El alcalde de Cataño, Félix “Cano” Delgado y la alcaldesa de Morovis, Carmen Maldonado, entienden que debe ser una sola organización porque todos tienen las mismas necesidades

Unos rescataron personas de casas inundadas, otros ayudaron a arreglar los techos que la furia del huracán María arrancó. Rompieron candados de comedores escolares en busca de comida para alimentar a personas hambrientas, establecieron centros de acopio en instalaciones municipales y, cuando para algunos ya la emergencia acabó, decenas de alcaldes alrededor de la isla continúan atendiendo las secuelas del ciclón a un año de su devastador paso por Puerto Rico.

Fueron los alcaldes de los 78 municipios los primeros -y, en ocasiones, los únicos- que respondieron a los pedidos de auxilio y tomaron acción ante las necesidades de miles de personas que quedaron sin hogar, sin agua, sin luz y sin alimentos.

“El gobierno central colapsó. Estábamos solos”, manifestó el alcalde de Cataño, Félix “Cano” Delgado, al recordar cómo las interminables horas durante las cuales los vientos del sistema tropical azotaron su municipio se convirtieron en semanas de trabajo para mitigar los daños.

“Los alcaldes no nos cruzamos de brazos. Demostramos que somos más diligentes, más responsables y tenemos el sentido de urgencia que el gobierno central nunca va a tener”, añadió.

Ante las obstrucciones en las carreteras, la destrucción de las redes de telecomunicaciones y el estupor en el que quedaron las altas esferas de múltiples agencias gubernamentales frente a la devastación total de la isla, no tomó mucho tiempo para que los municipios se dieran cuenta de que tenían que resolver sus problemas por sí mismos.

“Los alcaldes fueron la primera línea de defensa del país”, esbozó el profesor de Derecho y Ciencias Políticas Héctor Luis Acevedo.

Obligación compartida

En situaciones de emergencia en Puerto Rico, las administraciones municipales y las agencias de la rama Ejecutiva comparten diversas responsabilidades. Por ejemplo, el Departamento de la Vivienda administra los refugios, pero las Oficinas Municipales de Manejo de Emergencias deben identificar los potenciales riesgos a la ciudadanía, y los alcaldes hacen exhortaciones a quienes deben salir de sus hogares.

Pero, para este tiempo el año pasado, fueron las administraciones municipales las únicas que suplieron las necesidades de las personas que se quedaron sin hogar, sin alimentos y sin agua.

“Las personas tenían hambre, no tenían casa, no podemos dejarlos en la calle. Estuvimos hasta enero entregando comida, estuvimos repartiendo agua hasta la semana pasada”, señaló la alcaldesa de Morovis, Carmen Maldonado.

Relatos así se escucharon alrededor de toda la isla. El gobierno municipal de San Sebastián creó sus propios equipos -bautizados como la Pepino Power Authority- para reparar la red eléctrica. El municipio de Toa Alta asignó equipos de policías municipales a labores de patrullaje preventivo en las zonas rurales, ahogadas en oscuridad, para llenar el vacío dejado por la Policía estatal.

Los primeros días y semanas tras la emergencia, la mayor parte de las ayudas que recibieron los ciudadanos salieron de organizaciones sin fines de lucro que se unieron a los alcaldes para llegar a los más necesitados, recordó Sally Priester, presidenta de la Academia de Directores Médicos y fundadora de The Priester Foundation.

“En general, la respuesta de los alcaldes a los ciudadanos fue más efectiva, más rápida, más digna y de más calidad que la respuesta del gobierno central, que en ocasiones, fue cero”, expresó Priester, quien pasó varios días trabajando en el Centro de Operaciones de Emergencias (COE), en Miramar.

Las experiencias

“Es demasiado. La devastación es demasiada”, fueron las primeras palabras que Delgado escuchó de un líder comunitario cuando la furia del huracán María comenzó a salir del pueblo costero. Esa conversación quedará grabada por siempre en su memoria, relató.

Tan pronto los vientos bajaron de intensidad, Delgado salió con miembros de su equipo para limpiar las vías de acceso.

Las misiones de rescate dieron paso a un centro de acopio que, abastecido con artículos de primera necesidad que compró el municipio y otros donados por organizaciones sin fines de lucro y empresas privadas, repartió bolsas de compra durante semanas. A la vez, distribuyeron los toldos que les entregaron entidades benéficas, limpiaron las carreteras que le tocaban al Departamento de Transportación y Obras Públicas (DTOP) y levantaron los postes que eran responsabilidad de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE).

