En Singapur residen algunas 50 familias boricuas (horizontal-x3)
En Singapur residen algunas 50 familias boricuas. (Suministrada)

Alrededor de 18,000 kilómetros separan de Puerto Rico a las casi 50 familias boricuas que residen en Singapur. Sin embargo, durante el paso del huracán María esa distancia se acentúo y desde el otro lado del mundo por primera vez se sintieron completamente aislados de su país.

Aunque la ansiedad, el temor y la tristeza invadieron sus días, los puertorriqueños en tierra singapurense no se quedaron cruzados de mano y ayudaron desde el sur asiático a levantar a su isla.

“Yo no lloraba en la oficina por obra y gracia, pero yo se lo dije a mi jefe: si me ves llorando déjame, es porque hay mucho dolor”, afirmó Helen Rosario, natural de Cayey y quien vive en Singapur hace dos años junto a su esposo Peter Rodríguez, de Río Piedras, y sus dos hijas.

Rosario y Rodríguez, ambos ingenieros, son graduados de la Universidad de Puerto Rico (UPR), recinto de Mayagüez y se establecieron en Singapur por sus trabajos. Rosario labora para la empresa de bienes raíces CBRE y Rodríguez se desempeña como director de planta en Amgen Singapur.

Ambos vivieron de cerca la pesadilla de estar lejos de su patria durante el huracán. La incomunicación fue el principal problema que se encontraron tras el paso de María por la isla. 

“Llegábamos a la casa a conectarnos a la radio online, a ver los tuits sobre lo que estaba pasando. En la noche era que podíamos comunicarnos con Puerto Rico porque por el día había que trabajar y mantener la compostura”, dijo Rodríguez.

Una vez comenzaron a relucir las primeras imágenes del Puerto Rico post María, la diáspora boricua en Singapur se activó.

Así fue que la pareja recibió la llamada de Yamile Lama Bonilla, otra boricua que hace seis años reside en Singapur.

Al grupo también se unió el ingeniero puertorriqueño Luis Sierra Placeres, natural de Naguabo, y quien desde el 2015 trabaja en la farmacéutica Merck de este país que se ha convertido en su hogar y el de su esposa.

El ingeniero Luis Rivera Placeres (a la derecha) fue uno de los líderes de la iniciativa. (Suministrada)

El esfuerzo de este grupo de boricuas fue respaldado por el resto de las familias puertorriqueñas que viven en Singapur, así como por los locales y extranjeros que allí residen.

Su iniciativa también fue apoyada por la farmacéutica Merck y Amgen que hicieron posible el traslado de los suministros hacia Puerto Rico.

“Las enviamos a instituciones directas, puerta a puerta a las organizaciones que habíamos identificado, gente que sabemos se iban a mover”, indicó Rosario.

Sierra, por su parte, recalcó que el grupo actúo “con malicia porque queríamos que las cosas llegaran a la gente que de verdad lo necesita”.

El ingeniero reconoció que todos los voluntarios tenían temor de que las donaciones no llegaran a la isla, debido a los problemas que reportaron en el Muelle de San Juan con los furgones varados con miles de suministros.

Tras varias semanas de recolección y trabajo arduo, el resultado de los esfuerzos de los boricuas fue el envío de tres vagones de 40 pies que llegaron vía aérea a Puerto Rico cargados de comida, agua, ropa y otros artículos de primera necesidad.

Para Rosario, el respaldo de los singapurenses fue fundamental en la elaboración del plan para asistir a la isla.

“Fue este sentido de que todos somos iguales, este sentimiento de que a nivel cultural expresamos diferente, pero te das cuenta de que sienten igual. Ellos se identificaron con nosotros de una forma muy hermosa”, reconoció.

Entretanto, Rodríguez narró a endi.com que su casa se convirtió en un gran centro de acopio en donde personas de todas partes de Singapur llevaron sus donaciones.

“Hubo una gran integración, la gente se desbordó y se identificó con la causa”, dijo.

Algunas de las organizaciones que se beneficiaron con la iniciativa de estos boricuas fueron el Centro Comunitario de Caguas, en Caguas, la Fundación Pequeño Joshua, en Bayamón, la Parroquia de la Iglesia Católica Santa Bernardita y el Hogar Casa Ruth, ubicados en San Juan.

El grupo de puertorriqueños afirmó que las iniciativas de ayuda para Puerto Rico desde Singapur continuarán, pero enfatizaron en que “así cómo evolucionan las necesidades, las ayudas evolucionan”.

“Estamos claros de que nuestra responsabilidad es servir, estamos en un país espectacular y en lugar de quedarnos como espectadores nos convertimos en agentes de cambio”, aseguró Rodríguez.

Por su parte, Sierra dijo que el impacto del huracán María representó una oportunidad para ver “renacer el país” y mirar hacia Singapur, un país que, a su juicio, “Puerto Rico no tiene nada que envidiarle”.

“Lo importante no es lo que somos, sino lo que queremos ser. Singapur era algo en su momento y decidieron mirar a lo que querían ser”, estableció el ingeniero.

Asimismo, dijo que el poderoso fenómeno atmosférico demostró que “el país está caminando por la gente”.

“Tenemos que apostar a Puerto Rico, yo apuesto a Puerto Rico. La gente es brillante, emprendedora y luchadora. El país está caminando por la gente que está adentro y afuera, no por los líderes”, dijo.

Rosario y Rodríguez visitaron la isla en diciembre y aseguraron que pudieron darse cuenta “de la cicatriz” que existe en el país producto del huracán.

“Fuimos en diciembre a la isla y la vi destruida. Hasta la naturaleza se ve que se impactó… camino a Cayey se ve el dolor”, expresó Rosario.

La exalumna de la UPR de Mayagüez dijo que al regresar a Puerto Rico se dio cuenta de la necesidad que tiene el país de “sentir que está ganando”.

“En medio de todo lo que estamos manejando necesitamos empezar a tener victorias pequeñitas que nos permitan sentir y ganar de nuevo una confianza de país que hemos perdido. Nos enfocamos en lo negativo, pero siempre que tiene que haber la confianza de que los buenos somos más”, reafirmó.


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