La socióloga y economista Marcia Rivera Hernández (semisquare-x3)
La socióloga y economista Marcia Rivera Hernández. (Suministrada)

Desde pequeña fue zurciendo su ser con hilos robustos de valentía, arrojo y determinación. Fue juntando pasos, momentos, sensaciones, sabores, amores y dolores para construir lo que es hoy: una mujer de convicciones firmes, de pensamientos profundos y de una visión simple de la vida.

Marcia Rivera Hernández se define como una persona alternativa, que puede vivir en cualquier país, pero sin desvincularse jamás de su tierra y de los suyos.

“No es necesario trabajar para acumular dinero para tener cosas. Yo me salí de esa lógica desde la adolescencia”, dijo esta mujer, que ama la gastronomía, el diseño de espacios y coser, algo que aprendió desde los 8 años y bajo la mirada de su abuela Merenciana, que en la época de la industria de la aguja hilvanó un exitoso taller de costura, calado y bordado.

¿Qué es para usted el dinero?

—Nunca ha sido para mí algo con lo cual tenga que hacer cosas que no quiero hacer. He aprendido a desarrollar una ética y una estética de la austeridad.

Rivera es socióloga, economista y una gran investigadora, de esas que escudriña todo, lo que le compete y lo que no está bajo el rango de su expertise. Es también feminista, madre y abuela.

En varias etapas de su vida, ha vivido en América Latina y ahí acumuló grandes experiencias.

Desde el 2005, reside en Uruguay junto a su esposo por 20 años, Luis Yarzábal, un investigador científico que con el cambio de las fuerzas políticas tras la victoria del Frente Amplio, fue convocado a presidir el Consejo General de Educación de su país.

“He encontrado una manera de ser feliz, de estar bien, de gozar la vida desde una lógica que no es la del capitalismo. No es tampoco la idolatrización de la pobreza”, dijo a El Nuevo Día, en una extensa entrevista en la que advirtió que se está formando un nuevo movimiento político para combatir la “partidocracia que ha reinado”.

Si algo detonó su yo interno fue cuando dirigía el Centro de Estudios de la Realidad Puertorriqueña en la década de los 80. Como muchos, sufrió persecución y el carpeteo ilegal que se hacía contra ciudadanos por razones ideológicas, uno de los momentos más siniestros de nuestra historia.

Pero a finales de esa década, la vida le abrió una ventana refrescante, cuando asumió el cargo de secretaria general del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, en Buenos Aires, Argentina.

Fue importante y le inyectó grandes vivencias.

“Haber vivido en América Latina me dio el poder ver cómo la gente hace tanto con tan poco y nosotros hacemos tan poco con tanto. A mí me ha impactado mucho... Tenemos una crisis que estaba prevista, era anunciada. Yo misma releo los artículos que escribí en la década de los 80 y estaba todo dicho e investigado. La debacle venía cantada”, sentenció.

¿Hay muchos responsables?

—Hay muchos, pero creo que el país, la gente, ha estado secuestrada por una partidocracia... La cultura política es tan degenerada y lo han hecho los dos partidos. Esa forma de caciquismo político de barrio sigue intacta. Los resultados de las elecciones pasadas muestran con nitidez la insatisfacción que tiene el pueblo.

¿Una nueva camada de electores contra la partidocracia?

—Llevo analizando elecciones desde 1968. Para mí es claro que el PPD (Partido Popular Democrático) perdió la base, particularmente su juventud.

¿Qué implica para el PPD seguir con el mismo discurso?

—En 1988, el PPD cumplió 50 años y en ese momento me quedó claro que tenía que cambiar de estrategia porque el proyecto de país se había agotado. Pasaron 30 años más y siguen en las mismas. ¿Qué interés puede tener para un joven votar por un partido que ni siquiera se ha planteado cuál es el nuevo país que queremos?