El escenario fue el mismo en Morovis. La alcaldesa se lanzó a las calles una vez los vientos dieron tregua para comenzar a documentar los daños y, de inmediato, un policía municipal le informó que uno de los peores escenarios se materializó: el río derrumbó el puente hacia el barrio San Lorenzo, cortando todo paso hacia tres barrios moroveños.

“Fue desesperante cuando vimos que el puente no estaba. Cuando llegué allí, fue uno de los momentos más difíciles. La gente gritaba al otro lado que no sabían nada de sus familias en otros sectores, que no tenían nada. Las casas de madera desaparecieron”, expresó Maldonado.

Aunque la administración municipal adquirió artículos de primera necesidad antes de la llegada de María, no fueron suficientes. Maldonado pensó en ir al supermercado del pueblo, pero el techo de la estructura había colapsado. Solo encontró una alternativa, sacar los alimentos de los comedores escolares de las 13 escuelas del pueblo.

“Rompan los candados”, fue la instrucción que dio a los policías municipales. Se llevaron los alimentos para el sótano de la casa alcaldía, donde empacaron todo en bolsas para entregar a las familias.

Enfrentó críticas por su acción y le informaron que, ante la Policía, se radicaron querellas por los alimentos que se sacaron, pero aseguró que lo volvería a hacer.

Alianzas municipales

Quienes se dieron la mano mutuamente fueron los líderes municipales. El alcalde de Orocovis le ayudó a limpiar las vías de tránsito, pues ambos municipios comparten las carreteras principales. La gasolina para los vehículos municipales -entre ellos patrullas y ambulancias- la obtuvo gracias al ejecutivo municipal de Manatí.

Acevedo, un exalcalde de San Juan, destacó que una de las principales funciones de un gobierno es velar por sus ciudadanos, particularmente los más vulnerables. En esto, el gobierno estatal falló, pues ni siquiera reconocieron a tiempo la cantidad de personas que murieron a causa del ciclón, argumentó.

“Antes del huracán, quizás, había gente que pensaba que había muchos políticos, muchos alcaldes. Pero con María, demostramos que los alcaldes somos los que respondemos por la gente, somos la voz de nuestro pueblo, del país”, expresó el alcalde de Cataño.

De cara al futuro

Por décadas, los alcaldes de la isla han estado agrupados en dos organizaciones, la Federación y la Asociación de Alcaldes, acorde con el partido político al que pertenecen. La primera reúne a los ejecutivos novoprogresistas, la segunda, a los populares.

Delgado publicó en mayo pasado su propuesta para crear una sola entidad que agrupe a todos los alcaldes, la cual podría llevar el nombre de Municipios Organizados de Puerto Rico (Mopur).

“Los 78 alcaldes tenemos mucho poder. Con todos los alcaldes unidos, no hay gobernador, no hay gobierno central que no nos escuche”, expresó Delgado.

La propuesta tiene respaldo entre varios alcaldes, tanto del Partido Nuevo Progresista como del Partido Popular Democrático. Maldonado indicó que ya se han dado reuniones entre diversos dirigentes municipales para discutir la creación de una nueva organización.

“Todos los alcaldes tenemos las mismas necesidades, tenemos los mismos problemas. Nadie entiende mejor lo que pasa en los municipios que nosotros mismos”, indicó la alcaldesa.

Maldonado, además, sostuvo que se deben tomar pasos de política pública para facilitar las acciones que deben tomar los ayuntamientos para prepararse ante una emergencia. Por un lado, se deben ampliar las instancias en las que un municipio puede hacer compras sin necesidad de conseguir tres cotizaciones, como lo dispone la Ley de Municipios Autónomos, indicó Maldonado, quien aclaró que deben definirse bien las circunstancias y los productos que se podrán adquirir.

Asimismo, la alcaldesa señaló que se debe derogar el impuesto al inventario que se cobra a los comercios por los artículos almacenados, pues esto limitó los artículos disponibles en la isla cuando cerraron los puertos.

En términos de la ayuda directa a las personas, tanto Delgado como Maldonado destacaron que es crucial crear bases de datos para saber dónde están las personas enfermas y postradas en cama.


💬Ver 0 comentarios