El doctor Pablo Rodríguez Ortiz señala la importancia y las deficiencias del hospital que dirige en Centro Médico.

Largas esperas, falta de médicos y facilidades deterioradas mantienen al Hospital de Trauma del Centro Médico, en Río Piedras, en estado de emergencia, lo que afecta adversamente la atención a sus pacientes, y mantiene viva la incertidumbre de si el hospital podrá atender futuros desastres naturales o catástrofes.

“En Puerto Rico, un paciente se tarda unas seis horas en llegar a Trauma”, confesó Pablo Rodríguez, director médico de dicho hospital, el único en su clase que sirve a Puerto Rico y todo el Caribe, y a donde llegan las personas que, tras un accidente de proporciones mayores, se debaten entre la vida y la muerte.

Rodríguez admitió que no le sorprendería si lo mismo sucede con pacientes de emergencia. “Aquí hay muchas ambulancias que, en realidad, son un taxi con sirena”, confesó el director médico.

Rodríguez está consciente de las quejas en torno al tiempo de espera de los pacientes para recibir servicios. Los cuentos de heridos que aguardan días para ser intervenidos son cosa común.

El galeno explicó que a diferencia de otras instalaciones hospitalarias, el Centro de Trauma no puede negarse a recibir un paciente que requiera servicios. Indicó que los protocolos requieren otorgar prioridad a los pacientes más comprometidos, mientras se estabilizan aquellos con traumas menos severos.

Siete cirujanos

Al presente, Trauma cuenta con cinco cirujanos a tiempo completo y dos a tiempo parcial para una población de unos 3.4 millones de personas. Los cirujanos a tiempo completo, sin embargo, están cercanos a la edad de jubilación.

No obstante, la clave para sobrevivir a un trauma físico -aparte de la capacidad de los recursos que atienden al paciente- es el tiempo en que un lesionado recibe tratamiento. En ese asunto, admitió Rodríguez, las personas en Puerto Rico llevan las de perder.

El estándar de cuidado para trauma que se requiere en Estados Unidos, y al que está sujeto Puerto Rico, es que un paciente llegue a las manos del traumatólogo en un plazo aproximado de una hora.

“En Puerto Rico, un paciente se tarda unas seis horas en llegar a Trauma”, admitió Rodríguez.

Pero la crítica situación que encara el Hospital de Trauma va más allá del tiempo de espera. La construcción y habilitación de un Centro de Trauma en Puerto Rico, a la luz de los estándares y protocolos vigentes, parece cobrar más importancia después del paso del huracán María, por lo que Rodríguez entiende que el asunto debió figurar entre las prioridades del gobierno.

Un estudio preparado por el Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico advierte que en caso de un terremoto, el Hospital de Trauma podría quedar parcialmente inoperante. Pese a que ese estudio fue preparado hace tres años, aún no se han tomado medidas correctivas.

Además, el proyecto de reconstrucción de Puerto Rico -que según el gobierno requiere una inyección de $134,000 millones- no menciona la posibilidad construir un nuevo Hospital de Trauma que dote a la isla de un sistema de respuesta de salud adecuado, aunque el gobierno indicó ayer que los documentos sobre esos planes no contienen detalles específicos.

En Puerto Rico, la mayor parte de la gente que muere antes de los 44 años, es decir en plena edad productiva, pierden la vida por condiciones que nadie anticipó: un accidente de auto, una herida de bala, una caída del techo de la residencia o un accidente cerebro vascular mayor.

“Aquí luchamos cada día contra la muerte”, indica Rodríguez, quien lleva 20 años dirigiendo el hospital.

Rodríguez conversó con El Nuevo Día mientras personal del hospital prestaba atenciones a seis pacientes en la Unidad Estabilizadora de la instalación (casi la mitad de las camas disponibles en esa parte) y con casi la totalidad de las camas ocupadas en el área de intensivo del mismo hospital. Otras 52 camas ubican en lo que podría describirse como el área de convalecencia antes del alta.

