Yanira Cruz Crespo labora para el Cuerpo de Vigilantes del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales, tal y como lo hizo su progenitor en sus tiempos.

Él pensó que sería policía y hasta tomó los exámenes de ingreso a la academia, pero una convocatoria del Cuerpo de Vigilantes del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) le cambió los planes.

Lee más historias ambientales

Ella, escuchándolo a diario con historias fascinantes sobre sus experiencias en cielo, mar y tierra, empezó a interesarse en seguirle los pasos.

Así, Daniel Cruz Lorenzo y Yanira Cruz Crespo, padre e hija, se unieron al organismo que ejerce como guardia y custodio de los recursos naturales en la isla. Él integró la tercera academia de vigilantes en 1980 y ella, la décima en 2004.

Él se jubiló hace cuatro años y medio como capitán de la unidad marítima en la región de Arecibo. Ella ejerce como educadora de la unidad terrestre en la región de Aguadilla.

“Mientras crecía, me empezó a gustar lo que mi papá hacía en el Cuerpo de Vigilantes. Desde los 11 años, cuando mi papá llegaba a la casa, lo ayudaba a lavar los vehículos oficiales y con eso ya me sentía parte de la agencia (DRNA). Así empezó mi pasión por los recursos naturales”, relata Cruz Crespo.

Cruz Lorenzo añade que, desde pequeña, su hija siempre estuvo interesada en las historias sobre su trabajo que iban desde intervenciones con ciudadanos y radicaciones de querellas hasta rescates de animales. Aparte de eso, quería guiar los vehículos oficiales y hacer sonar la sirena.

“Como padre, no hay mayor orgullo que una hija quiera seguir tus pasos. Me llenó de mucha satisfacción y alegría saber que mi hija también quería estar en el Cuerpo de Vigilantes. Le dije que es una gran profesión”, afirma.

“Desde los 11 años, cuando mi papá llegaba a la casa, lo ayudaba a lavar los vehículos oficiales y con eso ya me sentía parte de la agencia”, relató Yanira Cruz Crespo. (Gerald López Cepero)

Respeto, ante todo

Padre e hija cuentan que, aunque coincidieron por espacio de ocho años en el Cuerpo de Vigilantes, “juntos como tal” solo trabajaron uno 12 meses.

“Yo era capitán cuando ella llegó a trabajar en la unidad terrestre. Su supervisor directo era un sargento y tenía otros tres jefes antes que yo, pero observaba de cerca de sus acciones y lo bien que trabajaba para el DRNA”, dice Cruz Lorenzo con notable orgullo.

Pero Cruz Crespo resalta que “la que se sentía orgullosa de trabajar con él era yo, porque sabía la clase de labor que realiza. Aunque no me supervisaba, mi papá era un jefe más en la oficina y tenerlo allí era una oportunidad para aprender y sacarle el máximo provecho”.

Ambos manifiestan que, durante el tiempo juntos, su relación laboral se basó en el respeto inculcado en el hogar. Ejemplo de ello, recalcan, es que ningún compañero presentó quejas de favoritismo u otra índole.

"Lo mejor" 

En retrospectiva, Cruz Lorenzo recuerda que, recién iniciándose como vigilante, guiaba a un grupo en un recorrido por el bosque de Guajataca, en Isabela, y una niña no soltó su mano en dos horas.

“Ya era padre de dos de mis tres hijas en ese momento y la experiencia me hizo sentir bien. La niña se sintió más segura en mis manos que en los de sus padres, que también estaban en el recorrido. Recuerdo esta anécdota ahora y la veo como una señal de lo que me deparaba la vida con Yanira”, dice.

Pero ella no titubea y también asegura que integrar el Cuerpo de Vigilantes estaba en su destino.

“Nací el mismo año que se aprobó la ley del Cuerpo de Vigilantes. Hace como tres años, luego de terminar de dar una conferencia en una escuela que visitamos, una niña se me acercó, me pidió un abrazo y me dijo que quería ser como yo. Fue muy emotivo que, aunque tengo mis tres hijas, otras niñas quieran seguir mis pasos”, relata Cruz Crespo.

Indica, de paso, que su hija menor, de 10 años, siempre está pendiente de su trabajo, al igual que lo estaba ella con su padre.

“A cado rato me dice: ‘me gusta mucho lo que haces’. Está bien interesada en la protección de los recursos naturales y, cada vez que puede, me visita en la oficina. Yo creo que también va a ser vigilante”, asevera.

En ocasión del Día de los Padres, Cruz Lorenzo y Cruz Crespo coinciden en que haber trabajado juntos, en lo que les apasiona a ambos, “fue una bendición”, y aprovechan para exhortar a quienes pueden estar en su misma situación a seguir adelante con sus aspiraciones.


💬Ver 0 comentarios