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Oscar López Rivera indicó que su adaptación a la vida fuera de la cárcel, en este primer año en libertad, le ha costado menos de los que esperaba. (GFR Media) (Archivo / [email protected])

Washington - Un año después de que el presidente Barack Obama le conmutara la sentencia, el ex prisionero político Oscar López Rivera afirmó que no fue hasta varios días después de conocer la decisión del entonces inquilino de la Casa Blanca que aceptó como un hecho que su liberación era inminente.

“Estaba preparado para pasar el resto de mi vida preso. Fue un momento estremecedor”, dijo López Rivera, en una entrevista telefónica desde Las Marías.

Después de una larga campaña multisectorial que tuvo eco a nivel internacional y a menos de 72 horas de dejar la Casa Blanca, el presidente Obama le conmutó la sentencia a López Rivera el pasado 17 de enero de 2017, y fue efectiva cuatro meses después. El Negociado de Prisiones permitió su retorno a Puerto Rico el 9 de febrero bajo arresto domiciliario, hasta la extinción de su sentencia.

López Rivera cumplió 36 años de cárcel tras ser convicto principalmente de sedición –conspiración para derrocar el gobierno de EE.UU.- debido a su militancia en las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN).

Desde el 9 de febrero, vive con su única hija, en Santurce. “Creía que me iba a tardar un poco más en adaptarme (a la vida fuera de la cárcel). En la calle, la gente me recibe con cariño. Quiero reciprocar ese respeto”, sostuvo López Rivera, quien el pasado Día de Reyes cumplió 75 años. Fue su primer cumpleaños fuera de prisión desde 1981.

Ha dependido económicamente, dijo, de los ahorros que tenía por el trabajo que realizó en la prisión como maestro de pintura. Apenas comenzaba conversatorios en Puerto Rico para promover la descolonización, cuando el huracán María devastó la isla.

López Rivera estaba en Filadelfia (Pensilvania), como parte de un periplo por comunidades de la diáspora. Su pasaje de regreso era para el 21 de septiembre de 2017. No pudo retornar a San Juan hasta nueve días después.

Solo llegó a tener un conversatorio en la isla previo al huracán. “El 20 de enero, en Ponce, vamos a llevar a cabo el que iba a tener el 30 de septiembre”, dijo, al hablar de los diálogos que ha querido centrar en el debate sobre la descolonización de Puerto Rico.

Para López Rivera, no hay cómo justificar que, cuatro meses después del huracán, casi el 40% de la población esté sin suministro de electricidad. “Ha sido dolorosa la respuesta del gobierno. Ver cómo se ha tratado al pobre y al marginado. La pobreza en Puerto Rico estaba bien escondida, y María ha hecho que se vea”, dijo.

López Rivera afirmó que ha trabajado en una decena de comunidades y barrios para ayudar con la recuperación del país. Durante el pasado fin de semana, estuvo en Las Marías, donde la comunidad reconstruye una antigua escuela.

Hace unos días, se vio involucrado una controversia cuando se informó que ha abogado por el retiro de la asistencia de emergencia estadounidense para mitigar el desastre causado por el huracán. “No hablo de la ayuda. Estoy hablando del abuso, de la corrupción y de la mentira. De los contratos. Se han hecho falsas promesas”, dijo.

El ex prisionero político aludió al escándalo Whitefish y a los relatos que le hiciera el alcalde de Comerío, Josian Santiago, en el sentido de que trabajadores de empresas estadounidenses contratadas para restablecer la electricidad llegaban a su pueblo a las 10:30 a.m. y, a media tarde, se marchaban a su hotel en Humacao, ante la falta de materiales.

“Hay una diferencia entre ayuda y trabajo. Hay personas que vinieron a Puerto Rico porque se les paga un sueldo muy bueno”, afirmó, al indicar que ha visto y participado del trabajo de limpieza del pueblo de sus comunidades, en la instalación de toldos y en apoyo a brigadas médicas.

A pesar de la hostilidad que generan entre estadistas en las redes sociales sus expresiones y en ocasiones la simple mención de su nombre, López Rivera sostuvo que en la calle la gente le recibe con mucho respeto.

“(Estoy) trabajando en esta escuela, y nadie pregunta si el otro es penepé o independentista. Hay anexionistas que quieren lo mejor para Puerto Rico”, dijo en la entrevista telefónica, al insistir en que sus denuncias son “en contra de la corrupción, la mentira y el engaño, de que se le diga a un pueblo cosas que no son”.


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