En una de las salas de operaciones, el ortopeda Luis F. Lojo-Sojo y un equipo de unas cinco personas, se aprestaban a intervenir a un hombre joven, de cuya pierna izquierda brotaba una especie de armazón plateado. El aparato, conocido como fijador, sería reemplazado por placas para, de esa forma, atender una fractura de la tibia, el hueso principal de la pierna.

Cada año, el Centro de Trauma recibe 3,000 pacientes, o el equivalente a ocho pacientes por día, una jornada en la que cada minuto cuenta. De esos pacientes, unos 1,500 terminan admitidos, lo que supone horas y hasta semanas, de cuidado agudo, cuidados intensivos y de adaptación hasta el día del alta, si sobreviven. Nueve de cada 10 pacientes son hombres y completan la decena pacientes pediátricos menores de 15 años.

Cada vez que un paciente entra por la puerta del Hospital de Trauma, se activa un contingente de profesionales, y se emplean todo tipo de recursos y equipos que se traducen en una factura de $2,200 por día. En el mejor de los casos, el hospital apenas recupera de las aseguradoras un aproximado de $950.

No es la primera vez que Rodríguez subraya la necesidad de fortalecer los servicios y protocolos asociados con el manejo de lesiones de trauma en la isla. El año pasado, a través de este diario, el galeno destacó la necesidad de otorgar independencia a la institución hospitalaria, y, hace tres años, destacó la urgencia de fortalecer la única instalación de su tipo en Puerto Rico y la región caribeña.

La resaca de María

Según Rodríguez, cuando el huracán María azotaba a Puerto Rico, el Hospital de Trauma se mantuvo en funcionamiento por la infraestructurade generadores que posee la Administración de Servicios Médicos (ASEM). En esencia, explicó el galeno, a pesar de que en el Centro Médico faltó la electricidad y el agua por momentos, el equipo de cirujanos, subespecialistas, enfermería y técnicos, estuvo listo para atender los casos que llegaran, lo que no sucedió.

“Eso fue una buena noticia porque significa que la gente tomó las precauciones, que entendió las llamadas de alerta que hizo el gobierno y se resguardó”, dijo Rodríguez.

Sin embargo, unas tres semanas más tarde, cuando los vientos y la lluvia del huracán María cesaron, el Hospital de Trauma recibió una ola de pacientes politraumatizados. Tres semanas después del azote de María, el número de admisiones aumentó en 64%.

De acuerdo con Rodríguez, los datos compilados demuestran además que, varias semanas después del huracán, llegaron menos heridos de bala o por objetos punzantes. Sin embargo, aumentaron los pacientes con caídas que necesitaron los cuidados especiales del Hospital de Trauma, ubicándose en casi 22%, una cifra no vista en años anteriores. Entre los años 2002 al 2012, el número de casos atendidos por caídas se ubicó en 15.6%.

“¿Por qué pasa eso? Porque luego de que pasa el huracán es que la gente se sube a los techos o comienza con las tareas de recuperación y reparación de daños”, explicó Rodríguez.

Antes de María, el Hospital de Trauma estuvo ocupado atendiendo entre cinco y seis pacientes que resultaron con traumas severos como resultado del huracán Irma en las Antillas cercanas y que fueron trasladados a Puerto Rico, dijo Rodríguez.

Para la población en general, el Centro Médico es sinónimo de emergencia y trauma. Pero en el mundo de la salud, se trata de disciplinas distintas que requieren protocolos y recursos distintos.

Según Rodríguez, en la unidad bajo su dirección no se produjeron muertes directamente relacionadas al huracán María y en circunstancias regulares, aunque los pacientes que atiende el Hospital de Trauma de Puerto Rico encaran situaciones más severas que a nivel de Estados Unidos, el número de decesos es similar a las tasas de mortalidad en hospitales de trauma en el continente.