¿Qué significa para usted la negación a estas alturas del liderato del PPD a abrirse a grupos como son los soberanistas?

—Si fuéramos a analizar como una enfermedad la partidocracia, puede dividirse en dos síndromes: una senilidad en el PPD... Después de todas las decisiones en el ámbito federal en los últimos tres años, todavía siguen hablando de que hay un pacto con Estados Unidos. ¿Pacto de qué?

¿No es irónico?

—Es que están desenfocados.

¿Y el segundo síndrome?

—En el PNP (Partido Nuevo Progresista) tenemos, a la inversa, una demencia juvenil por falta de experiencia y de cultura. Una demencia por hablar sin investigar, sin documentar. Realmente lo que está viviendo el país es una esquizofrenia entre la demencia juvenil y la senilidad de los otros.

¿Qué hacemos como país?

—Puerto Rico tiene capacidades para ser un país próspero. Tenemos un desperdicio permanente de nuestros recursos humanos.

Ahora más con la migración...

—Claro, ¿cómo no se van a ir? La política ha sido secuestrada por los oportunistas y los vividores. Hemos tenido gobiernos de impericia... El PNP cree que basta con decirle a la gente que queremos la estadidad. ¿Cómo va a ser la vida en la estadidad?

Los estadistas hablan de equidad y más ayudas federales...

¿Un estado de welfare es lo que queremos? ¿Dónde quedó el elemento de dignidad humana?

Hay un elemento de dignidad, pero hay gente que lo perdió todo por el momento histórico que vivimos y tener un ingreso para su familia es lo principal...

—Convenientemente a esa partidocracia anexionista le conviene que haya muchos pobres.

¿Por qué?

—En la crisis del 2008, Estados Unidos salvó a los bancos y en la crisis de Puerto Rico, miles de personas perdieron las hipotecas... Puerto Rico no hizo una sola gestión ni con la Reserva Federal ni con el sistema bancario para decirles: ‘muchachos, ayuden a que la gente tenga una moratoria donde paguen el 10% en los primeros 3 meses y se postergue la deuda por un año’. Eso no le cuesta nada a nadie. ¿Por qué no hicieron eso? Porque les interesa que pierdan su casa y así poder demostrar que la gente es pobre y que van a necesitar la estadidad.

¿Somos un país pobre?

—Puerto Rico es hoy uno de los países más pobres de América Latina en términos de la tasa de personas viviendo bajo el nivel de pobreza. No se ha hecho un estudio completo y cabal, que hay que hacerlo... La economía tiene un gran sector informal que está compuesto de gente que hace un trabajo legal, pero sin permisos porque es una burocracia terrible.

¿Hay estimado de cuántos?

—Hice un estudio en el 2007 y nada más que en las 686 comunidades (especiales) que hay, habían 6,000 negocios que no tenían permisos, que actuaban fuera del ámbito de la economía formal sin los permisos. Podemos hacer un estimado de que debe haber cerca de 20,000 negocios que operan sin estar en el mercado formal.

¿Cuál es la opción?

—La propuesta que hice en ese momento y que la sostengo al día de hoy: identificarlos y conceder una ley de amnistía para esos negocios, de manera que en tres años puedan completar todos los permisos y que operen bajo la ley. Segundo, enfocar los programas de formación empresarial en esa gente que ya se arriesgó a tener un negocio y que funciona.

¿Lo que propone es no ver ese negocio como evasor contributivo, sino como un potencial contribuyente y ayudarlo a que se integre en el sistema?

—No es declararle la guerra, sino declararse una amnistía, darles apoyo técnico y fuentes de financiamiento a bajos intereses. Tenemos que hacer un cambio de mirada. Segundo, diversificar la economía y meternos en la cabeza que un país que no produce, no es viable. Hay que producir, bienes o servicios, todo el mundo.

