos a bajo costo. 

“Tengo que confesar que estoy registrada en todas esas páginas para  ver  las ofertas que hay. Todos los días por la mañana veo las ofertas que hay  porque me llegan al email y los veo en orden de llegada. He decidido comprarlos porque tienen buenas ofertas, me ahorro mucho dinero”, dijo. 

La maestra contó que  ha comprado servicios de  tratamientos corporales como masajes y ofertas de gimnasios que no habría considerado comprar sin un cupón. Recientemente compró uno de clases de ‘spinning’.

¿Seremos más racionales? 

La pregunta sería si después que pase la crisis económica y llegue la bonanza prometida, el consumidor haya logrado una evolución.

La consultora de mercado Nielsen, fundada en España pero con sedes en todo el mundo, incluyendo en Puerto Rico, expuso  que el consumidor ha cambiado los hábitos de compra y consumo y con esto los fabricantes y distribuidores se enfrentan a un cliente evolucionado: menos irreflexivo, más razonable  y exigente.

Esto pone en aprietos a los comerciantes, pues para mantenerse compitiendo en el  mercado deben mantener los precios bajos asegurando a la vez la  calidad.

Rafael Gouirán, director de Nielsen Puerto Rico y República Dominicana, explicó que los consumidores están demostrando ser más racionales por medio de los ajustes a los que han recurrido para bajar los costos. “Y las compañías están buscando alternativas para bajar sus precios”, sostuvo Gouirán para explicar que las empresas están reaccionando a los cambios del consumidor.

Yesenia Serrano, directora de Mercadeo del centro comercial The Outlet 66 Mall en Canóvanas, explicó que los consumidores ya están acostumbrados a comprar los mismos productos de calidad por menos costo. “Están en la posición de por qué pagar más cuando pueden pagar menos”, indicó.


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