Nuevo protocolo

Si bien el Hospital de Trauma de Puerto Rico posee una designación estatal como una instalación “Nivel 1”, según Rodríguez, la mejor forma de asegurar que en Puerto Rico la gente tenga el cuidado de trauma que necesita es recibir esa acreditación por parte del Colegio Americano de Cirujanos (ACS, en inglés).

Para lograr eso, sin embargo, Puerto Rico necesitaría un protocolo efectivo que asegure que el paciente llega a tiempo al hospital que podría salvarle la vida.

“Si hay un protocolo y no está basado en sentido común, está mal hecho”, dijo Rodríguez. “Ese protocolo queindica que un paciente se lleva al hospital más cercano y no al más adecuado, le ha costado vida a la gente y seguirá costando vidas hasta que no hagamos nada”, expresó.

Lo segundo que se necesitaría para una acreditación “Nivel 1” y sobre todo, algo que las víctimas de una lesión por trauma en Puerto Rico no tienen, es acceso a cuidado de rehabilitación cuando se trata de lesiones en el tallocerebral o el cordón espinal.

“En Puerto Rico, tenemos que mejorar la rehabilitación. Ahora mismo, no hay una institución que maneje lo que se conoce como lesiones traumáticas severas o que tienen lesión al cordón espinal”, dijo Rodríguez. “La gente que tiene algún tipo de capacidad económica o que tiene un plan especial viaja a Estados Unidos. En Puerto Rico, no hay ninguna institución para prestar ese servicio”, destacó.

Plan de recuperación

“María nos ha dejado saber que tenemos que prepararnos”, dijo Rodríguez, al agregar que ha tocado a la puerta de La Fortaleza y la comisaría residente con la expectativa de que Puerto Rico se mueva a obtener una acreditación vigente en Estados Unidos desde hace 30 años.

El galeno sostuvo que Puerto Rico necesita un mejor sistema de respuesta en emergencias y trauma, incluyendo una nueva instalación para esos servicios, tanto para responder a otros desastres naturales como podría ser un terremoto u otros eventos como un accidente aéreo o una explosión de grandes proporciones como fueron el caso de Capeco y la explosión de Río Piedras.

Sin embargo, el plan de recuperación del gobierno en materia de salud no hace mención alguna de cómo mejorar el funcionamiento de sus componentes de salud en situaciones de emergencias y traumas, salvo en lo que atañe al sistema 9-1-1, mejorar la comunicación entre hospitales, asegurar el suministro de medicamentos y hacer inversiones para que las instituciones hospitalarias y clínicas no carezcan de electricidad en el siguiente desastre.

El documento “Build Back Better Puerto Rico”, por ejemplo, destaca que se necesitarían $14,946 millones para el sector de salud, pero de esa cifra, $11,350 millones buscan financiar la reforma de salud a través de Medicaid. La diferencia, es decir, unos $3,445 millones se utilizarían para fortalecer los sistemas eléctricos de resguardo de hospitales e instalaciones similares, y otros $142 millones serían mejoras a hospitales, en especial, para promover el uso de energía renovable.

Pero el director ejecutivo de la Oficina de Recuperación y Reconstrucción de Puerto Rico, Omar Marrero, explicó que ninguno de los documentos que detallan la recuperación y la reconstrucción de la isla, luego del azote del huracán María, ofrece detalles específicos acerca de los proyectos que se llevarán a cabo para dotar a la isla de los niveles de resiliencia que son necesarios.

“En ninguno de los documentos, se incluye una lista taxativa de los proyectos a considerarse, pero cualquier proyecto que atienda a las poblaciones vulnerables como lo es el Centro de Trauma, ciertamente es una prioridad e igualmente todo lo que tenga que ver con el sistema de salud”, indicó Marrero a El Nuevo Día.

Según Marrero, en ese sentido, el proyecto del Centro de Trauma es compatible con las prioridades del “Build Back Better Puerto Rico”, documento que el gobierno presentó al Congreso en noviembre del año pasado y también sería compatible con el Plan de Recuperación que se presentó al gobierno federal en agosto pasado.


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