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“Amigos, el Colegio de Abogados de Puerto Rico está solidario con ustedes en esta lucha, adelante”.

Estas breves palabras en español retumbaron en el monumento a Lincoln en Washington, D. C., aquella tarde del 28 de agosto de 1963, cuando miles de hombres y mujeres se congregaron en el lugar para exigir la erradicación del discrimen racial en los Estados Unidos. Hoy, 48 años después, todavía retumban en la memoria del grupo de puertorriqueños y puertorriqueñas que viajó desde la Isla para sumarse a la multitudinaria marcha, que concluyó con el famoso discurso de Martin Luther King, Jr., “Yo tengo un sueño”.

En entrevista con El Nuevo Día, en el marco del natalicio del líder negro y activista de los derechos civiles, los abogados Noel Colón Martínez, Ludmilia Rivera Burgos y William Fred Santiago conversaron sobre su participación en la histórica manifestación y reflexionaron sobre el pensamiento kingniano.

Once abogados y abogadas formaron esta delegación de Puerto Rico. Colón Martínez y su esposa Ana María Moreda, Rivera Burgos, Santiago, Manuel Abreu Castillo (presidente del Colegio), Rodolfo Cruz Contreras, Julia Carmen Marchand, Consuelo Burgos, Priscilla Curet, Benigno Pacheco Tizol, Marcos Ramírez y Jenaro Marchand.

El viaje de esta delegación no provocó titulares en la prensa. Pero llamó la atención de la Policía, que durante esa época vigilaba y espiaba a los partidarios de la independencia.

“En la carpeta de la Sección de Inteligencia de la Policía de Julia Carmen, aparece una nota de que el 27 de agosto a las 3:00 p.m., en un vuelo de la Pan American, una delegación del Colegio de Abogados iba a una concentración comunista en Washington, D. C.”, apuntó Santiago.

Cada miembro de la delegación pagó su pasaje y estadía. El grupo se alojó en el conocido hotel Mayflower, en el corazón de la capital federal.

“Llegué con una emoción tremenda porque sabía de antemano que era un evento único en los Estados Unidos. Nos quedamos al margen para ver pasar la marcha y era inmensa la emoción al ver cientos de miles de mujeres y hombres marchando. Me dediqué a mirarles las caras. Eran unas caras extraordinarias, donde se reflejaba el dolor del prejuicio, pero a la vez transmitían una fuerza, una energía y una seguridad de que iban a triunfar”, relató Rivera sobre los manifestantes que marchaban entonando la canción de protesta “We shall overcome” (Venceremos).

Una vez congregados los manifestantes frente al monumento de Lincoln, Pacheco Tizol se separó del grupo para acercarse a la tarima y lograr de forma inesperada la invitación para que el entonces presidente del Colegio se dirigiera a los 250,000 manifestantes por espacio de un minuto. Pacheco Tizol logró que Abreu Castillo ofreciera el saludo tras conversar con un excompañero de estudios de la Howard University que se encontraba en la tarima.

“Nos reímos cuando él nos dijo que el presidente iba a ofrecer un saludo, pero media hora después lo escuchamos. Aquellas 250,000 personas aplaudieron. Si entendieron no estoy seguro, pero lo aplaudieron”, contó Santiago.

Pero más allá de participar en la marcha, el grupo de abogados atestiguó una página importante en la historia de la lucha por los derechos civiles. La presión generada por la protesta -en la que participaron los cantantes Bob Dylan y Joan Báez- contribuyó a la aprobación de la Ley de Derechos Civiles en el 1964. Un año después, se aprobó la Ley de Igualdad en el Empleo para los negros. “(La marcha) ya lo saca (a King) del gueto de lo negro y lo convierte en un líder a nivel nacional”, apuntó Santiago. En enero de 1964, la revista Time lo declara como el “Hombre del Año” y en el 1965 recibe el premio Nobel de la Paz. “Después del premio Nobel, King empieza a interesarse en temas que no había desarrollado en su campaña en defensa de la clase negra en los Estados Unidos. Empieza a interesarse en temas de la Guerra de Vietnam, en las invasiones de Estados Unidos en territorio extranjero”, apuntó Colón Martínez. Con esta nueva conciencia, inician sus denuncias contra el imperialismo norteamericano y el daño que las políticas de este país estaba causando en Latinoamérica y Puerto Rico.

“Cuando da ese giro en la temática y el activismo y empieza a unirse a las campañas en contra de la Guerra de Vietnam, la opinión pública se vuelca en su contra. Esto lo convierte en una figura mucho más objetable para el Gobierno de Estados Unidos que empieza a seguirlo”, subrayó Colón Martínez.

Ese cambio de postura, según los abogados, selló su muerte. King fue asesinado en Memphis, Tennessee, el 4 de abril de 1968. Tenía 39 años.

“Creo que lo que causó la muerte de King no fue su lucha en defensa de los negros, sino su intervención activa en la denuncia del imperialismo norteamericano”, indicó Colón Martínez.

“Él llegó a decir que Estados Unidos era el exportador más grande de la violencia en el mundo”, agregó Santiago.

Proyecto inconcluso

Pese a sus conquistas, el pastor bautista, que utilizó la resistencia pacífica como método de lucha, no logró arrancar de raíz el racismo de la sociedad norteamérica.

Esa discrimen afloró (y se mantiene) durante la contienda electoral que llevó al presidente Barack Obama a convertirse en el primer negro que regenta los destinos de los Estados Unidos. Apareció una caricatura de Obama con rostro de mono y, entre otros ataques, los grupos fundamentalistas de la derecha cuestionan su lugar de nacimiento y lo declaran un gobernante ilegítimo.

Ese racismo, de acuerdo con Santiago, se observa también en el surgimiento del Tea Party y la aprobación de leyes antiimigrantes como ocurrió en Arizona, estado donde se produjo el ataque contra la senadora Gabrielle Giffords, que dejó a la política y a otras 12 personas heridas y seis muertos.

Cuatro décadas después de la muerte de King, sin embargo, su pensamiento sigue vigente. Su propuesta de resistencia pacífica influenció la lucha de los puertorriqueños por sacar a la Marina de Vieques, observó Rivera.

Precisamente esa filosofía ofrece hoy un camino para retomar el sueño inconcluso de King.

“La lucha por los derechos humanos es una lucha permanente. En ese sentido, hay que honrar la memoria de King, porque abrió brechas profundas en la sociedad norteamericana a pesar de todo lo que ocurre en este momento”, señaló Colón Martínez.

En su análisis, notó que los cambios en Estados Unidos surgieron por la presión y no por un acto de conciencia nacional sobre los problemas del prejuicio racial. Por ello, todavía quedan vestigios de discrimen por razón de raza y de clase en ese país.

“Hay que afirmar la personalidad de King. Hay que afirmar el valor de la lucha de King, porque es la única manera de confrontar ese régimen”, concluyó Colón Martínez.


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