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El puente Graulau colapsó por el azote del ciclón

Todavía no tienen ni agua ni luz, pero para los vecinos de los sectores 315, Graulau y Adrián Torres, en Utuado, la inauguración del puente sobre el río Grande de Arecibo, que les devuelve la conexión vial es un alivio a las complicaciones cotidianas que tienen desde que el huracán María azotó hace casi seis meses.

Sin ese puente, por ejemplo, los dos hijos de Mildred Santiago tenían que madrugar para cruzar a pie el río todas las mañanas para poder llegar a la universidad.

A falta de ese conector, las compras, las medicinas y hasta los recipientes con combustible para las plantas eléctricas tenían que pasarse por una especie de “zip line” que se inventaron los vecinos para poder trasladar sus abastecimientos desde la carretera 123, que es la principal, hasta el otro lado del río donde está la comunidad.

El gobernador Ricardo Rosselló Nevares inauguró ayer junto al secretario del Transportación y Obras Públicas, Carlos Contreras Aponte, un puente nuevo en el sector Graulau en el barrio utuadeño de Río Abajo porque la fuerza del río, provocada por la lluvia que trajo el huracán, se llevó la estructura anterior.

El puente se construyó a un costo de $4.27 millones, que se cubrió con una asignación de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) y la Administración Federal de Carreteras, indicó el secretario del DTOP.

“La comunidad de Río Abajo ejemplificó la devastación que dejó el huracán María en nuestra isla”, señaló el Primer Ejecutivo. “Reconocemos las angustias que han pasado y por eso me llena de emoción estar aquí hoy con ustedes e inaugurar este nuevo puente”, añadió.

Sin embargo, la pesadumbre de los residentes de este sector, que muy agradecidos estrenaban el puente, no ha pasado. Todavía no tienen agua potable, por lo que se abastecen de un manantial para hacer tareas de limpieza y mantener los baños, pero no la pueden beber porque puede afectar su salud.

Los residentes del sector Grolau celebraron la apertura del puente.
Los residentes del sector Grolau celebraron la apertura del puente. (Gerald López Cepero)

Tampoco tienen servicio de energía eléctrica, lo que es una batalla diaria para preservar alimentos medicamentos y suministrarse terapias para condiciones crónicas que padecen algunos residentes.

“La luz aquí, no es un lujo es una necesidad”, expresó Santiago, quien ha visto despoblarse el barrio ante esas circunstancias.

De 150 residentes que había en la comunidad, quedan entre 75 a 80, estimó esta vecina. Santiago sabe que cuando regrese la energía eléctrica y el agua algunos residentes volverán, aunque otros emigraron del país.

Las personas que han quedado han desarrollado tan fuertes lazos en la comunidad que a juicio de Santiago “en esa parte ha sido bello, bello” , lo que sus nuevas circunstancias les han dejado.

De hecho, el Gobernador alabó ayer el espíritu de resistencia de esta comunidad y dijo que se sintió orgulloso “al poder demostrar (a una delegación de Congresistas que lo acompañó durante su primera visita a esta comunidad)  la inventiva de los puertorriqueños que, a pesar de la desgracia, no se amilanaron”.


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