Por ejemplo, Rivera habló del turismo más allá de los hoteles de cinco o seis estrellas. Un turismo rural, ecológico, de gastronomía es como único vamos a ir cerrando la brecha de la desigualdad, dijo. Diversificar fuentes de energía igual debe estar en ese plan de país.

“Que Puerto Rico sea el país más desigual de toda América Latina me vuelca el alma”, insistió, tras recalcar que a nivel mundial, según el Índice de Desarrollo Humano, ocupamos el tercer lugar.

¿Qué positivos le da al gobierno de Ricardo Rosselló?

—Francamente y dolorosamente lo digo, me cuesta encontrar algo positivo... Lo que más que me ha dolido y me preocupa es la sumisión hacia el presidente de Estados Unidos, una persona evaluada, incluso por un equipo de psiquiatras estadounidenses, como alguien que no tiene la capacidad para estar en el cargo. Siempre estamos luciendo de perro faldero con sus antojos.

¿No es un positivo que el gobernador o el presidente del Senado esténenfrentando a la Junta de Supervisión Fiscal?

—¿Sabes cuál es la palabra que usaría? Es un divertimento. Palabra italiana.

¿Por qué?

—Porque es pose. Si hubieran cuestionado de verdad a la Junta, la Legislatura hubiera aprobado un primer proyecto: ‘no vamos a autorizar ningún desembolso para que la Junta opere’. Sí le aprobaron el presupuesto de la Junta. Es un divertimento.

¿Es una postura hipócrita?

—Es una fachada. Aquí, si hubiera habido dignidad de país para decir que no se puede aceptar esta imposición colonial y, como anexionistas, reclamar trato igual, lo primero que debieron hacer fue renunciar todos: gobernador, los legisladores, los jueces. Eso hubiera sido una posición digna.

¿Hubiera tenido un efecto más poderoso?

—No sé, pero te aseguro que en el mundo entero se hubiera cubierto la noticia: que Puerto Rico es una colonia donde no hay trato igual.

¿Pero la estrategia no será porque se necesitan fondos federales para reconstruir el país?

—Si de verdad el problema es de financiamiento para reconstruir el país y Puerto Rico se pone los pantalones grandes y le dice al mundo: ‘nosotros necesitamos ayuda’, la ayuda aparece.

El desarrollo por el que apuesta, ¿cuán real es y cuánto tiempo nos tardaríamos en llegar?

—En las últimas elecciones tuvimos una proporción importante de la gente que dijo: ‘no voto y, si voto, es por candidatura independiente’. Eso para mí marcó ya el quiebre del sistema político partidista que hemos conocido. No tienen como recuperarse los partidos tradicionales.

Y esa es la base de todo...

—Sí, y yo sé, porque a mí me llama mucha gente, que hay 10, 15, 20 grupos en comunidades, sectores, en distintos tipos de organizaciones, reuniéndose para ver cómo crear una nueva fuerza política... Tenemos un montón de ríos subterráneos que tienen que juntarse para hacer un río grande.

¿Llegará a desbordarse el río?

—Yo creo que para estas elecciones va a haber una nueva fuerza política... No sé qué forma va tomar, pero sé que esa alternativa va a surgir. Se está cuajando.

¿Ese movimiento que se está cuajando es el principio del fin de los partidos tradicionales?

—Yo creo que sí... La gente está viviendo con mucha ira, dolor, angustia por la fragmentación de la familia, porque los jóvenes se tienen que ir... Falta que se produzca ese momento de eclosión.

¿Todavía ese nuevo movimiento político no está maduro?

—No está maduro, pero está madurando rápidamente.

¿Tan rápido como para en dos años estar en una elección?

—Sí, y ese movimiento tiene que poner en marcha el proceso de descolonización y autodeterminación. Yo tengo esperanzas.

¿Qué le dice a los líderes del PPD que siguen en la negación de que somos una colonia?

—Que no tienen alternativa. Ahí está la divinidad del pensamiento.


💬Ver 0 comentarios